MDP Archivo 2003 Dez 03
Índice
El eje de la Historia
¡¿Qué más puedo hacer?!
La humillación de Cristo (1ª parte)
Gozo de la tierra
La fe, en breve
¿Qué dice la Biblia realmente?
¿Mariposa u Obediente?
Os ha nacido el Salvador…
El eje de la Historia
Los hechos que se producen en este mundo tienen una importancia totalmente diferente, según se consideren con los “ojos” de la fe o de acuerdo con las apariencias.
El emperador romano puso a todos sus súbditos en movimiento para un censo, el que, según la Historia, ni siquiera fue terminado. Sólo tuvo efecto para lograr que José y María fueran a Belén. Los grandes de este mundo solamente cumplen, sin saberlo, la voluntad de Dios.
Lo que importaba en aquel momento no era la decisión del César, sino el hecho de que un niño naciera en Belén, según los propósitos divinos (véase Miqueas 5: 2). El Universo entero se interesó en él. No existe ser humano cuya suerte no dependa de ese “niño” y que no tenga que ver con él como salvador o como juez.
Para nosotros, pues, se trata de acercarnos a él como los pastores. Helo aquí envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Se hizo “pequeño” por mí, por usted. Nació en la más profunda humildad, lo que es prueba de un amor infinito. La gloria de Dios fue manifestada en esa humillación. El Espíritu Santo nos lleva a la presencia de este hecho maravilloso: el Señor de gloria envuelto en pañales y en un pesebre, lo cual nos hace salir del mundo de las ambiciones materiales para contemplar a Jesús, nuestro salvador.
¿Qué lugar ocupa él en mi corazón y en el suyo?
BS
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¿Cuántas veces nos hemos preguntado esto? A lo largo de nuestra vida se nos ha enseñado que tenemos que comportarnos correctamente, ser buenos, amables, respetuosos. En la vida social tanto en la escuela como en las profesiones, dar lo mejor de nosotros, poner cada día todo nuestro esfuerzo por agradar a los demás. Pero a veces cuando tratamos de hacer todo esto sentimos una carga muy pesada sobre nuestros hombros, hay días en que no queremos ni ver a las personas o estamos muy cansados. Son esos días en que quisiéramos que alguien nos fabrique un clon que se encargue de todas las cosas que tenemos que hacer nosotros ese día. Este pensamiento está tan imbuido en nuestras vidas que pensamos incluso que hasta Dios mismo espera que actuemos de esa forma con Él.
Por años la religión nos ha enseñado que tenemos que ser buenos para que Dios nos quiera, que debemos agradarle para que no nos castigue. Pero ¿sabes qué? Nada hay más alejado del pensamiento de Dios. El Señor te acepta así, tal cual eres. Con Él no necesitas ser diplomático ni mostrarle tu mejor cara, ni hacerle una sonrisa, a pesar de que te sientas mal por dentro. Dios nos ha dado a Jesucristo, su hijo, para que todos los que creemos en Él podamos acercarnos confiados al trono de Dios, ya no como creación suya, sino como hijos amados de Él, y como hijos, como “sus pequeños” como Él nos llama. Podemos ser nosotros mismos, sin disimulos sin máscaras sociales. Como cuando éramos niñitos y no nos importaba el qué dirán, que siempre le mostrábamos a nuestros padres cómo nos sentíamos, y sabíamos que de ellos íbamos a recibir siempre una sonrisa de amor y comprensión. Así podemos acercarnos y mostrarnos confiadamente a Dios que nos ama, más de lo que podemos entender.
Yo no sé como fue tu infancia, no sé tampoco si has tenido la suerte de tener unos padres amorosos, pero Dios hoy te está llamando a que vivas con Él esa experiencia de sentirte seguro y comprendido. No tienes que mostrar nada que no seas tú mismo, no debes hacer nada que no sea simplemente confiar, Jesús es nuestro amigo, nuestro hermano, gracias a Él podemos tener esta seguridad
Cierto día, estaba caminando solo por la peatonal de la ciudad de Córdoba, acababa de ver unos diarios con noticias tremendas de robos y crímenes callejeros, y de repente tomé conciencia de lo solos que estábamos y lo desprotegidos que caminábamos por las calles de una ciudad tan grande. En ese instante pasó una señora llevando entre sus brazos a un niñito que miraba a su alrededor muy confiadamente y seguro de sí mismo. Entonces sentí que Dios me estaba diciendo, hijo mío, eres tú, no estás solo, donde quiera que vayas, allí estaré contigo para guardarte, y andarás confiado como ese niño. Deja que Dios te ame, muéstrate tal cual eres, y si hay algo que cambiar en tu vida, Él sabe como hacerlo. El estar en Su presencia amorosa, por medio de Jesucristo, ya nos hace aceptables ante Él.
“De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. Jesús, en Mateo 18:3.
Hugo Alberto Díaz
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La humillación de Cristo (1ª parte)
Nota preliminar
La humillación de Cristo –es decir, Su encarnación, sufrimiento y muerte– indudablemente es la condición de Su exaltación. La humillación no puede ser la finalidad de Su aparición, sino Su exaltación. La humillación –desde la Navidad hasta el Viernes Santo– es el peldaño que sirve de sostén a la escalera de la Ascensión. Potencialmente ella incluye Su rehabilitación en la esfera celestial, la redención de la iglesia y la unificación de Cristo con Su esposa.
La “cristiandad” está –desde siempre– medio ciega en lo referente a la exaltación de Jesús. Siendo terrenal se contenta con celebrar lo visible y lo palpable. Se mitifica el nacimiento de Cristo, el pesebre, las estrellitas, los pastorcillos y los magos –agregando otros elementos como la cuadra y los animalitos, los cuales no son mencionados en la Biblia, sin darse cuenta que Su encarnación humilló tremendamente al eterno Hijo de Dios. Solemos festejar también la así llamada Semana Santa, o el Viernes Santo, sin preguntarnos por cual motivo se hace “fiesta”. Para el “cristiano medio”, el calendario de las fiestas cristianas termina con ese “Viernes Santo”, como si fuese la finalidad y el cumplimiento. A causa de esta ceguera, los “creyentes” han hinchado el mundo con crucifijos y cruces. ¡Qué distorsión del Cristo de la Biblia! ¡Qué afrenta contra el Cristo ensalzado en el cielo!
¿Y qué hacen los “cristianos” con la Pascua, la resurrección, la Ascensión y Pentecostés? No tienen ni una idea efímera de lo que podrían significar. Y menos aún cuando se mencionan el Rapto y las bodas del Cordero.
Por el momento, en la edición de este mes, seguimos únicamente los primeros pasos hacia abajo, es decir tratamos solamente la encarnación. Más adelante, en consonancia con el calendario anual, queremos hacer unas consideraciones sobre los sufrimientos, la muerte, el entierro y el descenso al Hades, para así entender mejor la exaltación de nuestro amado Señor.
Todo esto a su tiempo, si Dios lo permite.
La encarnación fue una tremenda humillación
En Filipenses 2:7 y 8 se nos dice que Cristo se despojó a Sí mismo y siendo hombre Se sujetó a las demandas y a la maldición de la ley. Son dos gigantes escalonados de humillación: Primero, puso a un lado la divina majestad de soberano Legislador y Gobernante del universo y tomó la naturaleza humana en la forma de un siervo. Segundo, no solamente se hizo obediente a la ley divina viviendo una vida justa y santa, sino como “hijo del hombre” se igualó de tal manera a la raza humana hasta identificarse –sin mancharse– con sus rebeldías y pecados, llevando en su cuerpo todas las consecuencias de tal amor.
¿Estamos conscientes del precio que pagó Jesús para que los ángeles pudieran cantar en los campos de Belén: “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:14)?
¿Quién se encarnó?
El sujeto de esa encarnación no fue el Dios trino, sino la segunda persona de la Trinidad. Considerando este aspecto no deberíamos decir que “Dios” se hizo hombre, sino –con más precisión– que el “verbo” se hizo carne. Pero consideremos que cada una de las personas divinas contribuyó activamente a la encarnación: el Padre en Hechos 2:30, el mismo Hijo –a veces revelado como “el ángel del Señor”– en Mateo 1:20 y Lucas 1:35, así como el Espíritu Santo en Lucas 1:35; y en muchos otros pasajes.
¿Por qué era necesaria la encarnación?
Nosotros, seres humanos caídos en el pecado, sabemos por la Biblia y nos parece evidente y lógico que la necesidad de la encarnación se dio por causa de nuestra caída original. Sólo un “hombre perfecto” –únicamente el Señor Jesucristo en forma humana– puede redimir a los humanos caídos. Así nos enseña la Biblia.
Me permito introducir una consideración humana, pero maravillosa sobre el amor eterno y perfecto de Dios. Estudiando las primeras páginas de la Biblia, nos parece que la calidad de la comunión en el Edén que Dios tuvo con el hombre, es decir, ese “paseo por el huerto, al aire del día” (Génesis 3:8), no podía ser el cumplimiento final del perfecto amor de Dios. Seguramente –así deducimos nosotros– desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4), Él tenía preparado su maravilloso plan de redención y unificación perfectas. “El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo una fiesta de boda a su hijo…” (Mateo 22:2). Entonces, según nos es posible vislumbrar con nuestro entendimiento limitado, un hecho tan estupendo como la encarnación no puede ser un “programa de emergencia” activado (o ideado) a causa de un accidente. La salvación ofrecida por Dios en Jesucristo tampoco se limita a restablecer la condición de antes del pecado, sino nos ofrece mucho más de lo que había en el Edén. Pero los pasajes bíblicos en apoyo de lo dicho son pocos y bastante “nebulosos” en este aspecto. Como ejemplos: Efesios 1:4-10,20-23; Efesios 5:31-32 y Colosenses 1:15-20.
Tenemos que afirmar que la Escritura presenta invariablemente la encarnación como condicionada al pecado del hombre. Lucas 19:10; Juan 3:16; Gálatas 4:4; 1Juan 3:8 y Filipenses 2:5-11.
¿Qué es lo que pasó en la encarnación?
Primero: ¿qué es lo que no pasó? Cuando el Verbo se hizo carne no dejó por esto de ser lo que había sido antes. Cristo, la persona divina no dejó de ser persona divina, aunque llegó a ser una persona humana perfecta con voluntad, cuerpo y alma (Romanos 8:3; 1Timoteo 3:16; 1Juan 4:2; 2Juan 7 y Filipenses 2:7).
Cristo llegó a ser uno de los miembros de la raza humana.
La encarnación se efectuó por medio de una concepción sobrenatural. Sólo a causa de la intervención milagrosa del Espíritu Santo –sin intervención del hombre– el “Hijo de Dios” pudo ser concebido sin herencia pecaminosa en un seno materno. Por su nacimiento virginal, Él llegó a ser –aunque era Dios– uno de los “nacidos de La mujer”, es decir, “el hijo del hombre”.
Isaías 7:14; Mateo 1:18,20; Lucas 1:34-35; Gálatas 4:4…
El hijo del hombre
La encarnación era una gran pérdida para Cristo; pero no la consideró, según Filipenses 2:6. Dejemos que la misma Palabra describa su debilidad escogida voluntariamente por nosotros: “Cristo, en los días de su vida terrena, ofreció ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que lo podía librar de la muerte, y fue oído a causa de su temor reverente. Y, aunque era Hijo (de Dios), a través del sufrimiento aprendió lo que es la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que lo obedecen” (Hebreos 5:7-9). – Señor, quiero obedecerte.
Y ¡gracias que has venido a ser hombre como nosotros (más sin pecado, Hebreos 4: 15)!
(Continuación prevista para la edición de abril)
Juan U. Kunz
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Gozo de la tierra
Gozo de la tierra, dormidito estás, serás gloria para los que bien te quieren y de gran tropiezo para los que mal. Tú serás, mi vida, luz en las tinieblas y esa fuente eterna que me saciará.
Gozo de la tierra, quitarás la mancha, todos los decretos, todo pagarás. Ahora, duerme, dulce Señor mío, que velan y te honran las huestes celestes, y cantan a coro ¡Oh, Dios Omnipotente!
Gozo de la tierra, en pesebre duermes. Y mientras tú duermes en quietud serena, todos se preguntan con asombro y miedo: ¿Quién será ese niño? ¿De dónde ha venido? Tu Cordero Santo, el Verbo, el Ungido.
Gozo de la tierra, Redentor del hombre. ¡Qué tiemblen las sombras que herirlas puedes, pues, eres la espada que vence la muerte! Mientras, allí dormidito, la creación se inclina para ver tu santo rostro y besar tu frente.
Isabel Martínez
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La fe, en breve
1. Hay un solo Dios que ha creado todo cuanto existe.
2. Dios hizo al hombre a Su imagen con la finalidad de amarlo. Por lo tanto, Dios te ama también a ti, estimado lector, y tiene un propósito maravilloso y eterno para ti.
3. A causa del pecado original y por la propia desobediencia, tú –igual que todo ser humano– eres pecador. El pecador no puede gozar de la presencia de Dios en el Cielo, sino que merece ser arrojado para siempre al infierno.
4. Dios te llama al arrepentimiento, es decir, a honrarle a él, a reconocerte culpable y a dejar de confiar en tu propia bondad. Él también te invita a tener fe en la buena noticia del Evangelio.
5. La buena noticia es que Dios ha tenido misericordia de los pecadores, y ha enviado a su Hijo (Jesucristo) al mundo para dar su vida en rescate por muchos, mediante su muerte en la cruz.
6. Si quieres recibir el perdón y la vida eterna, querido lector, es necesario que en oración te comuniques tú mismo con el Señor Jesucristo, entregándole tu vida, para que él sea tu jefe, y que –sin merecerlo– aceptes el regalo del perdón y de la vida eterna.
7. Asegura tu nueva certeza escudriñando cuanto afirma la Biblia sobre tu salvación por la gracia. Da gracias continuadamente a tu nuevo Señor. Busca también la comunión con otros creyentes y comparte tu fe con todas las demás personas.
8. Mantente despierto espiritualmente, esperando en cada momento el retorno del Señor Jesucristo, según sus promesas, para ser unido con él para siempre.
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Acertijo
¿Qué dice la Biblia realmente?
La frase de solución se forma tomando de cada una de las siguientes palabras una única letra. Se coge la primera cuando la palabra está incluida en el texto de las narraciones bíblicas de Navidad, es decir, en los capítulos dos de Lucas, y uno y dos de Mateo. Si allí no aparece, se usa la última letra. – ¿Cuál es la frase, y dónde se encuentra en la Biblia?
ADVENIMIENTO, SUEÑO, HUESTES, CUADRA, NIÑO, ADORARLO, CENSO, ISRAEL, NAVIDAD, ASNO, HERODES, VILLANCICO, BUEY, DICIEMBRE, NACIMIENTO, ÁRBOL, NOCHEBUENA, CESAR, ISAAC, UZÍAS, TALMUD, ALUMBRAMIENTO, DAVID, BEN-ADAD, ENCINTA, DESPERTANDO, LUNA, VIRGEN, ITAI, MATERNIDAD, UNGIDO, NEGOCIOS, SALVADOR, OVEJA, SOL, VIUDA, INMACULADA, CASTIDAD, ABETO, BALTASAR
Solución de la sopa de letras del mes de noviembre:
Jesús dijo a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).
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¿Mariposa u Obediente?
– Mami, ¿por qué la catequista nos dijo que los niños desobedientes son como las mariposas que vuelan alrededor de la luz?
– Pablito, cuando a un niño como tú, que sólo tiene cinco años de edad, su mamá le explica cómo tiene que hacer algo, y éste la desobedece, tal desobediencia hará que él actúe sin pensar en las consecuencias de sus actos, y como no tiene experiencia y tampoco acepta la educación que se le quiere dar, cometerá acciones que harán sufrir mucho a su mamá, a su maestra y a todos sus amiguitos, además de que pondrá en peligro su propia vida.
– Las mariposas, por otra parte, son insectos que no tienen la inteligencia que Dios le concedió al Ser Humano, y como tal, buscan la luz sólo por instinto, es decir, sin reflexión, experiencia o educación. Este desconocimiento de la realidad les provoca la muerte, pues se acercan tanto al bombillo del que brota la luz que quedan achicharradas.
– Pero, mami, la luz es buena, porque sin ella abuelita no puede remendar los calcetines de abuelito.
Sí, Pablito, la luz es buena y muy necesaria para la vida de todos, pero hay que saber utilizarla inteligentemente, y un niño desobediente que no acepta los consejos de su mamá no aprenderá nunca a utilizar inteligentemente la luz, por lo tanto, actuará siempre como las mariposas, y desgraciadamente sufrirá mucho hasta morir.
– Por el bonito color y el agradable calor de una bombilla eléctrica las mariposas pierden la vida. Igualmente el lindo color y la agradable temperatura de una piscina le pueden costar la vida a un niño desobediente que se lanza a ella después de quitarse el salvavidas que antes le había puesto su mamá.
– Un niño de cinco años, Pablito, desconoce todavía la mayor parte de los peligros con los cuales tendrá que enfrentarse a lo largo de su vida, y por eso es muy importante que obedezca el consejo de su mamá y de su maestra, así aprenderá pronto –entre otras cosas– a leer, y podrá conocer la historia del niño más obediente que ha existido que es el niño Jesús, pues además de respetar a sus padres –María y José– obedeció siempre a Dios Todopoderoso.
– Lamentablemente un niño desobediente no querrá saber cómo se comportaba Jesucristo cuando era niño, y entonces nunca aprenderá de Él la forma de vivir en contacto con el Padre Celestial.
–Pablito, por medio de las enseñanzas de Jesucristo que están escritas en la Biblia, todos los que en Jesús creemos, sabemos firmemente que tenemos la salvación de nuestra alma segura, pues ya Su sacrificio en la cruz nos liberó para siempre. Su entrega en el monte Calvario es nuestro Salvavidas para la vida eterna.
– Mami, entonces yo voy a ser siempre obediente y no voy a quitarme el salvavidas.
Fernando Torres
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