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MDP Archivo 2004 Oct 2004

Mensaje de Paz
Edición de Octubre de 2004
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Índice
En el convento de los Agustinos
Conmemoración de los difuntos
Cinco pilares de la verdad de la Reforma… que todo creyente debería conocer
Necesitamos Reformadores
Josué
¡Reforma tu idea sobre Dios y la Biblia!
Sopa de letras


En el convento de los Agustinos

…el vicario general Staupiz recibió al joven Martín Lutero –esto debió suceder en el año 1517 o 1518– cuya sincera piedad y turbación de conciencia conocía. Le dijo: “¿Por qué atormentarte, hermano mío, por vanas especulaciones y pensamientos que te superan? Mira el costado de Jesús, traspasado en la cruz, la sangre derramada por ti. Allí encontrarás la misericordia de Dios. En lugar de machacar sobre las faltas que has cometido, échate en los brazos del Redentor. Pon tu confianza en Él, en Su justicia y en Su sacrificio expiatorio. No huyas de Él. Dios no está contra ti, te busca; mas tú te alejas de Él. Escucha lo que te dice el Hijo de Dios. Él descendió del cielo a la tierra bajo forma de hombre a fin de asegurarte el favor divino”. Y el piadoso vicario agregaba: “Ves, querido amigo, más de una vez juré al Dios santo que iba a vivir piadosamente, pero nunca pude cumplir mis promesas. Hoy estoy decidido a no hacer más semejante promesa, sabiendo de sobra que no la cumpliré. Si Dios rehusara perdonarme por el amor a Jesucristo, no podría subsistir ante Él; pese a mis buenas obras, perecería. Mira la sangre que Jesucristo derramó por ti: allí encontrarás la gracia de Dios. En lugar de atormentarte para tratar de expiar tú mismo tus pecados, confía en Él y acepta a tu favor el sacrificio que Él cumplió en la cruz.”

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Conmemoración de los difuntos

La separación

Numerosas son las personas que conocemos durante nuestra vida. Con muchas de ellas establecemos fuertes lazos de afecto y amistad, y cuando ellas nos faltan definitivamente; dicha ausencia nos produce una sensación de haber perdido no sólo un ser querido, sino la insustituible compañía de una vida, o la inigualable alegría de un hijo, o la inmejorable ternura de una madre o el incomparable aprecio de un amigo.

A menudo revalorizamos también a aquéllos a quienes en vida no amamos mucho o que no nos amaron, por el solo hecho de que ya no están con nosotros.

Se dice frecuentemente que cuando muere alguien de nuestra intimidad, hay algo que muere también dentro de nosotros; quizá es por eso que muchos dolientes en los primeros días de noviembre visitan los cementerios.

Sería justo, sin embargo, reflexionar y hacernos algunas preguntas: ¿Por qué morimos, qué cosa hay después de la muerte, veremos nuevamente a nuestros seres queridos, qué cosa pueden hacer nuestros muertos por nosotros, y qué podemos nosotros hacer por ellos? A éstas y a otras preguntas da respuestas seguras la Biblia.

Promesa

Jesús afirma: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí, no morirá eternamente” (Juan 11:25-26).

Sólo un acto de fe personal puede transformar estas palabras de Jesús en una profunda seguridad para aquel que cree; y las palabras de Jesús son dignas de fe, pues solamente Él ha resucitado, ratificando así Su victoria sobre la muerte.

Ninguna comunicación con los muertos

Los que están muertos no pueden hacer nada por ti, y mucho menos tú por ellos. En la Biblia no se halla ni siquiera un versículo que prevea el uso de plegarias o de misas que concedan al difunto una “promoción” o ascenso al Paraíso, o algo por estilo. Por el contrario, Dios dice: “¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?” (Isaías 8:19)

Una segunda muerte

La primera muerte es aquélla a través de la cual los hombres dejan esta tierra. La segunda muerte es aquélla que golpeará a quien no se haya arrepentido de sus propios pecados. Esta segunda muerte, que ocurrirá el día del juicio final, no es otra cosa que el infierno mismo, es decir, “el lago de fuego” (Apocalipsis 20:14; 21:8). Ahora en el lago de fuego las almas atormentadas no tienen reposo de día ni de noche y serán atormentadas por los siglos de los siglos (Apocalipsis 14:10-11; 20:10).

Dios te ama

Dios no desea la muerte del pecador, sino su salvación eterna. Jesús en el evangelio afirma: “El que oye Mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).

Responder a esta invitación y acercarse a Cristo con un profundo y auténtico acto de fe o rehusar Su invitación determinará el futuro eterno tuyo y mío.

Dios dice

“¿Quiero yo la muerte del impío? ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Convertíos y apartaos de todas vuestras transgresiones… Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis? Porque no quiero la muerte del que muere … convertíos, pues, y viviréis.” (Ezequiel 18:23-32)

Texto original de Donato Scarano
Traducido por Fernando Torres

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Cinco pilares de la verdad de la Reforma… que todo creyente debería conocer

En vista de la confusión prevaleciente, es necesario reafirmar los principios de la verdad de la Reforma. Los reformadores lucharon para defender un Evangelio apropiadamente descrito por los siguientes lemas:

Sola Scriptura: por la sola Escritura

Las Santas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamentos, como inspiradas por Dios que son, constituyen la sola y suficiente autoridad en todos los asuntos de fe y práctica. La Palabra escrita se mantiene gloriosamente sola en su majestad. Testifica en el nombre de Dios. Demanda reverencia, fe inquebrantable en sus doctrinas y firme obediencia a sus mandatos. (Consúltense 2Ti 3:16).

“Sólo la Biblia es la religión de los protestantes” (William Chillingworth).

Sola Gratia: sólo por gracia

La gracia es el favor inmerecido de Dios, de su amor gratuito. Presupone total indignidad en sus objetos, quienes son considerados pecadores y culpables, que no merecen nada sino el castigo.

La salvación es enteramente por gracia. Esto significa que es exclusivamente una obra divina, absolutamente libre y soberana, en la que los pecadores no juegan ningún papel y a la que no contribuyen en nada.

Dios no está obligado a salvar. Las personas no han hecho nada para merecerlo. La gracia, y sólo la gracia, es la causa de la salvación. “Si es por gracia, ya no es a base de obras, de otra manera la gracia ya no es gracia” (Ro 11:6).

Por gracia, Dios elige a personas para vida eterna, las redime por medio de Jesucristo, las llama por el Espíritu Santo, las justifica por la fe, las guarda para vida eterna (Ro 11:5; Ga 1:15; Tit 3:7; Ef 1:5,6: 2:7; Ro 5:21). “Por gracia habéis sido salvados” (Ef 2:8).

Solo Christus: solo por Cristo

A Cristo se le presenta en la Escritura como mediador. Ahora bien, un mediador es alguien que se interpone entre dos partes enfrentadas con el propósito de reconciliarlas. Eso fue lo que Cristo hizo cuando tomó sobre sí nuestra humanidad. Obedeció en nuestro lugar y sufrió por nuestra culpa, realizando así todo lo que era necesario para hacer la paz (Hch 10: 36;Ro. 5:1).

Sólo a través de Cristo podemos ser aceptados por Dios. Él es el único camino de acceso a la presencia de Dios y el único canal por el que se otorgan las bendiciones. “Hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre, quien se dio a sí mismo en rescate por todos, testimonio dado a su debido tiempo” (1Ti 2:5,6).

Cosas como la intermediación de sacerdotes, santos o ángeles están expresamente prohibidas (Mt 12:47-50; Hch 10:25,26; Col. 2:18; Ap. 22:8,9).

Sola Fide: por la sola fe

De todas las preguntas que una persona puede hacer, la más importante sin duda es: “Cómo puedo reconciliarme con Dios?” Sólo la revelación puede responder a esa pregunta, y la respuesta de la Biblia es la siguiente: “El hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley” (Ro 3:28).

Esta doctrina de la “ justificación por la sola fe” es la verdad central del cristianismo y la verdadera prueba de la fidelidad de una iglesia al Evangelio.

Permítaseme en este punto definir los términos. Justificación es una palabra legal, que pertenece propiamente a la esfera del derecho y los tribunales de justicia. Es un veredicto judicial, la declaración de que alguien es justo a los ojos de la ley.

Cuando Dios justifica a los pecadores –y eso es lo que Él hace–, los declara exentos de castigo y con derecho a ser recompensados sólo sobre la base de lo que Cristo ha hecho por ellos (Ro 3:24; 5:9). La fe es simplemente la confianza personal del pecador en Cristo como Salvador (Ef 1:13).

Dios sólo nos justifica cuando, en nuestra desesperación, acudimos a Cristo y ponemos toda nuestra con fianza en su vida y muerte sustitutorias. “Habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Ro 5:1). Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley; puesto que por las obras de la ley nadie será justificado” (Ga 2:16).

No existe “causa instrumental” como el sacramento del bautismo o la observancia de los mandamientos de Dios y de la Iglesia, la fe cooperando con las buenas obras etc. Los reformadores levantaron sus voces en una protesta unida contra tal perversión de la verdad bíblica.

Soli Deo Gloria: sólo a Dios la gloria

La verdadera doctrina magnifica la gracia de Dios en la salvación de hombres y mujeres y nos hace elevar la voz de la alabanza que adora y la acción de gracias, de manera que la gloria sea dada a Dios a través de nuestro Señor Jesucristo.

El plan completo es: “para alabanza de la gloria de su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado”. De ahí la doxología: “a Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos, Amén” (Ef 1:6; 3:21).

Ojalá que Dios reavive en nuestros días estas grandes verdades.

Malcolm Watts, abreviado, adaptado
de Nueva Reforma, N° 28

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Necesitamos Reformadores

Imagine, querido lector, ¿qué haría si se encontrara con este aviso en el diario: “Necesitamos reformadores”? Seguramente pensaría que se trate de una construcción vieja que necesita un cambio, o quizá unos muebles que salieron mal y es necesario mejorarlos, no lo sé. Pero una cosa es segura, todos piensan en algo mal hecho y que necesita ser puesto en buena forma.

El diccionario de la Real Academia dice de reformar: “volver a formar, rehacer, enmendar, corregir la conducta de alguien, haciendo que abandone comportamientos o hábitos que se consideran censurables”.

Una vez hubo un monje llamado Martín Lutero, quien no necesitó ver un aviso en el diario para darse cuenta que algo estaba mal. La Iglesia a la que partencia estaba vendiendo indulgencias, esto es “perdón por los pecados” al mejor postor, en vistas de recaudar dinero para hacer la Basílica de San Pedro.

Apasionado por sus convicciones, Lutero clavó el texto de sus 95 proposiciones de Reforma sobre la puerta de la iglesia de Todos los Santos de Wittenberg. Discursos, debates en las universidades y ante todo el público, siguieron a la demanda de Lutero, y la Iglesia romana condenó sus enseñanzas y lo excomulgó.

No contentos con esto, Roma no podía impedir que las enseñanzas de Lutero se siguieran expandiendo en boca del pueblo y en 1521 fue convocado ante el emperador Carlos V en la Dieta de Works, y se le pidió que se retractase ante las autoridades seculares y eclesiásticas allí reunidas.

El “No” de Lutero pronunciado ante las más altas autoridades de la época provocó el comienzo de una reforma que Dios bendijo. El Nuevo Testamento se publicó por primera vez en lenguaje popular y en cada mesa de cada taberna y de cada casa, la gente comenzó a ver el plan original de Dios para su Iglesia: que no es por vista, es por Fe, que no es por sacrificios o compra de Indulgencias, es por Gracia, y que no es por doctrinas o tradición de la Iglesia, es sólo por la Escritura.

Amigo lector, en el “diario de Dios” todos los días aparece este aviso: “Se necesitan reformadores”. Así como Lutero respondió a ese llamado con toda su energía y pasión, ¿estás preparado para hacer tú lo mismo? ¿Hay algo en tu vida que necesite ser reformado? ¿Estás preparado para decir “no” a este mundo que te presiona para que te adaptes a él, como lo hizo Lutero en Worms?

Si has respondido que sí a estas preguntas, pero crees que no tienes las energías de Lutero para llevarlas a cabo, déjame contarte que él tenía algo dentro suyo que lo llevó a hacer todas esas cosas y se llama Jesús. Te invito a que recibas ahora a Jesucristo en tu corazón, Él es el gran reformador, Jesús dijo: “Yo hago nuevas todas las cosas”.

Di conmigo: “Señor Jesús: te recibo en mi corazón, perdona todos mis pecados, te acepto como mi personal salvador, y acepto que reformes todo lo malo que pueda haber en mi vida y en todas mis cosas. Bendíceme Señor, y seré un canal de bendición para otros. Amén.”

¡Dios te bendiga!
Hugo Alberto Díaz

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Josué

Después de la muerte de Moisés el siguiente jefe de los hebreos es Josué, cuyo nombre es el título de este libro, el cual describe cómo se consuma la redención de Israel de la esclavitud egipcia; pues la redención tiene dos partes, una es negativa y la otra, positiva; puesto que los israelitas fueron liberados de Egipto para ser llevados a la Tierra Prometida (Deuteronomio 6:23). La frase clave de este libro es: “Mi siervo Moisés ha muerto” (Josué 1:2), pero la ley, cuyo representante era Moisés, no podía dar la victoria a un pueblo pecador (Hebreos 7:19; Romanos 6:14; 8:2-4).

Josué dirige al pueblo en la invasión y conquista de la tierra de Canaán. Los hechos más trascendentales son el cruce del Jordán, la caída de Jericó y Hai, la captura de Hazor y las batallas que conducen a la toma casi completa del nuevo territorio.

Este libro –hablando espiritualmente– es la Epístola a los Efesios del Antiguo Testamento, pues “los lugares celestiales” de Éfeso son para el cristiano lo que Canaán era para los israelitas: un lugar de conflicto –por lo cual no un modelo de cielo; a la vez, un lugar de victoria y bendición por medio del poder divino (Josué 21:43-45; Efesios 1:3), ya que el gobierno sigue siendo teocrático, pues Josué gobernó siempre bajo la voluntad de Dios.

Se narra la repartición de Canaán entre las tribus, y el establecimiento de las ciudades-refugio, así como la asignación de ciudades a los levitas, quienes no recibieron porción en el reparto del territorio. Los dos últimos capítulos describen la despedida de Josué, ya anciano, y la reunión de todas las tribus en Siquem para renovar por segunda vez el pacto, estando ya ahora en la Tierra Prometida. Josué apela a la solemne decisión del pueblo, y éste responde con el voto de servir y obedecer al Señor. Al final se relata la muerte y sepultura de Josué y del sacerdote Eleazar, hijo de Aarón.

Este libro se divide en cuatro partes principales:

1.  La conquista, capítulos 1-12.

2.  La repartición de la tierra, capítulos 13-21.

3.  Comienzo de la discordia, capítulo 22.

4.  Los últimos consejos y la muerte de Josué, capítulos 23-24.

Fernando Torres

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¡Reforma tu idea sobre Dios y la Biblia!

Luis, Enrique, Alicia y María son compañeros de clase y les gusta charlar sobre la vida, los profesores o lo que sea. Han aprendido a evitar el argumento de la fe porque es el preferido de Enrique, y cuando comienza ya no tiene para cuando acabar.

Hoy es Luis quien rompe esa “prohibición”: “¿Oísteis ayer la noticia de la masacre? ... ¿Y tu Dios, Enrique, que no ha sido capaz de evitarla, se divertirá eternamente asando sobre el fuego esas pobres almas, verdad? Si cómo dices tú, todos los hombres merecen el infierno.”

Alicia y María protestan de que no debe burlarse de Dios, y que sobre la desgracia ajena no se puede hablar con ligereza. Tienen razón.

“Luis”, le pregunta Enrique, “¿dónde pasarías tú la eternidad?”

Silencio.

“¡Qué concepción errada tienes de Dios! Él no se goza en la condenación del pecador, sino quiere que él venga al conocimiento del Evangelio.1 Dios se deleita en misericordia2 y al que Le cree, Él quiere darle la prueba de su bondad inagotable3.”

“Es estupendo, lo que siempre dices tú, que Dios perdona a todos”, interviene María.

“¡No”, protesta Luis, “esto es injusto! Si esos homicidas de masas hacen una mueca de humildad ante Dios, ésos van al cielo, mientras la gente que nunca ha hecho ningún daño a nadie va al infierno, según tu teoría.”

Alicia consiente.

“¡Tenéis que revisar vuestra idea sobre Dios! Si el pecado más “inocente” ya cierra la entrada al cielo,4 entonces es inútil clasificarlos de ‘graves’ y ‘menos graves’.”

Por la sorpresa se tragan la protesta…

“¡¡¡Exageras…!!!”

“¡No, no exagero! Es la verdad.”

Luis menea la cabeza y Alicia interrumpe: “¡Dios no puede ser tan cruel!”

“Sabéis que Dios es absolutamente justo. Por esto no puede pasar por encima de la más mínima culpa. Mas Dios también es amor.5 Para el hombre es imposible combinar estas dos facultades. Pero Dios aplicó sin piedad su plena justicia sobre Su Hijo cuando voluntariamente ocupó el lugar de todos los pecadores. Así, ningún pecado ha quedado inexpiado 6.”

“¡Qué horrible! … ¡Genial! … ¿Si lo crees? …”

“¿Cuántos tomos de teología has estudiado?”

“No, Luis, ninguno. Pero tú también deberías leer la Biblia.”

Enrique continúa: “Es sencillo. Cada persona que lee o escucha el mensaje de la Biblia tiene dos posibilidades: Puede desconfiar y así tildar de mentiroso a Dios, o puede confiar. Y el amor de Dios dispuso que “el que cree tiene vida eterna” 7.

“Entonces podemos decir que todos somos salvos ya que todo el mundo cree en Jesucristo”, resume Alicia.

“¿Pero de qué manera creen? ¿Acusándolo por el mal que hace el hombre?” Esto no es creer.

“Enrique, frénate, te enredas diciendo ‘creer es sencillo, pero vuestra manera de creer no vale’.”

“Mira, Luis, el Evangelio no es cuestión de elocuencia. Si tú calificas al Señor por digno de fe, entonces, entrégale tu vida y ámalo, y harás la experiencia de Su amor. De otro modo…”

“…ya sé, de otro modo Él me hará sentir Su justicia…”

“Luis, ¡tremendo lo que acabas de decir! Pero revisa en tiempo tu actitud hacia Cristo, para que no se verifique…”

Enrique concluye: “Desde hace tiempo deseaba hablaros de lo estupendo que es vivir en comunión con el Señor, pero habéis puesto el argumento de la condena… bueno, otra vez será…”

1 Ezequiel 8:23, 32; 2Timoeo 2:4
2 Miqueas 7:18
3 Efesios 2:1-10
4 Apocalipsis 21:8, 27
5 1 Juan 4:8
6 2Co 5:18-21
7 Juan 5:24

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Sopa de letras

Los pilares de la Reforma

JUSTIFICADO
SPUESPORLAF
ETEGNEMOSPA
AZPLARACORN
DIOOSPORUME
DGIRODETNUO
ESRITRIOSTE
ÑORAJRESSUC
RISTCORIOMA
NOFSSIRCINC
OVEERCASUNO

Tache las letras de los “cinco pilares de la Reforma”; las letras restantes forman un mensaje que reforma tu corazón.

Solución del mes de septiembre

TENEMOS TAMBIEN LA PALABRA PROFETICA MAS SEGURA A LA CUAL HACEIS BIEN EN ESTAR ATENTOS

__PERDON________
_____LIBERACIÓN_
_______ESTUDIO__
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__CREACION______
_ESCRITURAS_____
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_______BIBLIA___
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_AGUAFIESTAS____
INSPIRADA_______

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__D_____________
__E_____________
__U___________O
_IT_________L__R
_ME_C_______E__I
VPR_O_______Y__G
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E_______________
L_____________N_
B____________OO_
A____________TI_
I____________SC_
F__S_R_______UC_
___O_A_______JU_
___D_C___A____D_
___I_I___R____A_
___M_U___B__A_R_
___I_M___A__I_T_
___D_O___L__C___
___E_C___A__A___
___R_____P__R___
____________G___
________________

_*______TENEMOST
_A_MB__________I
_E_NLAP________A
_L_ABRAPROFE____
________________
________________
_______T__IC____
______A___M_A___
___________SS___
________________
_____ EG___U____
______R_A_AL___A
C_____UAL_HA__CE
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