Portada
Niños
Archivo
2003
2004
2005
Enero 04
Marzo 05
Abril 05
Mayo 05
Junio 05
Jul/Ago 05
Sept. 05
Octubre 05
Noviembre 05
Diciembre 05
2006
2007
2008
Quiénes somos
Suscribirse
Contacto
Divulgación
Ofrendas
Pasatiempos
Enlaces
MDP Archivo 2005 Junio 05

Mensaje de Paz
Edición de junio de 2005
Descargar la versión gráfica PDF

Índice
Privilegio…
El cielo se me abrió
El cuarto oscuro
También es el Dios de la noche
La comunión del alma
Primer Libro de Crónicas
Partes de una obra maestra
Planes muy diferentes


Privilegio…

Un joven cuya familia padecía muchas enfermedades, llegó una mañana un poco cansado a su trabajo después de haber pasado la noche en vela junto a un enfermo. Esto dio ocasión a un colega para burlarse de su fe.

– ¿Cómo es posible que ustedes, los más creyentes, sean gente tan enfermiza y débil? Dicen que Dios es amor. ¿Pero qué amor es éste, que hace sufrir a los que le aman y en Él creen? Yo, por ejemplo, no practico nada, pero soy fuerte y sano.– Al mismo tiempo golpeó su pecho con el puño haciéndolo retumbar.

– Bueno –respondió el joven– la razón es que usted no es un hijo de Dios, porque el Señor al que ama, disciplina. Y azota a todo el que recibe por hijo. La Biblia dice: “Si se os deja sin disciplina… entonces sois bastardos, y no hijos” (Hebreos 12:8).

¡Qué respuesta! Y el Señor sigue llamando a todos: “¡Buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano!”.

Al índice


“La llevaré al desierto y hablaré a su corazón” (Oseas 2:14).

El cielo se me abrió

Testimonio

Mi nombre es Concepción Castro Berenguer. Nací en un pueblecito de Granada, España, en el año 1928. En 1937 España estaba en plena guerra civil, y a consecuencia de ello perdí a mi padre y fui ingresada a los 9 años en un internado de religiosas, del cual salí 25 años después.

Mi niñez y juventud las pasé entre misas, rosarios, novenas y sermones. Yo era una niña con tendencia a la piedad y a la disciplina, tanto era así que después de terminar mis estudios de Magisterio, con 20 años, decidí tomar los hábitos y hacerme religiosa.

Pero ahí empezó mi calvario. Yo amaba a Jesús, quería ser digna de Él y para ello me propuse ser santa. ¡Qué martirio! Quería vivir mi vida religiosa con la máxima perfección y al ver que no lo conseguía empecé a entrar en una enorme depresión, y a abandonar mi vida de oración y mi comunión con el Señor.

Lloraba, me afligía, prometía, comenzaba de nuevo, pero ante mi primer fracaso, volvía otra vez a la frialdad. Y al abandono de todos mis buenos propósitos. ¡Qué lucha! ¿Podía seguir dentro del convento considerándome una total fracasada?

En 1962 salí del convento, tenía 34 años y dos años después me casé y emigramos a Alemania. A pesar de mis fracasos y considerándome una indigna hija de Dios, yo luchaba por seguir siendo una buena católica. Dios me bendijo dándome un precioso hijo a cambio de un fracasado matrimonio. Pero dentro de mi corazón presentía que mi calvario duraría poco, y así fue, en 1982 quedé viuda y ahí me esperaba el Señor.

El mes de julio de ese mismo año tomé contacto con un grupo evangélico de habla hispana. ¡El cielo se me abrió! Jesús me amaba, me perdonaba, y me había cuidado durante toda mi vida, tan llena de vicisitudes. Comprendí que Él me amaba y que mis buenas obras no hacían méritos para que mi Jesús tuviese más interés por mí que por los demás. Comprendí mis muchas limitaciones, pero Él, así y todo me amaba. ¡Qué consuelo para mí fue llegar a aceptar mi incapacidad de hacer méritos que me granjearan el Cielo! ¡Cómo me cambió la vida! Yo necesitaba ese Jesús perdonador, amoroso, comprensivo que me aceptara como yo era. ¡Fuera con mi propia santidad, capa ficticia de vanidad! Yo era como era y así me aceptaba Él.

Desde entonces mi Jesús ha sido amigo y compañero, y aunque he tenido tropiezos me he sentido amada, comprendida y perdonada por Él.

Hoy día mi ilusión no es ser santa, sino amarle a Él con todo mi ser cada día más y más. ¡A Él sea la gloria!

Concepción Castro Berenguer, En la Calle Recta n° 193

Al índice


El cuarto oscuro

A ninguno de nosotros nos gusta tener problemas o dificultades. Sin embargo, nos tocan aun cuando somos hijos de Dios.

La Biblia nos da muchos ejemplos de varones de Dios que fueron examinados por sus sufrimientos. José, por ejemplo, fue traicionado y vendido por sus propios hermanos (Génesis 37:12 ss.). Si no nos entiende el mundo no nos sorprendemos, pero si otros cristianos nos entienden mal, evitan o aun rechazan vehementemente, podemos caer en dudas.

El rey David también tenía muchos conflictos y mucha persecución en su vida, aunque era el escogido de Dios.

De igual forma podemos mencionar a Job que tuvo que sufrir pérdidas de todas sus posesiones y todos sus hijos, su salud, y además de comprensión por parte de sus amigos. La pérdida del trabajo, enfermedades o la muerte de un familiar siempre nos someten a pruebas tremendas.

No por último a los cristianos se les acercan pruebas, dificultades y también crisis espirituales. La Biblia nos relata sobre Elías quien tenía miedo a sus enemigos espirituales hasta el punto en que ya no tuvo ganas de vivir (1Reyes 19:1-4).

¿Por qué permite Dios tal problema en la vida de sus hijos?

Quiero comparar esto con el trabajo de un fotógrafo. Después de sacar las fotos el fotógrafo saca el carrete de la cámara fotográfica. Si extrajera ahora la película del carrete y la expusiera a la luz, en las fotos todo lo que estuviera a la vista quedaría blanco y no podría identificarse nada. Por eso tiene que sacarla para revelar las fotos. Y necesita un lugar muy oscuro donde sólo puede encender una tenue luz roja. Después de un proceso complicado baña los papeles de foto en un líquido especial, el revelador, y cuando se secan, tiene nuevas fotos en blanco y negro o en color.

Igual que el fotógrafo necesita el cuarto oscuro para revelar fotos, Dios a veces nos da tiempos oscuros con problemas y dificultades. Quiere que desarrollemos nuevas vistas de nosotros mismos o de nuestro prójimo, y que crezcamos en el conocimiento de Él. Es que una y otra vez olvidamos como seríamos sin Cristo, cuánto nos ha perdonado y cómo somos obsequiados con la Gracia. Si tenemos esto en la memoria, tratamos también al prójimo de una manera más misericordiosa, paciente y comprensiva (Efesios 4:2). Y por supuesto, conocemos mejor a Dios con cada ocasión en que comprueba nuestra fe. Si ponemos toda nuestra confianza en Él y sus promesas, hasta con asombro vemos que entra en acción, y cómo soluciona nuestras dificultades invencibles.

De este modo lo experimentaban también los personajes bíblicos:

José, aunque inocente, tuvo que pasar muchos años en la cárcel, sin embargo, no perdió su confianza en el Señor, y Dios hizo de él el segundo hombre más importante del reino de Egipto; así fue que pudo salvar a mucha gente de la muerte. (Génesis 37 ss.)

David perseveró en Dios y recibió el testimonio: “He hallado a David, hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero” (Hechos 13:22).

Job discutió con el Señor, pero al final podía decir: “De oídas te conocía, mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5).

A Elías Dios envió su ángel que lo aprovisionó. “Fortalecido con aquella comida anduvo cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.” Allí encontró al Señor, pudo hablar con Él y recibió nuevos encargos (1Reyes 19: 8-18).

El apóstol Pablo también tuvo que pasar tiempos oscuros en su vida para conocer mejor a Jesucristo y para ser más útil en el reino de Dios (Hechos 9). Dijo: “aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Filipenses 3:8).

El conocido misionero de China Hudson Taylor dijo que es más importante aprender la lección que salir de las situaciones difíciles.

No obstante en todo esto es necesario que utilicemos el “revelador” correcto. Si el fotógrafo usara cualquier líquido, no tendría resultados o sólo efectos engañosos. El revelador espiritual por medio del cual recibimos vistas correctas de Dios y de la vida, es la Biblia, que significa que tenemos que valorar todo por las Sagradas Escrituras; y la única lámpara que puede iluminarnos, esa luz roja, es el Espíritu Santo. Esto es muy importante para que Satanás no pueda usar el cuarto oscuro como cárcel, ya que quiere que perdamos la esperanza, la fe y la vista fija en Jesús.

Por eso, ¡aceptemos agradecidos la escuela de Dios, confiando que tenga la mejor solución para toda nuestra vida! y finalmente veremos lo que hemos creído.

Hartmut

Al índice


También es el Dios de la noche

“Tuyo es el día, tuya también es la noche, tú estableciste la luna y el sol.” (Salmo 74:16)

En este versículo el salmista estaba pensando en el cuidado de Dios a través del período de las 24 horas. Pero para mi mente sus palabras tienen un significado más amplio. Dios no deja Su trono cuando las sombras de la aflicción traen oscuridad a nuestras vidas. Está con nosotros tanto en nuestra perplejidad como en nuestra prosperidad. Si confiamos en Él sea lo que fuere, lo que venga sobre nosotros, Él nos mostrará que Él es también el Dios de la noche.

Al leer el relato del martirio de un misionero en el África, mi corazón quedó convencido y retado por las palabras de su viuda. Ella escribió: “Me sentí como un pájaro en una jaula. Pero me determiné a ser un canario, cantando, y no un estornino, batiendo mis alas contra la jaula… Esto ha llegado a ser la bendición suprema de mi vida.” Aquí vemos a un cristiano que se da cuenta de que Aquel que lo mantiene todo en control cuando el sol brilla, está también en control cuando las tinieblas cercan el alma. El compositor del himno lo expresó de esta manera: “Creeré, por oscuro que sea el camino, / Aunque sólo espectros tenebrosos veo ahora ante mí. / Creeré, a nada temeré; / Porque los encendidos dardos, a menudo las dudas son. / Creeré, porque Dios está a mi lado, / y Jesús por mis pecados fue crucificado. / La cruz, la vacía tumba, dan seguridad; / y a Su poderoso brazo mi alma se aferrará.”

Querido amigo, si te has encontrado de repente echado en la negrura de una difícil prueba, ¡toma aliento! Aquel que andaba contigo en la luz, continúa estando contigo. Puedes confiar en Él, que te guía con seguridad a través de tus largas horas de oscuridad. El Dios del día es también el Dios de la noche.

P.R.V., “Nuestro Pan Diario”

Al índice


La comunión del alma

Callada y feliz, ahí va con gozo,
cantando en silencio su canción sólo suya,
porque espera, ve, sabe y comprende,
que su Dios es fiel y cuán bienaventurado
es ser por Él querida.

Cada día espera ver grandes proezas,
aunque la lucha parezca sin victoria,
y el desánimo a la esperanza hiera,
todo lo imposible es posible para el
Dios que la sustenta.

Levanta sus ojos con expectación serena
porque sabe que hoy, y mañana, o en un momento
verá la mano omnipotente y divina,
que con su toque abrirá las difíciles aguas,
o dejará en el corazón su paz y su alegría.

Callada y feliz, ahí va con gozo,
aunque el desprecio de los hombres le duela,
aunque en el olvido la dejen sola,
con el amor de Dios está completa,
Él es en ella toda suficiencia.

Isabel Martínez

Al índice


Serie Biblia XIV

Primer Libro de Crónicas

La mayoría de los acontecimientos narrados en los libros de Samuel y Reyes se repiten en los dos libros de las Crónicas, sin embargo, no es una simple repetición, sino que son enfocados y analizados desde otro ángulo. Hay asuntos resumidos y otros ampliados. En la escritura de este Primer Libro de Crónicas el autor sagrado ha ido a fuentes tales como Génesis, Éxodo, Números, Josué y Rut. Nos cita importantes documentos que nos enriquecen en el conocimiento histórico del pueblo hebreo, como son –entre otros– las Crónicas del profeta Natán o del vidente Gad (29:29). Este libro contiene una larga genealogía que nace en Adán extendiéndose hasta Saúl (cap. 1-9), en las que detalla las líneas de sucesión de David (cap. 3), Aarón (6:49-81) y Saúl (9:35-44). Hace mucho hincapié en la labor realizada por David como gobernante del pueblo escogido. En él se explica minuciosamente el traslado del Arca del Pacto a Jerusalén, la organización del culto, las funciones de los Levitas, y los preparativos y acopio de materiales para construir el Templo (15:1 - 17:27; 21:28 - 22:19). Se presenta a David como el verdadero fundador del Templo, a pesar de que quien lo construye es su hijo Salomón (28:1 - 29:25); prefiriendo omitir sucesos que ensombrecen la memoria de David como gran rey de Israel.

En el marco histórico este Primer Libro de Crónicas es un recordatorio perenne de que la vida del pueblo hebreo dependía de su fidelidad al Señor; una fidelidad individual y colectiva, demostrada por la obediencia a la Ley y el mantenimiento de una sincera vida piadosa; lo cual posibilitó que David impulsara la edificación del Templo y trazara las normas a seguir en el culto, pues él sabía que mientras la comunidad judía fuera leal a la distinción de ser el pueblo escogido por Dios, Dios le mantendría su protección y apoyo.

Este libro puede dividirse en tres partes principales:

1.  Genealogías desde Adán hasta David, 1:1 – 9:44.

2.  Desde el derrocamiento y la muerte de Saúl hasta el ascenso de David al trono, 10:1 – 12:40.

3.  Desde el ascenso de David hasta su muerte, 13:1 – 29:30.

Fernando Torres

Al índice


Partes de una obra maestra

Un observador tuvo una vez la oportunidad de visitar una fábrica de alfombras en Turquía, cuyas alfombras son famosas por su belleza sin igual.

Andando por el edificio lo primero que vio fue a varias personas con pelotas de hilo en las manos andando de manera aparentemente confusa, de aquí para allá, moviéndose como sin sentido, acercándose y alejándose de él.

– ¡Esto es un lío! –pensó. Algo, sin embargo, llamó su atención: todas esas personas miraban hacia arriba. Siguió con su mirada la vista de ellos y alcanzó a divisar en lo alto, sobre las vigas del edificio, a un hombre que daba órdenes y señalaba a los portadores de los ovillos de hilo que se movían abajo.

Entonces de repente comenzó a comprender esa imagen fabulosa: ninguno de los hombres en el suelo podía percibir el diseño de la alfombra que estaban haciendo. Pero todos ellos formaban parte de una obra muy grande, ordenada y dirigida por el hombre de arriba.

¡Qué alivio nos dio esta ilustración dada por un predicador visitante en nuestra Iglesia! Las complicaciones de la vida muchas veces nos hacen preguntar: ¿qué es lo que Dios está haciendo con nosotros? ¿Con tantas idas y venidas aparentemente desordenadas? Pero el consuelo que Él nos da es éste: Yo lo sé y Yo lo entiendo.

Es Él quien ve el hermoso trabajo artístico que se está haciendo bajo su atenta mirada. Él es quien sabiamente nos dirige a todos nosotros en medio de la aparente confusión. ¡Sólo nos pide que miremos arriba, que estemos atentos a Él con confianza, y le obedezcamos!

Seremos entonces parte de su maravillosa obra y todo… ¡nos saldrá bien!

Traducido por: Hugo Alberto Díaz

Al índice


Planes muy diferentes

A veces creemos que los planes que Dios tiene para nosotros no son del todo buenos. Sucede que deseamos alcanzar nuestras metas de una manera que a nosotros nos parece la mejor y cuando no salen así, pensamos ¿qué quiere Dios de mí?

Dios quiere lo mejor para nosotros. Sin embargo, la forma de alcanzarlo puede ser diferente de lo que nos propusimos.

Cuentan que una vez un hombre estaba escapando de unos malhechores armados que lo perseguían. Decidió entonces esconderse en una cueva con una pequeña entrada por la que sólo se podía entrar agachado. Desesperado pidió a Dios que le enviara ángeles que tapasen la entrada de la cueva y que al verlos ahuyentaran a los malhechores, sin embargo, el tiempo pasaba y no había señales de que Dios le enviara ángeles, ni luces ni truenos estridentes.

Los minutos avanzaban desesperantes, una pequeña arañita con mucha tranquilidad comenzó a tejer su tela en la abertura de la cueva. Desesperado el hombre clamaba más a Dios para que lo escuchase y le enviase de una vez los ángeles que taparan el escondite, pero nada parecía suceder.

Habían pasado ya varios minutos, la arañita había creado su tela en toda la entrada de la cueva y ya se escuchaban los pasos de los malvados que seguían sus huellas.

El hombre estaba entregado a su suerte, no podía creer cómo Dios se había olvidado de él. No había mandado los ángeles que le pidió y seguro moriría en manos de los asesinos que ya estaban frente a la entrada de la cueva. En eso escuchó a los malos discutir:

¡Vamos, ya! ¡Entra! ¡Debe estar allí!

¿Qué dices? ¿No ves esa tela de araña? Aquí nadie ha entrado por ese huequito desde hace tiempo.

Los malhechores se fueron corriendo de ahí.

Fue entonces que el hombre sobrecogido, se humilló ante la grandeza de Dios y le dio gracias por la arañita.

No sé si esta historia es verídica, pero qué bien ilustra lo que a veces nos pasa cuando creemos que la mejor forma de alcanzar nuestros objetivos es como nosotros creemos o cuando esperamos que la intervención de Dios sea espectacular y que descienda fuego del cielo o algo así.

A veces Dios alcanza lo mismo de una manera tan simple que nosotros ni nos hubiéramos imaginado. Pero, aunque sea con toda sencillez y ante la aparente tardanza, hay algo cierto en esto: Dios quiere lo mejor para nosotros y… ¡siempre llega a tiempo!

¡Que Dios te bendiga!

Hugo Alberto Díaz

Al índice



Top