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MDP Archivo 2004 JulAgo 04

Mensaje de Paz
Edición de Julio / Agosto de 2004
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Índice

Recibir un doble tesoro
La contaminación
La ley de Moisés no santifica al creyente
Te es necesario nacer de nuevo
La Cena
En busca del escándalo
Solución de „Sílabas traviesas“ del mes de junio:


La fe, en breve

1. Hay un solo Dios que ha creado todo cuanto existe.

2. Dios hizo al hombre a Su imagen con la finalidad de amarlo. Por lo tanto, Dios te ama también a ti, estimado lector, y tiene un propósito maravilloso y eterno para ti.

3. A causa del pecado original causado por la propia desobediencia de un hombre, tú –igual que yo y que todo ser humano– eres pecador. Y el pecador no puede gozar de la presencia de Dios ni en la tierra, ni en el Cielo, y merece, por tanto, ser arrojado para siempre al infierno.

4. Dios te llama al arrepentimiento y te invita a tener fe en el Evangelio. Esta es la única manera de amar a Dios y de honrar a Su Hijo Jesucristo, dejando, por tanto, de confiar en tu propia bondad, pues ninguna cualidad humana nos hace acreedores al amor de Dios.

5. La buena noticia del Evangelio es que Dios tuvo misericordia de los pecadores y envió a Jesús al mundo para que muriera en la cruz, pagando así el rescate de todos los pecadores.

6. Si quieres, querido lector, recibir el perdón y la vida eterna, es necesario que te comuniques tú mismo por medio de la oración con el Señor Jesucristo diciéndole que le entregas tu vida y que deseas que Él sea tu jefe.

7. Asegura el nuevo conocimiento de saberte discípulo de Jesús escudriñando cuanto afirma la Biblia sobre tu salvación. Da gracias en toda ocasión a tu nuevo Señor. Busca también la comunión con otros creyentes, y comparte tus nuevas experiencias con todas las demás personas.

8. Mantente despierto espiritualmente, esperando en cada momento el retorno del Señor Jesucristo –según sus promesas– para ser unido con él para siempre.

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Recibir un doble tesoro

De vuelta a Capernaum estaba Jesús dentro de una casa. Sabiéndolo la gente, se agolparon tantos que ni siquiera cabían frente a la puerta; y Él les anunciaba el mensaje. Entonces, entre cuatro le llevaron un paralítico. Pero como había mucha gente y no podían llegar hasta Jesús, quitaron parte del techo encima de donde Jesús estaba, y por la abertura bajaron en una camilla al enfermo. Cuando Jesús vio la fe que tenían, le dijo al enfermo: “Hijo mío, tus pecados quedan perdonados” (Marcos 2:5). Con esta sentencia Jesús va directamente al núcleo del asunto.

Nosotros sólo percibimos lo externo. La gente ve lo que está ante sus ojos, pero el Señor ve dentro del corazón. Y Jesús allí vio fe. Allí también ve la raíz de todo mal, es decir, el pecado. Por eso Él no comienza con lo que se muestra externamente. No, Él ataca al mal en la raíz. Eso fue, después de todo, para lo que Jesús había venido a esta tierra. Por eso se llama Jesús: “Porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Por los pecados de este paralítico, por mis pecados y por los tuyos, vino Jesús a pagar el precio de Su vida.

Ése ha sido el centro de Su mensaje, ése es el corazón del anuncio de la Palabra en el año 2004. Pero ése también ha sido el eje de todos Sus milagros. De eso también ha tenido conocimiento este paralítico. Eso lo ha visto Jesús.

En ocasiones los seres humanos hablamos mucho entre nosotros. También cuando visitamos a un enfermo. Hablamos con frecuencia de la enfermedad y cómo se encuentra físicamente el enfermo. Eso está bien, pero cuán poco trata nuestra conversación sobre lo importante.

Lo que cuenta, ya sea que estemos sanos o enfermos, es que hayamos aprendido a buscar el perdón de los pecados en la sangre de Cristo que nos limpia de todo pecado. Pues fuera de Él no hay vida, sino perdición eterna. Cristo en Su amor infinito se propuso tu salvación. Y así da lo más grande que Él tiene: el perdón de los pecados y la vida eterna. Ven, pues, con las manos vacías y un corazón con deseo ardiente hasta tu Salvador y recibe de Él gracia sobre gracia.

Así Jesús comienza por el principio. Atajar el mal en la raíz. El mayor problema de este paralítico no es su enfermedad, sino su pecado. Lo más importante es que el hombre sea liberado de sus pecados y pueda realmente ser libre.

Aquí Jesús también le otorga la salud física cuando le dice al paralítico: “Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa”. Y el hombre se levantó y se marchó, sano y bien.

Así quiere el Espíritu Santo hacer Su obra reveladora en nuestra vida para que finalmente seamos sanados por Jesús. Sanados del mal mortal del pecado. “Mi pecado me hace objetivo de la ira de Dios”. Pero Cristo quiere librarnos de ella y así purificar y sanar nuestra alma. Quienes lo crean se levantarán y saltarán de alegría interna. En ese momento loamos a Dios y también invitamos a otros a venir a Jesús.

C. van Worp, en La Calle Recta

Extracto de Fernando Torres

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La contaminación

La Organización Panamericana de la Salud alertó sobre la necesidad de que los niños crezcan en ambientes saludables y llamó a trabajar por un mundo más limpio y menos contaminado. Sin embargo, hay una contaminación aún peor: el pecado ha infectado todo nuestro ser…

Entre tantos beneficios recibidos de Dios, tenemos el agua y el aire, dos elementos indispensables para la vida, que en lugar de cuidar, hemos contaminado haciendo imposible la supervivencia en el mundo; lo cual ha dado lugar a que entidades internacionales se unieran para luchar en contra de la contaminación, dictando leyes para detener su avance, pues todo lo que tiene vida está sufriendo las consecuencias. Por esta causa la O.P.S. lanzó al mundo un S.0.S. para proteger por lo menos a los más indefensos.

Sin embargo, hay una contaminación todavía peor, que es la contaminación moral con la cual hemos ensuciado e infectado el mundo que Dios nos dio para habitar y disfrutar, pues no sólo el mundo material a través del daño al medio ambiente; sino también el mundo moral, traducido en la corrupción que los seres humanos hemos llevado a nuestros mismos cuerpos creados a imagen y semejanza de Dios. La Biblia declara que todo ser humano se ha corrompido en su mismo cuerpo y a través de él ha contaminado a los demás. El pecado ha infectado todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo. Como hemos quebrantado las leyes de Dios, estamos cosechando el fruto de nuestro desvarío. Pero hay una retribución mucho peor porque es eterna, que es que “Dios de ningún modo tendrá por inocente al culpable”; “Juzgará al mundo con justicia, y dará a cada persona conforme a sus obras”.

“Pero el Señor reina por siempre; para emitir juicio ha establecido su trono. Juzgará al mundo con justicia, gobernará a los pueblos con equidad” (Salmo 9:7-8)

“Pues bien, Dios pasó por alto los tiempos de tal ignorancia, pero ahora manda a todos, en todas partes, que se arrepientan. Él ha fijado un día en que juzgará al mundo con justicia, por medio del hombre (Jesucristo) que ha designado. De ello ha dado pruebas a todos al levantarlo de entre los muertos” (Hechos 17:30-31)

“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna (Juan 3:16)

La Biblia nos enseña que lo único que el hombre puede, y en definitiva está obligado a hacer, es arrepentirse de su pecado y poner su fe en el sacrificio de Jesucristo en la Cruz; sólo entonces, Dios por su Gracia le da su Salvación.

Que Dios lo guíe para poder “escapar de la corrupción que los malos deseos han traído al mundo” (2Pedro1.4).

J.H.K. (abreviado)

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La ley de Moisés no santifica al creyente

En la vida religiosa de Pablo de Tarso hay tres etapas dignas de atención. En la primera etapa se muestra un judío muy devoto de la ley de Moisés, pues él vivía como un autentico fariseo, y como tal, se caracterizaba por su legalismo, ritualismo y apego a las tradiciones. “Con toda buena conciencia”, como él mismo se describe en Los Hechos 23:1 “Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy.” Se consideraba a sí mismo “irreprensible” en todo lo referente a la ley mosaica, lo cual ratifica también en Filipenses3:6 “en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible”.

La segunda etapa lo muestra como un manifiesto converso. La conversión lo ilumina con respecto a la ley misma que hasta ese momento defendía intransigentemente. Entonces percibió que la ley era “espiritual”, según nos dice en Romanos 7:14 “Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado”; y que lejos de haber guardado dicha ley, estaba él condenado por ella, ya que él mismo se suponía “vivo”, pero entonces vino realmente el mandamiento, y él “murió” – como nos lo explica en Romanos 7:9 “Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí”. Este versículo es fundamental para comprender el proceso de conversión interna de Pablo y que él autobiográficamente nos relata en el pasaje Romanos 7:7-25. En este pasaje sin embargo, no vemos exactamente cuándo sucedió esta metamorfosis en su vida. Si durante los días de su ceguera física en Damasco “donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió (Hechos 9:9)”; o quizás en Arabia como nos relata en Gálatas 1:17 “ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia y volví de nuevo a Damasco”. Lo que sí se ve en este pasaje es la experiencia vivida, bajo la ley mosaica, de un hombre renovado que se halla todavía en ignorancia en lo tocante al poder libertador ejercido por el Espíritu Santo, como él mismo después nos lo relata en Romanos 8:2 “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.”

La tercera etapa de so milagrosa experiencia espiritual queda mostrada más adelante cuando las grandes revelaciones, producto de su íntima relación con el Espíritu Santo, se reflejan en la Epístola a los Gálatas. Comprende entonces que él estaba “muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo”, como nos dice en Romanos 7:4 “Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios”; y que, en el poder del Espíritu Santo que moraba en su ser, se hallaba libre “de la ley del pecado y de la muerte”, como aparece en Romanos 8:2; en tanto que en él se satisfazía la exigencia de la ley cuando él andaba conforme al Espíritu, como nos lo dice en Romanos 8:4 “para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”

Fernando Torres

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Te es necesario nacer de nuevo

Amparado en la noche, Nicodemo
vino a Jesús, llamado el “Nazareno”,
con inquietud en su alma religiosa.
“Sabemos una cosa…
que Tú has venido de Dios como Maestro;
el agua en vino en Caná fue transformada,
y tu poder, con “señales” que lo avalan,
lo recibimos como firme y cierto…”.

“Tú necesitas un ‘nuevo nacimiento’
por el obrar del agua –mi Palabra–
y el soplo de mi Espíritu cual ‘viento’”.
“¿He de ser concebido nuevamente?;
¿he de ser un embrión dentro del vientre
y luego un feto como fui formado?
¿He de ser en un parto yo alumbrado
para ser criatura diferente?”

“La carne, carne es; su fin es muerte,
pues eso es lo que Adán nos ha legado.

“Necesitas ‘nacer’, pues, nuevamente
no de carne y sangre de pecado,
sino del ‘soplo’ del Dios omnipotente”.
Y de la “sangre y agua” del costado
del “Cordero de Dios”, bendita “fuente”,
sobre una cruz herido y maltratado,
ofrece, para todo el que creyere,
en su grito triunfante: “¡Es consumado!”.

Lisardo Uría Árribe, en El Heraldo del Pueblo

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La Cena

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

En casa había estado todo el día enredada en mis tareas diarias. Envuelta en mis planes y quehaceres, absorta en mis repetitivos y alborotados pensamientos. Entonces, oí –¡toc, toc!– que llamaban. ¿Quién es? –pregunté.

– Yo soy, contestaron con voz amable y serena.

– ¡Oh , no! –me dije– ¡Es Él, no le esperaba!

Tocando a mi puerta el Señor estaba. Sorprendida y confusa, me sentí nerviosa y asustada. ¿Abriré? –me pregunté. Sí, abriré.

Salió a su encuentro mi corazón, y le recibí contenta. De gozo se llenó mi alma, pues no tenía nada que temer, ya que mi casa en orden estaba. Aún más, le sorprendería con los suculentos platos que le ofrecería.

Abrí y allí estaba con su mirada de mirra y oro, y su sonrisa de justicia y esperanza. ¡Señor, que alegría verte!, pero entra, entra a mi casa. A punto estoy de preparar la cena, y he hecho algo tan sabroso que no dudo, Maestro, que será de tu agrado.

Se sentó a la mesa y allí –sin decirme nada– siguió en silencio, mientras sus ojos eternos me seguían, me observaban. De pronto miró a su alrededor.

¡Ah, sí! –pensé– al fin se fijó en lo bien arreglada que tenía mi casa y pregunté – Señor ¿te gusta como la tengo adornada? Hace poco que la pinté y la decoré con fino cuidado. Y esta mañana la limpié tan profusamente que aún mis brazos están cansados de frotar sin descanso. ¡Mira este jarrón de porcelana tan bello!, ¡y esta foto de mis hijos tan guapos!, ¿verdad, Maestro? ¡Estas cortinas tan elegantes! ¡Y este…!, al mirar su rostro callé. Pues Él seguía sin decirme nada, en silencio mirándome.

Un poco avergonzada le dije: Señor, ya no te canso más con mis palabras. Voy a enseñarte algo que hice para la iglesia, y después tocaré para ti un dulce himno en el piano. Pero Él seguía en silencio mirándome ¿O mejor?, ¡has de tener hambre, vamos a preparar ya la mesa!

Él me miró y dijo: Yo sé todo lo que eres, lo que quieres, lo que tienes. Sé los deseos que anhelas, lo que amas, y lo que aborreces. Sé que tienes grandes sueños, que tienes necesidades, sufrimientos, fatigas. Yo sé que crees en mí, pero no te sientas a mi mesa. Yo contigo, y tú conmigo. No me abres tu corazón, ni escuchas el corazón mío. No comes ni bebes de mi alimento. Pan de vida y agua eterna que desciende de lo alto en mi Palabra fiel y verdadera.

Él dejó de hablar, cogió pan, lo partió, y puso agua en mi vaso. Oró dando gracias y me dio su bendición. Come –me dijo. Yo comí y bebí lo que me había servido. ¡Y al comerlo fue refrigerio a mis huesos, y a todo mi ser medicina! ¡Gozo, paz, confianza, y un sereno contentamiento que invadió de reposo mi alma! ¡Tanto tiempo sin verle, sin percatar su presencia, su continuo llamado! ¡Alimento sacado de la despensa de Dios! ¡Qué bienaventurada era! ¡Qué bienaventuranza ser hija de Dios! Ser amada.

Terminamos. Y antes de marcharse me dijo: Siempre estoy contigo. Tocaré otra vez a tu puerta y cenaremos juntos, ten tu lámpara siempre lista, ya sabes que vengo pronto.

Se alejaba y cantaba mi corazón. ¡Oh, Maestro, Maestro! –se dijo mi corazón– ¡cuánto te importa mi ser!, ¡cuánto cuidas de mi alma!

Isabel Martínez (abreviado)

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En busca del escándalo

Aquellos años estaba yo haciendo mis primeras armas como periodista profesional. En la Universidad siempre se hablaba de lo que debía considerarse noticia y lo que no. Así, un profesor solía decirnos: que un perro muerda a un hombre no es noticia pero si un hombre muerde a un perro, eso sí lo es.

En esa frase graciosa estaba escondida una verdad que muchos periodistas ponen en práctica todos los días: buscar el impacto, lo escandaloso.

Eso justamente era lo me proponía encontrar cuando por primera vez pisé una Iglesia evangélica. Había leído mucho acerca de las sectas donde a las personas les lavaban el cerebro y quería ver por mí mismo, si esos evangélicos locos eran lo que alguna gente decía por ahí.

Mi primer encuentro con el pastor fue muy amable, y mientras hablaba con él yo estaba atento para descubrir qué me quería ocultar. Sin embargo, su predisposición a atenderme y amplia sonrisa me llevó a contarle el motivo de mi visita. Me dijo que yo estaba haciendo bien en investigar si esa congregación era una secta. Y me hizo una propuesta que acepté como un reto: toma – me dijo, alcanzándome una Biblia – si ves que en esta Iglesia hacemos algo que vaya en contra de lo que aquí dice, entonces es una secta, y debes denunciarla.

Debo confesar que mis únicos acercamientos a la Biblia habían sido en catecismo, y había aprendido bastante poco.

Leer la Biblia me hizo entender que había todo un mundo de cosas que ignoraba. El pastor me aconsejaba que empezara por el Nuevo Testamento, y me ayudaba a interpretar algunos versículos.

Varios días estuve visitándolo en su biblioteca cargada de muchos libros sobre Jesús y el cristianismo. Como a mí me gusta leer, le pedí que me prestara alguno para ayudarme a entender mejor la Biblia. La verdad es que también deseaba que me muestre algún libro que comprobara que se trataba de una secta. Pero él buscando entre los estantes, sacó unas hojitas blancas y mientras me las alcanzaba me dijo: “Lee esto, está hecho por personas estudiosas como vos. Te ayudará a entender mejor el mensaje de salvación en Jesucristo”, y me dio una hojita de Mensaje de Paz.

El pastor me invitó a hacer una oración reconociéndome como pecador y aceptando a Jesús como mi salvador personal.

Fui lector asiduo del boletín Mensaje de Paz, y a medida que conocía más del amor de Dios por mí, al dar a su Hijo Jesucristo para que recibiera el castigo que yo me merecía, me di cuenta de que el verdadero escándalo fue: no haberlo conocido antes. Hugo Alberto Díaz

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Solución de „Sílabas traviesas“ del mes de junio:

PORQUE POR GRACIA SOIS SALVOS POR MEDIO DE LA FE; Y ESTO NO DE VOSOTROS, PUES ES DON DE DIOS. NO POR OBRAS, PARA QUE NADIE SE GLORÍE.

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