MDP Archivo 2006 Marzo 06
Índice
El misterio del sufrimiento
Lo que nuestros sufrimientos no hacen:
Con Esclerosis Múltiple unida a Jesús
Salmos
Sopa de letras
Juventud, sufrimiento y felicidad
Señor, ayúdame a aprender por paradoja…
- que el camino que desciende es el camino que sube, que ser de humilde condición es ser de alta condición, que el corazón quebrantado es el corazón sano,
- que el espíritu contrito es el espíritu de gozo,
- que el alma arrepentida es el alma victoriosa,
- que no tener nada es poseerlo todo,
- que llevar la cruz es tener una corona,
- que dar es recibir,
- que el valle es el lugar de la visión.
Citas Edificantes, The Valley of Vision, ed. A. Bennett
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El misterio del sufrimiento
Según reza el adagio castellano, no todos los ojos lloran en un día, pero todos lloran algún día. Gran verdad. Vivimos en un mundo de sufrimiento y nadie puede evitarlo por completo. Constantemente nos amenazan el dolor físico causado por enfermedad o por accidente y la angustia no menos dolorosa causada por quebrantos materiales o pérdida de seres queridos, por problemas familiares, por el abandono o la soledad, el desamor, el temor a un futuro incierto, ofensas recibidas, dardos de malevolencia, complejos torturadores, grandes frustraciones, o la inquietud que genera la situación del mundo, atormentado por la violencia y corroído por la injusticia y la ambición. Con razón dijo el Señor: “En el mundo tendréis aflicción...” (Juan 16:33).
Tan penosa realidad ha suscitado infinidad de veces la pregunta: “¿Por qué? Si Dios es Todopoderoso y un Dios de amor, ¿por qué permite tanto sufrimiento?” El problema resulta tan angustioso como inexplicable, especialmente cuando la persona que sufre no merece tal padecimiento. Eso fue lo peor del tormento de Job. Es desconcertante ver cómo los justos son azotados por la aflicción mientras que los impíos disfrutan plácidamente de bienestar (Salmo 73:3-7, Salmo 73:12). No debe extrañar que cuando un creyente fiel se ve azotado por el vendaval del sufrimiento se pregunte tan perplejo como dolorido: ¿Por qué a mí? ¿Qué sentido tiene esta experiencia?
Hemos de reconocer que nos hallamos ante un misterio. Misterio son muchas manifestaciones de la providencia de Dios. Haremos, pues, bien en no precipitarnos a dar respuestas fáciles a los grandes interrogantes que la teodicea nos plantea. Sin embargo, la Palabra del Señor nos ayuda a entender algo de lo que puede significar el sufrimiento. En algunos casos puede ser un medio del que Dios se vale para nuestra corrección y perfeccionamiento (Salmo 94:12-13; Hebreos 12:6). Otras veces, como en la experiencia de Pablo, puede tener por objeto hacer patente nuestra debilidad, la necesidad de humildad y lo maravilloso de la gracia de Dios (2Corintios 12:7-9). Pero probablemente las más de las veces el sufrimiento tiene como finalidad la purificación y el robustecimiento de nuestra fe (1Pedro 1:6-7), así como la maduración espiritual (Santiago. 1:2-4; Romanos 5:3-5). Por otro lado la tribulación nos capacita para consolar y ayudar a quienes también están atribulados (2Corintios 1:3-4), que no son pocos. De este modo, en un mundo tan atormentado por el dolor, el creyente puede ser canal por el que fluya hacia otros la consolación divina y el coraje para superar la punzada de las pruebas. No menos iluminador es el hecho de que, como alguien ha dicho, “Dios usa la aflicción como preludio a la exaltación del creyente”. No olvidemos el texto ya mencionado de 1Pedro 1:7. Pablo es igualmente explícito cuando afirma que “esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” ( 2Corintios 4:17), “pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18).
Junto a todas estas consideraciones, y por encima de ellas, hay un hecho singular que ilumina el misterio del sufrimiento: la humillación y los padecimientos de Cristo. Empezaron éstos con su encarnación. Durante su ministerio público fue objeto de ultrajes, de menosprecio, de rechazamiento, de abandono, de soledad. Y en la hora cumbre de su vida: la cruz con todo su horror físico y moral. Todo lo soportó. Todo lo superó. Tenía razón el profeta: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto... fue menospreciado y no lo estimamos” (Isaías 53:3). Pero todo concluyó con el triunfo de su resurrección. Entonces lo que había sido sufrimiento se trocó en reivindicación y gloria.
De ese triunfo y de esa gloria quiere hacer partícipes a sus redimidos. Con él y por él podemos experimentar que el sufrimiento entraña bendición, y que finalmente a la tristeza le sucede el gozo (Juan 16:20; Salmo 29:5). Bien podemos hacer nuestras las palabras de Pablo: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?... Antes en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 8:35-39).
José M. Martínez, www.pensamientocristiano.com
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Lo que nuestros sufrimientos no hacen:
– no limpian el alma
– no completan los méritos de Cristo en nuestro favor
– no nos hacen dignos de recompensa
Lo que los sufrimientos deberían ayudar:
– a humillarnos
– a hacernos más sensibles para las penas de los demás
– a convencernos de nuestra incapacidad de salvarnos por nosotros mismos y ser más propensos a la salvación por medio de Cristo
– a orientarnos más en lo que no perece
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Con Esclerosis Múltiple unida a Jesús
“No olvidéis, nosotros mismos somos templo del Dios viviente” (2Corintios 6:16).
Tengo Esclerosis Múltiple desde el nacimiento de mi segunda hija hace 32 años. Es una enfermedad que ataca al sistema nervioso y que impide a los músculos obedecer todas las órdenes recibidas del cerebro. Sólo después de veinte años de continuado padecimiento fui informada por el médico del nombre de la enfermedad que me aquejaba y que hacía que yo siempre me sintiera rápidamente agotada. A pesar de ello, un tercer hijo Dios me dio, cuyo embarazo y parto fue completamente normal, sin embargo, después de lactarlo siempre me sentía muy débil. Durante la noche era tal mi debilidad que apenas podía rezar, no obstante, Jesús siempre escuchó mis suspiros.
En esta situación me encontraba –luchando con mis menguadas fuerzas– hasta que, al fin, recibí el diagnóstico definitivo, lo cual representó para mí un alivio, ya que entonces pude decirles a mis hermanos en el Señor la realidad de lo que me estaba sucediendo y solicitar su ayuda, que consistió en pedirlos que oraran a Dios para que mi estado de salud mejorara. Desde el momento en que tantos comenzaron a orar por mí, sentí como si alguien me mantuviera los brazos en alto mientras yo rezaba; como le ocurrió a Moisés (Éxodo 17:12) cuando Aaron y Hur sostenían sus brazos. Desde entonces he sentido a Jesús mucho más cerca. Lo percibo justamente junto a mí.
En 1992 ya necesité de un bastón para andar porque tenía dificultad para mantener el equilibrio, pues empecé a arrastrar una pierna. La segunda disminución de mi movilidad me llegó en 1997 cuando me vi obligada a tener que comenzar a utilizar dos muletas. Tiempo después sufrí una caída que me condenó definitivamente a moverme en un sillón de ruedas. Esto me costó muchas lágrimas. Hoy día, sin embargo, ha resultado un alivio para mí, pues como ahora mi vida toda gira alrededor de un sillón de ruedas, frecuentemente pienso que a medida que me vaya acercando a la muerte, ya no tendré que separarme de muchas cosas, pues en la actualidad ya prescindo de ellas. Además Dios, por su parte, me consuela constantemente y me muestra las cualidades que yo en todo momento todavía mantengo, ya que aun sé cocinar sabroso desde mi sillón de ruedas, así como realizar yo sola todos los trabajos en la oficina, desde donde mantengo muchas relaciones con centros misionales esparcidos por el mundo entero por medio del correo electrónico.
Por la mañana cuando despierto alabo a Jesús y le agradezco la fuerza que Él me da para poder sacar mis piernas de la cama. A continuación Él me ayuda a subirme en el sillón de ruedas y luego a mantenerme sentada. Como yo al empezar el día tengo dificultades para ponerme en acción mi esposo prepara el desayuno, que ingerimos junto a nuestra hija minusválida mental. Después nos confortamos con la palabra de Dios y oramos igualmente juntos. A continuación me visto yo sola. Luego de hacer las labores domésticos entre nuestra hija y yo, ambas nos dirigimos a la Oficina de Correos y de ahí vamos de compras. Ella me ayuda durante el día realizando todos los trabajos físicos que me son molestos.
Yo manejo aun el automóvil reformado para mí. También aquí necesito protección y fuerza, las que recibo a plenitud de Jesús, quien vela por mí siempre. Empujando el sillón de ruedas nuestra hija me lleva a todas partes. Diariamente recorro 800 metros, más la escalera que conduce a la planta baja, así como la de la puerta de la calle. En estos desplazamientos por las escaleras es cuando en cada paso continuamente envío un suspiro a Jesús, con el fin de que me dé fuerza para levantar la pierna. Es entonces cuando repetidas veces le digo también a Jesús: “contigo yo puedo saltar muros”. Yo puedo asegurar que Él a mí todavía nunca me ha dejado abandonada. Una vez me desplomé estando sola y Él me envió en el momento oportuno a alguien para recogerme y levantarme, porque yo sola no habría podido hacerlo. Recuerdo esa ocasión, sucedió que un desconocido tuvo una avería en su automóvil delante de nuestra casa. En eso preciso instante yo caí al suelo. Dicho individuo inmediatamente corrió hacia mí y me ayudó a ponerme en pie. Momentos después su automóvil funcionó nuevamente. Estos son para mí grandes milagros. ¡Alabanza y agradecimiento a Jesús!
Como la Esclerosis Múltiple lentamente va inhibiendo la acción muscular de todo mi cuerpo, sólo la fuerza de Dios y Su control sobre mí pueden entonces ayudarme; a menudo refrenándome, ya que por lo menos diez veces al día tengo que ir al retrete.
Aunque mi Psiquis esta dañada, me siento alegre, pues la compañía de Jesús en mi corazón me fortalece para llevar la palabra de Dios en mi boca entre la comunidad de creyentes, y así dar un testimonio en mi vecindario.
Cuando me siento peor mi esposo me lleva al campo, a un lago o a la montaña, lo cual al cabo de un rato me hace sentir recuperada.
Una viuda me visita periódicamente para deshogarse llorando. Juntas hablamos también de Dios, y aunque ella no sabe nada de la Biblia, sin embargo, a pesar de ello, ella precisamente la saca a relucir siempre y ambas junto a la sombra de Jesús nos sentimos plenamente satisfechas.
Elisabeth Mosimann (traducido por Fernando Torres)
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Serie Biblia XX
Salmos
El libro Salmos es en realidad la reunión de cinco libros que forman una colección de himnos y oraciones divinamente inspirados, por medio de los cuales el pueblo israelita hablaba a Dios. Estos cinco libros en su conjunto son también popularmente conocidos como “los salmos de David”, sin embargo, sólo casi la mitad de ellos fueron escritos personalmente por David, 49 son anónimos y los restantes se atribuyen a Salomón, Asaf, los hijos de Coré, Etán y Moisés. Cada libro concluye con una alabanza a Dios.
Durante siglos el libro Salmos ha resultado el libro devocional por excelencia para judíos y cristianos de todas las confesiones, y se considera –desde el punto de vista literario– la colección de poesía religiosa más grandiosa que se ha escrito hasta nuestros días.
Las vivencias humanas están reflejadas en los salmos, ya que muestran las emociones, deseos y sufrimientos experimentados por el pueblo escogido por Dios. Existen oraciones individuales que expresan los íntimos sentimientos de una persona, así como rezos comunes que expresan las ansias y los deseos de toda la nación israelita. Los temas fundamentales mencionados en este libro son: Jehová, la creación, la Ley y el futuro del pueblo de Israel con sus sentimientos de pena, gozo y duda. Puede decirse que los salmos son verdaderas profecías de lo que habría de suceder por mandato de Dios, como lo vemos expresado en el Salmo 22:1 que es la expresión más angustiosa y más triste de toda la Biblia, ya que nos da a conocer el sentimiento de Jesús cuando le expresó al Padre Celestial su santísima congoja: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”
El libro Salmos nos revela a los cristianos a Jesucristo como Mesías y como Juez, es decir, desde la espera del cumplimiento del juramento de Dios (Salmo 132:11) hasta la recompensa que Dios dará a sus seguidores cuando venga a juzgar a la tierra (Salmo 96:13).
Entre los salmos encontramos diversos tipos, como son: himnos de adoración y alabanza a Dios (33); plegarias en demanda de auxilio, seguridad y liberación (44); expresiones de arrepentimiento, confesión de culpas y suplicas de perdón (32); cánticos de gratitud por las bendiciones divinas (116); así como peticiones de castigo para los enemigos (137: 7-9), lo cual está de acuerdo con los conceptos judaicos, pero que para nosotros, cristianos que nos hemos identificado con el Cristo rechazado, humillado y crucificado, de ninguna manera es el clamor apropiado, pues nosotros confiamos en Dios y dejamos a Su mano la decisión sobre nuestros enemigos (Lucas 9: 52-56).
Las cinco secciones de que consta el libro “Salmos” se componen de 150 Salmos distribuidos de la siguiente forma:
Libro Primero: Salmo 1 al 41
Libro Segundo: Salmo 42 al 72
Libro Tercero: Salmo 73 al 89
Libro Cuarto: Salmo 90 al 106
Libro Quinto: Salmo 107 al 150
Fernando Torres
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Sopa de letras
AORUCSOHSALUDORA MEAGOEELLAVZOENL OQLUENPNADEZCOPP SOORSOVOOMREFNEA SASOOITRIIOISYCC UCNMMCRPLLCOEENI MROABAIIECACRRNE EUCCRLRLGOQUIEFN AZLOAUFTNADDELOC BILRBBULAAOSAIFI OLFRAISLVILCCCIA NEOELRNEESOADECR DFIGATSTOPROMALC AORISUCUEOMLASRP DOQRATICUSERUEES LAIGSOLEDADLESIA
AFLICCIONES ALABAR BONDAD CLAMOR CONSOLAR CORREGIR CRUZ DOLOR ENFERMO EVANGELIO FELIZ LLORAR ORACION OSCURO PACIENCIA REIR RESUCITAR SALMO SALUD SANAR SOLEDAD SOMBRA SUFRIR TRIBULACIONES VALLE
Las letras sobrantes componen la frase de solución.
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Juventud, sufrimiento y felicidad
No nos gusta sufrir, ni nos va la monotonía de los que dicen “hay que proceder de tal manera porque siempre se hizo así.” Quisiéramos ser ingeniosos, mejorar el mundo, ser fuertes y felices.
Hay un engaño
Pero hay un problema, y es que vivimos separados de Dios. Descuidamos el objetivo principal de nuestra vida y abusamos de nuestras facultades. Es como si, por ejemplo, tratáramos de trasportar ladrillos en un sombrero de paja. Más temprano o más tarde habrá una avería. El sombrero se rompe porque no está hecho para eso.
Si mucha gente es infeliz, esto no es porque falte la buena voluntad, sino porque hacen mal uso del don de la vida. Si viven sin someterse a Dios… si creemos que nuestra personalidad resista la plena realización de sí mismo, entonces, inevitablemente, algo se dañará. No fuimos hechos para eso.
Y el mundo está lleno de personas accidentadas de esta manera.
Hay una verdad
Las cuatro biografías –los Evangelios– que en la Biblia ocupan menos que 200 páginas, nos presentan a Jesucristo como “el hijo del hombre” es decir, el hombre como realización del propósito de su Creador. ¡Por favor leer esas biografías!
Analicemos: ¿Es que Jesús buscaba la independencia y trataba de realizarse a sí mismo? No, él hacía y decía únicamente lo que era la voluntad de su Padre. ¿Su ideal era lo guapo y lo fuerte, como es de la propaganda actual? No, él ayudaba a los necesitados. ¿Tener un cuerpo sano, era lo más importante para él? No, estaba con los enfermos e incluso tocó a los leprosos. ¿Vivía muchos años con paz y felicidad? No, sus actividades como Mesías eran de sólo tres años, y casi desde el principio declaraba cómo y cuándo moriría, pero nadie quiso creerle. ¿Y esto era la realización del plan divino? ¡Perfectamente! Su obra cambiaría el mundo, y si lo admitimos, su presencia trasciende también hoy nuestra vida.
¡Si queremos vivir realmente y tener una vida completa, tenemos que vivir inspirados y guiados por el espíritu de Cristo! Él dice: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él” (Juan 14:23).
A los creyentes dice: “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento…” (1Pedro 4:1). Y: “Bienaventurado el hombre que soporta la tentación, porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que lo aman” (Santiago 1:12).
Nuestro sueño del “ya no sufrir” se realizará cuando estemos con Cristo: “…ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor…” (Apocalipsis 21:4). Pero mientras estamos aquí, el sufrimiento puede formar parte del plan divino, también para el creyente.
En cuanto a la juventud lamentablemente es verdad lo que dice el moralista francés Jean de la Bruvere: “La mayoría de los hombres emplean la primera parte de su vida en hacer desgraciada el resto de ella.” Esto sucede cuando se eligen los ideales –o incluso los sufrimientos– según el propio capricho. Pero si entregamos sin condiciones nuestra vida joven a Cristo, no importa lo que nos espere, tendremos la gran seguridad de vivir el propósito del autor de nuestra vida, y de formar parte de su maravilloso equipo. Esto da verdadera satisfacción y felicidad.
Juan
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