MDP Archivo 2006 Febrero 06
Índice
¡Buen ánimo!
Comprendí que Dios me había hablado
Liberación del vicio más secreto
¿Qué esperas de la droga?
“No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18).
¡Buen ánimo!
Esto se lo deseamos a usted, estimado lector. ¡Que usted tenga buen ánimo, que esté feliz!
Sería inútil desearle una vida sin problemas, porque las contrariedades son parte de esta vida. Usted las tendrá. Pero le deseamos que los conflictos no condicionen en absoluto su estado de ánimo y que no le dañen a usted.
Esto es la voluntad de Dios. Él mismo se ocupa de que nada ni nadie pueda causar daño al que ama a Dios. Pero no sólo esto, sino hace que todas las cosas le ayuden para bien (Romanos 8:28).
Estimado lector: ¿Ama usted al Señor?
No seáis insensatos
Todos los humanos hemos nacido con la calificación espiritual de “pecador”. Por esto una buena dosis de “insensatez” forma parte de nuestra naturaleza.
En primer lugar habría que resolver el problema personal de “pecador”. ¿Por qué no solucionar ahora ese problema que trasciende el acá y el más allá? De la gloria eterna dice la Palabra de Dios: “No entrará en ella ninguna cosa impura o que haga abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:27). Según la Biblia el purgatorio no existe, pero del infierno dice: “Los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apocalipsis 21:8).
Ante tal realidad parece lógico que nuestra primera preocupación sea salvar el alma. Pero la cobardía –manifestación del pecado– hace que muchos opten por la superficialidad y otros por la distracción en una carrera ambiciosa.
Sin haber resuelto el problema del más allá, en el acá no hay verdadera alegría. Por esto la Escritura dice: “Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efesios 5:17).
No os embriaguéis
El alcohol, la nicotina y el abuso de otras drogas no resuelven ningún problema. Al contrario, esas sustancias que tienen efectos narcóticos, estimulantes o sicodélicos llevan a la desintegración, a la tristeza, la enfermedad y hasta la muerte. ¡Cuántos bebedores “moderados”, aunque nunca están borrachos, son insoportables para los suyos por su carácter dominador, por la ausencia y por el despilfarro del dinero!
Muchos adictos creen tenerlo todo “bajo control”, pero gradualmente están deslizándose hacia abajo: falta de dinero, traición a sus amigos y familiares, enfermedades, etc.
Cuando Dios nos advierte contra esos males, no lo hace solamente por motivos sociales o de sanidad, sino por el resultado de la degeneración espiritual: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución”, es decir, beber (o cualquier abuso de drogas) provoca desorden, corrupción, libertinaje, vicios, falsedad, decadencia y dolores.
Sed llenos del Espíritu de Dios
La Biblia nos ofrece la solución. ¡Hay que llenarse completamente de Dios! En él no hay pecado, ni culpa, ni temor al juicio…
¿CÓOOMO se hace?
El Señor Jesucristo nos instruye a dar dos pasos, en Marcos 1:15:
1. ¡Arrepentíos!
Admite y confiesa que no eres suficiente por ti mismo, que tienes esos problemas y que te hace falta que se te ayude.
2. ¡Creed en el evangelio!
El buen anuncio es que hay una salida. Jesucristo se cargó de nuestros fracasos y nuestras culpas. Él perdona ampliamente y libera de los vicios. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (Juan 1:9). “El que me ama –dice Jesús– mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él” (Juan 14:23). “Sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales…”
Regocijarse en el Señor
Siguiendo la receta de Efesios capítulo 5, “…cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”; comprendemos que aquí no se habla de un entusiasmo momentáneo, sino de una nueva actitud hacia Dios y hacia la vida. Dar gracias siempre y por todo. Esto es una receta fundamental, si queremos “tener buen ánimo”.
Mi amigo: entregue su vida a Cristo para pertenecer de veras a él. Él será su dueño y su padre. Ya no tendrá usted que estar preocupado y atormentado, ni tener miedo al futuro o terror a la muerte.
Por eso Jesús repite: “No temáis… ¿por qué estáis turbados?... No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí”.
¡Buen ánimo!
Al índice
Comprendí que Dios me había hablado
Me llamo Sergio y tengo cuarenta años. Soy el mayor de cuatro hermanos. Muchas necesidades marcaron mi adolescencia, como el no tener luz por un mes por falta de pago o comer bocadillos durante semanas porque nos habían cortado el gas. Por eso, con quince años, cuando me echaron del colegio porque mi padre no pagaba –delante de toda la clase me dijeron que me fuera– decidí ayudar, y me puse a trabajar. Tuve que desempeñar el papel de mi padre de “dar seguridad económica.”
Me planteaba si Dios existía, y llegué a la conclusión de que no. Si Dios existiese ¿iba a dejar que unos niños pasasen por todo eso?
También vi que la sociedad en la que vivía era hipócrita porque aunque hablaban de la felicidad no la encontraba por ningún lado, sólo veía tristeza y frustración.
Habíamos pasado de una dictadura a la democracia, de la más absoluta represión al libertinaje más alocado. Se introdujo la droga y aprendí a fumar tabaco para poder fumar porros, y los porros me llevaron a consumir alcohol, y en unos meses pasé la línea que separa el orden del caos, y empecé a escalar peldaños hacia la cima. Después fue marihuana, LSD, y con 16 años me puse mi primer pico. La gente me decía “ten cuidado con la heroína, no se controla”, y yo me creía capaz de hacerlo, pero al final ella fue quien ganó. Pasó a ser la razón de mi existencia, todos mis pensamientos y esfuerzos eran para poder conseguirla y cuando estaba puesto, pensaba dejarla; estaba metido en una trampa sin salida.
Después de muchos intentos fallidos llegué a un centro de ayuda al drogodependiente. Estuve un año sin consumir, llegué a echarme novia; ella era una de mis psicólogas, pero volví a caer y cada vez era peor. Hice casi de todo para conseguir droga. La hermana de mi novia empezó un estudio bíblico y puso su fe y esperanza en Cristo. Yo me reía de ella, le hacía preguntas que no sabía responder y nos invitó a conocer al chico con el que estudiaba la Biblia. Aceptamos sólo para reírnos de él.
Se dice: “Ten cuidado con la Biblia, puede cambiar tu vida”, y eso fue lo que me ocurrió. Después de cometer un delito en un banco conseguí mi heroína y cuando iba a ponérmela tuve miedo de Dios, sabía que si moría en ese momento, Dios era justo al condenarme, entonces empecé a buscar a alguien que me ayudara. No pude contactar ni con mi novia ni mi familia, sólo me quedaba el chico de la Biblia. Le conté lo que me ocurría y consiguió un centro cristiano donde podía ir.
Allí vi por primera vez gente con amor, se interesaban sin conocerme de nada, eran felices con lo que eran y tenían, ¡la felicidad existía entonces! Yo quería eso para mí y me decían que ellos eran así porque tenían a Cristo. Otra vez Dios estaba interviniendo en mi vida. Me predicaban el evangelio: Cristo ha muerto por ti para salvarte, arrepiéntete, de tu pecado. El pecado no te deja ser libre.
Había un versículo en la pared de la casa donde estaba “…y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Juan 8:36) y estas palabras rompían unas cadenas. Pensaba “eso es lo que necesito, la verdad para romper las cadenas de mi problema con las drogas, con la soledad, la tristeza, la infelicidad”, y les pedía que me hablasen de Dios y yo le buscaba como ellos me decían en oración con el corazón, pero no le encontraba, lo hacía con los ojos físicos y no con los espirituales de la fe. Por otro lado tenía otro tipo de pensamientos, ¿y si estos son de una secta, o si están locos? Yo era el que me volvía loco con esa lucha interior, por un lado creía lo que ellos eran y me decían, por otro pensaba que eran una panda de locos. ¿Si es verdad, por qué no he oído esto antes, por qué la gente no lo sabe? Sentía que mi cabeza iba a estallar. Una noche, en la cama sin poder dormir, pasando el mono, con dolores y ansiedad, llegué a una gran desesperación como jamás había tenido, oré mentalmente desde lo más profundo de mi ser y pedí a Dios que me ayudase a ver si era verdad lo que decían, y si no, que me lo mostrase para salir cuanto antes de ahí. Y a los pocos minutos, el responsable de la casa estaba soñando y empezó a hablar, dijo: “no mires hacia atrás, sigue hacia delante”, en ese momento comprendí que Dios me había hablado, había contestado mis súplicas, me vi como realmente era delante de Dios, un gran pecador. Me tiré de la cama y empecé a llorar y a arrastrarme por el suelo como un gusano porque así me sentía delante de Dios. Esa noche puse mi fe en Jesucristo, le acepté como mi Señor y Salvador.
Sergio Zapardiel Garcia salió de las drogas hace trece años, y hoy es el responsable de la obra social de su Iglesia en Vicálvaro, Madrid.
Al índice
Liberación del vicio más secreto
No puedo librarme de ningún vicio mientras lo tenga por necesario o perdonable. Y ocultando las adicciones ellas no pierden sus fuerzas sino acrecientan su dominio.
“No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas… porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. (Efesios 5: 11-12).
El que trata de ocultar su pecado, con frecuencia se defiende alegando los pecados de los demás:
– ¿Yo glotón?... ¡pero yo no robo como hace Fulano!
Aun más triste es ese juego de evasión cuando es entre cristianos. Por ejemplo se habla de vicios o del problema de la adicción e inmediatamente se oye: “¡Pobrecitos esos adictos, esos toxicómanos”! Pero ¿qué tal la situación entre los que están conversando? Mujeres que tienen que suspirar bajo la prepotencia de sus maridos, hijos abusados, tareas abandonadas… Hay calumniadoras y calumniadores, envidiosos, avaros, perversos e impuros en la vida sexual etc. – ¿Y todo esto detrás de una “fachada limpia”?
¿Ligado o libre?
Dios no quiere que vivamos dominados por alguna adicción, algún pecado o malsana costumbre, ni en lo más escondido. Pero nadie puede jactarse de ser “limpio” por sí mismo. Nuestro perdón y nuestra limpieza vienen de Cristo, si él mora en nosotros.
A veces, la reacción de ciertos pastores, ancianos o “miembros situados” de la iglesia hacia los “pobres pecadores” deja sospechar una gruesa mancha negra en sus propias vidas. Igual como el glotón mencionado esconde su pecado acusando a Fulano por robar. Para algunos viene cómodo de que a su alrededor haya “pecados más graves” (o menos populares).
Amigo: ¿hacia dónde vuelves siempre tus ojos, a la ciudad, a la prensa o a Internet? Amiga: ¿estás adicta a mirar películas o leer novelas? ¿Qué tal vas con la fidelidad –incluso en tus pensamientos– hacia tu cónyuge (o cónyuge futuro)? ¿Cómo funciona tu lengua en cuanto a decir la verdad? ¿O tienes un ansia desmedida hacia el dinero que (todavía) no te pertenece? ¿A quién estás envidiando, y a quién odiando? – ¿Y el derroche de dinero en juegos, diversiones, etc., no es un vicio, un pecado?
No hay excusa. Jesucristo dice: “De cierto, de cierto os digo que todo aquel que practica el pecado, esclavo es del pecado” (Juan 8:34). De aquí nacen las adicciones.
Tres tipos de dependencia
En general, el afectado tarda mucho en reconocerse “dependiente”, porque el pecado, el vicio, la droga parece ayudarle en alguna difícil situación. Sólo pasando el tiempo se da cuenta de que ya no domina sino es dominado.
Dependencia espiritual: El enemigo de Dios existe y trata de ejercer su dominio sobre todos los hombres para que crean, piensen y actúen contrariamente a la voluntad de Dios. Especialmente cuando una persona quiere librarse de sus ideas y costumbres pecaminosas, la obligación hacia el mal viene a ser tremendamente absoluta.
Dependencia física: Cuando el cuerpo se acostumbra a ciertas sustancias (drogas) que alteran la personalidad, al dejar de usarlas, el cuerpo reacciona con sudoración o fiebre o dolor de los músculos o mareos hasta vomitar.
Dependencia psíquica: Este término se introdujo porque abandonando algunas drogas (por ejemplo LSD, cocaína, hachís), la dependencia de ellas no es física, sino psíquica. El deseo de volver a consumir puede aumentar hasta hacerse incontrolable. La privación de dichas sustancias puede causar también apatía o dar inicio a la depresión.
Salir es posible
La liberación empieza admitiendo que el propio estado de dependencia es una adicción, una vileza, etc. Luego hace falta la determinación: “¡no quiero, no puedo continuar porque el precio es demasiado alto!”
El ser humano no puede librarse por sí mismo. Sólo entregando la vida al “más fuerte”, es decir, a Jesucristo, puede experimentar la verdadera liberación. Únicamente por el arrepentimiento y la fe en Jesucristo se obtiene la liberación. Y sólo permaneciendo firmes en la decisión de que Él sea el dueño de la vida, el enemigo pierde el derecho y el poder sobre espíritu, alma y cuerpo (Mateo 12: 29, 43-44).
Hay que aceptar ayuda. Hace falta ser acompañado y enseñado en la “libertad en Cristo” y en las nuevas actitudes y maneras de reaccionar y vivir. Especialmente durante y después de una desintoxicación hace falta la asistencia de personas que conocen la problemática porque independientemente del tipo de la droga, el paciente advierte angustias, desasosiego, inseguridad… Los síntomas físicos pueden aumentar hasta lo insoportable. Muy útil es encontrarse en un ambiente libre de drogas y tentación agresiva del pecado, pero con personas sensibles, que sean capaces de ayudar a superar esos difíciles momentos.
Casos que son acompañados por depresión u otros estorbos síquicos requieren una paciencia sin límites tanto del paciente como de su asistente. Cuánto vale en estas etapas la palabra de Jesucristo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11: 28). Y su promesa es vigente en todo caso: “Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. Y: “Así que, si el Hijo os liberta, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:31, 36).
Juan
Al índice
¿Qué esperas de la droga?
La dificultad de la juventud es aprender a asumir la responsabilidad de lo que uno vive. El niño no se preocupa mucho de eso – sencillamente confía en sus padres. Un adolescente no quiere que sus padres dirijan más su vida. Aunque por un lado todavía necesiten a sus padres, por otro lado es normal esta fase de desprendimiento. No obstante, hay muchas cosas nuevas. No sólo el cuerpo crece, también el joven tiene nuevas sensaciones que todavía no conoce; por ejemplo el sentimiento de estar enamorado, el miedo de tener responsabilidades y la incertidumbre de la vida. Es el desafío de la adolescencia aprender a manejar todo esto.
Además dice la Biblia que Dios “ha puesto eternidad en el corazón del hombre, sin que este alcance a comprender la obra hecha por Dios desde el principio hasta el fin.” (Eclesiastés 3:11)
En esta inseguridad muchos intentan huir de los conflictos interiores que causa el desarrollo de niño a adulto y aún más el anhelo inconsciente de Dios. Aspiran a llenar su vanidad de la vida con placeres, materialismo, practicar deportes, fumar, beber, ver la televisión y chatear.
Todo esto satisface –durante algún tiempo. Y después sienten aun más el alma vacía y las preguntas que han quedado sin respuesta, así que recurren a las drogas por qué aturden su sentido y sentimientos, creyendo que han encontrado la solución. Sin embargo, es una ilusión que les lleva a un miedo más profundo, descontento y finalmente a la condenación.
Entonces, ¿cuál es la verdadera respuesta? Si Dios nos ha puesto eternidad en el corazón, sólo Él mismo, Dios eterno, puede llenar el vacío. Por medio de la fe en el sacrificio de Jesucristo podemos acercarnos de nuevo a nuestro Creador. A los que se convierten de sus pecados al Señor Jesús y entregan su vida sin reserva a Él, Dios Padre eterno da su Espíritu Santo como sello divino, que es capaz de llenar y satisfacer nuestro corazón verdadera y permanentemente.
A pesar de todo, esto no significa que ya no haya ningún problema. También el cristiano joven va a pasar por dificultades durante el proceso de madurar. Dios las pone en nuestras vidas para que aprendamos a manejar situaciones difíciles. Quiere cambiarnos a su imagen y hacer de nosotros siervos valerosos.
Por eso no huyas de las dificultades ni busques tu satisfacción en las cosas terrenales. El gozo verdadero, con o sin dificultades, sólo lo encontrarás en la relación con Dios por medio de Jesucristo. La droga no te fortalece, te engaña.
Esto me lleva a pensar en Jotam, uno de los reyes del pueblo de Judá de quien la Biblia dice:
“Así que Jotam se hizo fuerte, porque preparó sus caminos delante de Jehová, su Dios.” (2Cronicas 27:6)
Otra traducción dice: “…porque ordenó sus caminos delante del Señor su Dios.”
Es como una receta: Cultiva bien tu relación con Jesucristo por medio de la fe, la oración y la lectura de la Biblia, y tendrás al inventor de la vida a tu lado, el cual sabe como guiarte mejor en cada situación.
Hartmut (Cherito)
Al índice
|