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MDP Archivo 2004 Dic 04

Mensaje de Paz
Edición de Diciembre de 2004
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Índice
Cantar una mentira
Ha nacido el Buen Pastor
El Pastor de los dos Pactos
Libro Rut
Himno
Pastor de pastores
Sopa de letras


Cantar una mentira

Cierta noche, un evangelista hacía cantar a su auditorio el conocido cántico: '

Tal como soy, sin más decir
Que a otro yo no puedo ir,
y tú me invitas a venir:
Bendito Cristo, vengo a ti.

Tal como soy, en aflicción,
Expuesto a muerte y perdición,
Buscando vida, paz, perdón.
Bendito Cristo, vengo a ti.

Cuando se llegó a este punto del canto, él interrumpió a la concurrencia, diciendo: “Es tan grave cantar una mentira como decida. Si no creen verdaderamente las palabras del cántico, por favor, no canten. No canten una men­tira a Dios. Cierren sus himnarios y permanezcan callados”.

Un joven quedó impresionado por esta ad­vertencia. Calló y mientras los demás prose­guían con la siguiente estrofa del cántico, él volvió a leer el texto, pensando cada palabra. ¿Era él un pecador perdido? Sí. ¿Oía la voz que le llamaba? Sí. ¿Buscaba vida, paz, perdón?.. Sí, era cierto, quería a Jesús como su Salvador. Entonces, con fervor, volvió a cantar:

“Bendito Cristo, vengo a ti.”

Sí, cantemos con todo nuestro corazón al que nos ama, mas hágaslo pensando bien en las palabras que pronunciamos.

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Ha nacido el Buen Pastor

¡Gloria a Dios!

Leer el Salmo 8 y el capítulo 2 del Evangelio de Lucas.

Lucas en su narración sobre el nacimiento del Señor nos lleva hasta Belén, la “ciudad de David”. Allí ha nacido el Cristo. Allí también nació David. Cuando David era joven –lo mismo que los pastores en Lucas 2– cuidaba de las ovejas en los campos de Efrata. Hacía guardia de noche sobre el rebaño. En una de esas noches de vela David se sintió embelesado por la grandeza y la majestad de su Dios, el Creador todopoderoso. Comenzó a cantar: “¡YHWH, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos… Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas, que Tú formaste…” (Salmo 8).

Bajo la impresión de la gloria de Dios –visible en las estrellas del cielo– suena: “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites? Lo coronaste de gloria y de honra”.

El gran Dios tiene trato con el insignificante hombre. Él perfecciona la alabanza de la boca de los niños y de los lactantes. Él se hizo un lactante en el Niño de Belén, en el Buen Pastor que pone Su vida por las ovejas.

Los pastores reciben la nueva de que el Pastor ha nacido, “y la gloria del Señor les rodeó”. La fiesta ha comenzado. Los pastores en realidad de ningún modo tienen la impresión de que son bienvenidos a la fiesta de Dios. Ellos temen con gran temor. Por lo que a ellos atañe, tienen también motivo para ello. “No temáis”, les dice el ángel. “Porque, he aquí os doy nuevas de gran gozo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”. El Buen Pastor ha nacido. La profecía se va a cumplir: “Como pastor apacentará su rebaño; en Sus brazos llevará los corderos y en Su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas” (Isaías 40:11). De ahí el “gran gozo” en lugar de “gran temor”.

Un mensajero celestial viene a traer gran alegría a la tierra por el Evangelio que es júbilo para quienes han sido estremecidos por el resplandor divino. Así el Espíritu Santo introduce el gran ambiente festivo. En la fiesta se escucha una canción. El Salmo ocho, por ejemplo: “¡Oh YHWH, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra (…) ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria…?”!

Cuando el mensajero celestial cuenta lo que ha sucedido al terminar de anunciar la buena nueva, el cielo también entonó un cántico en la tierra para responder al anuncio del ángel. El anuncio y el canto hacen juego y nos unen a nosotros con todos los ángeles, que han cantado o coreado que Jesús ha nacido: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres”.

De la boca del Niño recién nacido, el lactante de María, Dios ha fundado la fortaleza, a causa de Sus adversarios, para hacer callar al enemigo y al vengativo (Salmo 8). Cuando al principio los pastores enmudecieron, son animados con alegría. A su vez pueden testimoniar y cantar. Desde entonces la Palabra del Niño ha ido de boca en boca. Si el nacimiento de Cristo no fuese primero anunciado a los pastores, en vano habrían buscado al Salvador. Lo que a ellos les es dado escuchar, que el Buen Pastor ha nacido, no es sólo un aviso. Se añade una promesa: “Hallaréis al Niño…”. Así que no: cuando vosotros os esforcéis, tal vez lo hallaréis… sino que: Hallaréis. Ellos también le hallaron, narra Lucas (vs. 1 6). Y más adelante en el Evangelio leemos que Jesús dice: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” 19:10). Eso es realmente lo que hace que el nacimiento del Señor sea una fiesta.

El Buen Pastor busca Sus ovejas. Comienza con los pastores de Belén, los más cercanos. Él busca y busca, también a los más lejanos, a los sabios de oriente. “Y hasta lo último de la tierra” (Hch 1:8). Y aún sigue buscando para encontrar. Nosotros no estamos menos dotados que los pastores de antaño. Entonces y ahora se cumple la palabra profética en relación con Él, que apacentará a Su pueblo (Miq 5; Mt 2:6). Pastorear de una manera sorprendente: El Buen Pastor se inmola por las ovejas de Su prado.

¿Es eso el final? No, el Gran Pastor de las ovejas ha resucitado de entre los muertos (Heb 13:20). Él pastorea con el poder de Su resurrección. El dice de Sí mismo: “Mis ovejas oyen mi voz, y Yo las conozco, y Me siguen; y Yo les doy vida eterna…” (Jn 10:27).

¡El Pastor actúa como Rey!

En la antigüedad se le llamaba al rey, el pastor de su pueblo.

¡Venid, adoremos al Buen Pastor!

¿Cómo? Siguiéndole a Él y con el coro de los ángeles y de los pastores reaccionar ante la Buena Nueva de Su nacimiento: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz!”.

Gloria y paz; cielo y tierra; Dios y los hombres.

“Y vosotros, ovejas mías, ovejas de mi pasto, hombres sois, y Yo vuestro Dios, dice YHWH el Señor” (Ezequiel 34:31).

M. Verduin
En la Calle Recta, N° 186

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El Pastor de los dos Pactos

Leer Zacarías 11: 4-17

El Pastor rechazado

El Pastor Eterno nos dice por boca del profeta Zacarías: “Apacenté, pues las ovejas de la matanza, esto es, a los pobres del rebaño. Y tomé para mí dos cayados: al uno puse por nombre Gracia, y al otro Ataduras; y apacenté las ovejas” (Zac 11:7).

De esta forma se nos muestra que el eterno Hijo de Dios, el Pastor, es desde siempre el único dador de la gracia divina. “La Vida (Cristo) era ya en el pacto anterior la luz de los hombres” (Jn 1:4). Aquí “Gracia y Ataduras”, equivalen a “gracia y unión”. Gracia significa la actitud divina de benevolencia hacia Su pueblo; Ataduras, responde al propósito de reunir a Judá e Israel, es decir la integridad física y espiritual de todo el pueblo (Ez 37:15-22).

Pero los administradores del Antiguo Pacto eran infieles y enemigos de Dios (Zac 11:15-17). La destrucción repentina de los tres pastores (v.8) significa que el pueblo de Dios ya no es apacentado por medio de los profetas, sacerdotes y reyes del Antiguo Pacto. El relato del versículo 11, cuando los pobres del rebaño miraban directamente al Buen Pastor, es una clara alusión al sacerdocio universal que no precisa de intermediarios.

En su primer advenimiento Cristo trajo la gracia de Dios también al Israel del Antiguo Pacto (Jn 1:11,17) y ofreció unión (Mt 4:17), pero fue vendido por treinta monedas de plata (Zac 11:12-13; Mt 26:15). ¡El Buen Pastor, pues, es rechazado por Su pueblo!

Otras ovejas, que no son de este redil

Con la muerte y resurrección de Jesucristo (Ro 3:24) comienza la dispensación del Nuevo Pacto, que es “la bondad de Dios y Su amor para con los hombres… no por

obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho” (Tit 3:4-5). Este Nuevo Pacto se extiende a “muchas naciones”, es decir a todos los que son de la fe de Abraham, quién creyó que lo que Dios había prometido, también lo iba a cumplir (Ro 4:16-17; Heb 11:11).

¿En el Nuevo pacto, el Pastor es aceptado o rechazado?

La base de la prueba a la que el hombre se somete en la actualidad ya no es más la obediencia a la ley mosaica con sus sacrificios, sino al hecho de aceptar o rechazar a Cristo como Salvador. El resultado inmediato de la aplicación de esta prueba fue el rechazamiento a Cristo por Su propio pueblo y Su crucifixión por judíos y gentiles (Hch 4:27). El resultado predicho de esta prueba a que el hombre actual se somete bajo la gracia de Dios es la apostasía de la iglesia profesante (2Ti 3:1-8) y los consecuentes juicios apocalípticos. Bajo la gracia Dios confiere en forma gratuita la vida eterna al pecador que cree en Jesucristo (Ro 6:23), pudiendo disfrutar así de la justicia divina mediante la gracia obtenida por la fe en el Mesías. “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Jn 1:17)

La gracia se manifiesta en la salvación, que se traduce, subjetivamente, en sentir interiormente el gozo y el deleite de estar poseído de la fiebre de amor a Jesucristo. Pero no sólo esto. La gracia y la salvación son realidades objetivas para el que cree, incluso en los momentos en los cuales no los advierte en sus sentimientos, como está escrito: “En esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de Él, pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y Él sabe todas las cosas” (1Jn 3:19-20). Y también: “Por fe andamos, no por vista” (2Co 5:7).

Él también nos da fuerza para seguir adelante predicando Su evangelio, teniendo la plena seguridad de que Jesús, murió por cada uno de nosotros, para que, ya sea que vivamos o que muramos, estemos siempre en unión con Él. (1Ts 5:10); así como en el nuevo comportamiento del salvado, quien disfrutando ya de la gracia divina en todo su ser, se mantiene en la presencia de Dios (Is 26:7; Pr 20:11; Flp 1:27, 2:12; 1Ti 4:12; Heb 2:1).

En espera de la Gloria

El pueblo israelita era una “nación” que estaba bajo “prueba” (Ex 19:5-6) y los “creyentes” en Cristo somos una “familia” en espera de la “gloria” prometida (Jn 17:22; Ro 5:1-2). Para el pueblo israelitita y para los de todo el mundo, nosotros –por supuesto– entre ellos, hay un “Abogado para con el Padre”, cuyo sacrificio propiciatorio nunca pierde su eficacia (1Jn 2:1-2). Moisés intercede pidiendo que se cumpla un pacto (Ex 32:12); Cristo señala su sacrificio (Jn 17:4), que es la fuente de donde viene toda la gracia de Dios.

Hermanos, es beneficio nuestro encomendarnos a Dios y a la Palabra de Su Gracia que tiene poder para apartarnos, sobreedificarnos y darnos herencia celestial, pues como el pastor aparta los ovejas de los cabritos, así el Gran Pastor, nuestro Señor Jesús aparta para Sí a los Suyos.

F.Torres y J.U.Kunz

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Serie Biblia IX

Libro Rut

Esta bella historia debe leerse juntamente con la primera mitad del libro de los Jueces, ya que las páginas de Rut muestran como era la vida de los israelitas en aquella época de caudillos, muy cargada de violencia y desolación, donde este breve relato es un manantial de dulzura.

Una joven moabita es el eje central de la narración. Ella, siendo viuda de un israelita, demuestra una extraordinaria lealtad a su suegra, al pueblo judío y al Dios de Israel. Su comportamiento llama la atención de un rico pariente, que de acuerdo a las leyes y costumbres de la época, y de la sociedad judía la hace su esposa. Rut fue, gracias a ese matrimonio, bisabuela del rey David y lejana antepasada de Jesucristo.

Su fe en el Dios de Israel y la obediencia a Sus mandamientos hacen que esta extranjera forme parte de los antepasados de Jesús, lo cual demuestra que Dios no hace distingos de personas por su nacionalidad o raza.

Este libro muestra también a través del comportamiento de Rut lo que es la experiencia cristiana normal de cualquier persona que acepta a Cristo, como su Redentor, es decir:

1.  Capítulo 1, La decisión de Rut,
2.    Capítulo 2, El servicio de Rut,
3.    Capítulo 3, El descanso de Rut,
4.    Capítulo 4, La recompensa de Rut,

Fernando Torres

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Himno

Canten con alegría las alabanzas de Cristo el Rey;
Anden en los caminos que nos mostrara su augusta grey.
Vivan los redimidos en las victorias del Vencedor;
Para que todos juntos veamos las glorias del Redentor.

Cristo es la luz del mundo, y el que le sigue, la luz tendrá;
Cristo es el pan de vida, y el que de Él come no morirá.
Cristo es la fuente viva, y el que de Él bebe no tendrá sed;
Y si queréis la vida, id a la fuente y allí bebed.

Cristo es, de las ovejas que Él redimiera, su Buen Pastor;
Vino para salvarlas pero sufriendo cruento dolor.
Y al derramar su sangre en el madero de aquella cruz,
Vida, paz y esperanza, y eterna gloria nos dio Jesús.

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Pastor de pastores

Cuando era muy jovencito, aún no había conocido a Jesucristo personalmente. Como otros chicos de mi edad buscaba ser aceptado por los demás y me identificaba con los líderes del grupo de rock más popular del momento. Su líder era para mí el poseedor de todas las cualidades que yo hubiera querido tener como roquero: rebelde, desprejuiciado, excelente tocando la guitarra, con ropas de cuero.

Un día, en ocasión de un recital que presentó en mi ciudad, yo estaba en la primera fila disfrazado, claro está, con toda la parafernalia que caracterizaba a los seguidores del conjunto, aguantando empujones y pisotones con tal de estar cerca de mi banda preferida. Al finalizar el frenético show, observé que el líder de los músicos dejó su guitarra sobre el escenario. Había leído en las revistas especializadas que él jamás dejaba que nadie tocara su guitarra así que sabía que seguro volvería personalmente a buscarla, y así fue.

Habíamos quedado pocos a la espera de verlo de cerca, el lugar estaba casi vacío, cuando por fin apareció corriendo y tomó su guitarra. Todos gritamos su nombre y esperábamos el saludo de él, quien en lugar de hacer lo mismo, con su mano nos hizo un gesto obsceno con su dedo medio.  

No sé qué habrán pensado los otros pero yo ese día sentí que un ídolo se me había caído. Ya no podía volver a verlo como antes, y si de alguna manera puedo describir cómo me sentía la palabra exacta es: solo.

Cuando conocí a Jesús pude ver que toda la búsqueda anterior de guías para identificarme con ellos había sido no sólo vana sino peligrosa.

Fui un ciego guiado por ciegos. Me di cuenta de que con los demás chicos éramos como ovejas sin pastor y que el lobo aprovechaba la confusión para hacer carnada de nosotros. Si nuestro ídolo no sabía lo que quería ¿Cómo alguien sin guía podía servirnos de modelo?

Gracias a Dios por su misericordia, alguien me habló de Jesús y su Palabra, y pude vivenciar que este suceso que se describe en Marcos 6: 34, se sigue repitiendo en la actualidad: “Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.”

Gracias al Pastor de pastores que nos garantiza un camino seguro hacia Él, poniéndonos como ovejas, guías conforme a su Palabra: “Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas, dice Jehová.”

Es mi deseo que Dios ponga ante ti guías seguros que nos lleven a vivenciar el amor infinito de Jesucristo. ¡Dios te bendiga!

Hugo Alberto Díaz  

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Sopa de letras

STEJUBILOEUD
OTANGELESFÑL
LEAOENIÑOROB
USALVADORADE
CTIPACTOETIL
IRRCPRTNDAVE
OEOORSUPOBAN
NLLAAIRPPIDM
ELGPINSEORSA
SAURRALTDRAG
OVEJAEVROANO
SOEAMEGPTIAS

ANGELES ARRIBA BELEN CRISTO DAVID EFRATA ESTRELLA GLORIA JUBILO MAGOS MARIA NIÑO OVEJA PACTO PASTOR RUT SALVADOR SOLUCIONES TODOPODEROSO

Las 19 voces se esconden en el cuadro de letras.

Solución del acertijo del mes de noviembre

Frase de solución: SOBRE TODO VESTIOS DE AMOR.

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