MDP Archivo 2006 Sept 06
Índice Las maneras en que Dios nos habla El antídoto La Biblia - Palabra de Dios Las promesas de Dios Lo que podría faltar Enamorada
Las maneras en que Dios nos habla
No es el hombre quien puede conocer a Dios por medio de sus indagaciones, sino Dios mismo se revela al hombre.
1. Primeramente lo hace por medio de la naturaleza: el esplendor de un cielo estrellado, el viento susurrando en el bosque, el colorido y el perfume de las flores... ¡Las pruebas del poder y de la sabiduría del Creador son innumerables y tremendamente impresionantes!
2. Luego Dios habló en los tiempos pasados por medio de los hombres: los profetas, cuyas expresiones se hallan en los escritos del Antiguo Testamento.
3. Finalmente Dios se acercó todavía más a nosotros y nos habló mediante su Hijo Jesucristo, quien había sido anunciado en el Antiguo Testamento. Los Evangelios nos cuentan su vida en la tierra; las Epístolas explican su mensaje proclamado ya por los apóstoles en el libro de los Hechos, y el Apocalipsis nos lo presenta glorificado; libros estos que componen el Nuevo Testamento.
Por consiguiente, la Biblia -el conjunto del Antiguo y del Nuevo Testamento- es la voz de Dios que llega a nosotros para enseñarnos, convencernos, corregirnos y hacernos receptores de "la salvación por la fe que es en Cristo Jesús" (2Timoteo 3:15).
Si la Biblia sólo tuviere por objeto hacernos tomar conciencia de nuestra culpabilidad y miseria moral, sería el más desesperante de los libros. Pero ella también nos enseña que Dios nos dio un Salvador y que, en virtud de Su sacrificio en la cruz, todo aquel que cree en Él tiene vida eterna.
BS
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El antídoto
La consulta de Iván
- Buenos días, ¿qué es lo que te trae por aquí? -le pregunta el viejo Juan a Iván.
Un poco molesto Iván empieza a explicarse: - He pensado que por tu respetable edad me podrías dar un sabio consejo. Creo que tú conoces mi problema con Antoñín, como daña mi campo cruzándolo constantemente con su tractor…
- Lo conozco -responde el viejo-, pero para mí es una sorpresa que tú me consultes. Dime francamente, tú no vienes a mí por mi experiencia -ya has seguido consejos de otros. Supongo que vienes a buscar el consejo de Dios, ya que sabes que soy todo oídos a la Biblia. ¡Mas no te asombres por lo que te voy a decir! Otros te aconsejan que defiendas tu derecho, pues ganarías en el tribunal. Pero Dios te aconseja de manera distinta. Verás que si lo aceptas, le permites a Dios que Él se ocupe de tu asunto, y tú podrás volver a ser una persona feliz.
- ¿Dios va a intervenir inmediatamente?
- Claro que interviene, a lo mejor pronto, o quizá cuando tú seas viejo…
- ¡No puedo esperar!
- Hombre, piensa cuanto tardarías en los tribunales…
- ¿Puedes orar para que Dios castigue a ese bruto?
- No, Iván. Dios quiere la salvación de ti y los tuyos, así como la de Antoñin y su familia. Pero tú también tienes que actuar. Te voy a revelar el plan de la palabra de Dios, por si quieres seguirlo.
- ¿Es difícil?, ¿Cuál es?
- Tú ahora vas a ver a Antoñín y le dices que le deseas lo mejor, que todo le vaya bien, porque la Biblia dice: "Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian; bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnian…" (Lucas 6:27-28).
- ¡No, todo el pueblo me tomaría por loco!, y Antoñín se sentiría reforzado…
Mientras que el viejo tranquiliza y anima a Iván, quisiera contar a mis lectores algo que pasó en la selva africana:
El consejo del brujo
Una noche ingresó en una clínica -traído por sus parientes- un hombre que había sido mordido por una serpiente venenosa. El médico de guardia se apresuró a preparar la jeringa y las ampollas que contenían el antídoto, después examinó al enfermo exclamando desanimado: -¡Este hombre está muerto, ya no se puede hacer nada!
Luego preguntó cuándo había sido mordido y le dijeron que había ocurrido ocho horas antes.
- ¿Por qué ustedes han tardado tanto tiempo en venir? -indagó el médico.
- Primero seguimos la indicación del brujo, luego probamos otros remedios. Después, como no hacían efecto, decidimos venir a usted…
Iván reacciona a tiempo
La tranquilidad y las lágrimas en los ojos del viejo ayudan a Iván a aceptar el consejo. Pero le resulta muy, muy difícil. A pesar de ello, antes de consultar con su esposa pasa por la casa donde Antoñín vive.
- Hola -dice con voz ronca.
- ¡Por Dios!, ¿tú estás aquí?
- ¡Antoni!, quiero decir… quiero decirte… que … que te deseo lo mejor … que te vaya bien.
- ¡Estúpido!, ¿qué te pasa, te estás volviendo loco?
- Yo quiero la paz -continúa Iván- no te denuncio; buen día.
Al volver hacia su casa Iván está enfadado consigo mismo. Precisamente Antoñín me tuvo que echar en cara mi estupidez -se repite una y otra vez. Pero al mismo tiempo advierte una profunda conmoción. ¿Y Dios, qué tiene que ver con todo esto?
Dos días después, Antoñín circula con su tractor hacia aquel campo… con un remolque cargado con grava para enmendar el camino hacia la entrada oficial a su campo.
Entonces Iván y su esposa Matilda al ver que el problema con el vecino está resuelto, se conmueven profundamente, mas en vez de estar contentos, empiezan a llorar amargamente, sin cesar. Se les hace presente de que si Dios se ocupa de tal problema exterior, en su interior -en sus corazones- hay otros problemas mucho más gruesos, hay pecados…
Al otro día, el viejo Juan también tiene lágrimas, pero esta vez por el gozo. Iván y Matilda lo visitan, y en su presencia entregan sus vidas al Señor Jesucristo.
Otros mueren
Para describir la perdición eterna en el infierno, la Biblia usa también la palabra "muerte", no porque el tormento tenga fin, sino porque sería definitivo, sin manera de volver.
Demasiadas personas pierden el tiempo de su vida ocupándose de lo que dice la gente; amigos, parientes, especialistas -a lo mejor muy útiles en su campo-, a veces consultan a brujos o curanderos, y omiten ir al Médico Soberano. Jesucristo, Su persona y obra, es el antídoto contra el pecado que nos ha mordido a todos. Él es el único Salvador.
¡Qué tragedia por las almas que sólo después de la muerte física comparezcan ante Él! (Apocalipsis 20:11-15). ¿Por qué no consultarle hoy?
Amigo: la Biblia nos dice la verdad. Acéptala mientras vivas, tal cual lo hicieron Iván y Matilda. ¡El Señor te bendiga ricamente!
Juan
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La Biblia - Palabra de Dios
I. La necesidad de una revelación
La luz de la razón y la naturaleza dan a los hombres la capacidad de descubrir muchos secretos del universo, pero no los capacitan para resolver los problemas más profundos de su existencia, tales como: su relación con Dios, el propósito de la existencia, y el destino futuro del hombre. Estas cosas no pueden ser conocidas sin una revelación especial del Creador.
1. Es imposible conocer los atributos de Dios sin una revelación.
Diferenciemos primeramente la existencia de Dios y el carácter de Dios. El mar, los árboles, los ríos nos hablan de la existencia de un Dios - Creador, pero nada nos dicen de su carácter, es decir, si rechaza el pecado, si es amor, si es misericordioso. La razón, esa luz o conocimiento natural que todo hombre tiene, se limita a las cosas del tiempo; necesita de la revelación divina para llegar a conocer todo lo que no pertenece al reino de su naturaleza, o sea, la bondad, la omnipresencia y todos los atributos de Dios que no se pueden conocer sin una revelación de Él mismo.
2. Es imposible comprender o concebir la idea de la Trinidad sin una revelación.
El hombre ha podido pensar en un Dios o en muchos dioses, pero el hecho de que exista un solo Dios en tres personas es imposible distinguir, ni por la luz de la razón ni por la naturaleza, sino solamente mediante una revelación especial de ese mismo Dios-Trino.
3. Es imposible conocer la gracia de Dios sin una revelación.
El mundo no sabe lo que es la gracia de Dios. La gracia es más que compadecimiento y longanimidad; es el favor divino hacia los pecadores, manifestado al enviar a Jesucristo a morir por ellos para que sean salvos. ¿Quién podría imaginar tal maravilloso plan de salvación para los hombres? Sería imposible sin una revelación divina.
4. El hombre no conoce el origen y el propósito de su existencia sin una revelación.
El hombre necesita luz sobre su pasado, presente y futuro. Mucho se ha especulado sobre el problema del origen del hombre, pero nadie ha podido dar una solución satisfactoria del enigma. Solamente la revelación de Dios resuelve el problema revelando la verdad de que el hombre fue hecho por Dios a su imagen y semejanza. ¿Cómo habría sido posible conocer una acción tan increíble, una verdad que hace tanto bien a nuestras almas? Solamente por una revelación de Aquél que hizo al hombre.
5. Es imposible conocer el propósito de la existencia del hombre en la tierra sin una revelación.
El hombre fracasa por que se ha equivocado en cuanto a este asunto tan importante. Muchos creen que el hombre es un accidente de la naturaleza y que su existencia carece de propósito verdadero. Cuando el hombre descubre que su misión es glorificar a Dios, toda su vida cambia. Ahora comprende que su responsabilidad es la de alejarse del mal y obedecer la voluntad de Dios.
6. Es imposible conocer el estado futuro sin una revelación.
Las opiniones de los hombres han sido muy variadas en relación a esto. Unos han dicho que la vida se extingue con la muerte (deja de existir); otros han dicho que se vuelve a encarnar (reencarnación); y otros se han imaginado un cielo de placeres mundanales. Estas teorías confunden y sumergen en la desesperación a las almas sinceras. ¿Cómo habríamos llegado a saber que la vida no termina con la muerte? ¿Cómo habríamos sabido del juicio de Dios? ¿Cómo habríamos llegado a saber que "la paga del pecado es la muerte y la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús? Sin una revelación el futuro es oscuro e incierto. La revelación disipa las tinieblas e ilumina el futuro con las promesas de salvación en Cristo.
II. El hecho de una revelación
Los hombres necesitaban una revelación. Dios podía revelarse y quiso revelarse para el bien de los necesitados y para Su gloria. Esa revelación es la Biblia. Dios escogió a hombres para escribir de una manera permanente esa revelación: 2P 1:21; Ex 17:14, 34:27; Is 8:1; Hab 2:2; Heb 1:1-2, etc.
Los escritores de la Biblia son los mejores testigos de esa revelación, porque ellos dicen en estos textos que Dios les mandó escribir. Además muchas veces usaron expresiones como las siguientes: "Dijo Jehová", "Así ha dicho Jehová", "Empero Jehová había dicho". La Biblia del principio al fin da la gloria a Dios. Él es el primero y el último. La expresión "Gloria a Dios en las Alturas" parece estar en cada página. De Él, por Él, y para Él son todas las cosas. La Biblia es la Palabra de Dios; es el libro de Dios. Este libro nos revela las realidades espirituales y las realidades del cielo. Descorre el velo de la eternidad y nos muestra un mundo que nunca habríamos podido descubrir por nuestro propio esfuerzo. "Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre" son las que Dios tenía guardadas en su secreto eterno, las cuales son reveladas en la Biblia.
Este texto es el inicio del tratado "Bibliología" y se encuentra en Internet bajo: www.interbiblia.com/estudios/bibliologia.htm
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Las promesas de Dios
Sus promesas son inmensas como mares infinitos. Hermosas e incomparables que rebosan poderío.
Ellas son refugio al justo, y defensa que dan fuerza. Son murallas que sostienen, castillos de fortaleza.
Ellas son ante la duda ese faro que rescata, rodeando en la gran lucha de extensa y espesa calma.
Sus promesas son eternas, sublimes, firmes verdades, fieles cual no se hallan, siempre inquebrantables.
En ellas arraigada llevan toda la luz que se abraza de esa misteriosa certeza de convicción maravillada.
Ellas revelan las fuentes que al alcance tiene el alma, el alma que buscó a Dios y en El puso su esperanza.
Isabel Martínez
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Lo que podría faltar
Un príncipe colmado de riquezas y honores cierto día preguntó orgullosamente a uno de sus visitantes:
- ¡A ver lo que le parece! ¿Qué es lo que -según su parecer- podría faltar aquí?
El invitado, un hombre muy sabio, contestó:
- ¡Aquí falta la perdurabilidad!
¡Qué contraste hay entre los bienes pasajeros de un príncipe, y la salvación y vida eterna que Dios ofrece por medio de la Biblia!
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Enamorada
Se cuenta de cierta dama que le fue aconsejada la lectura de un determinado libro. Lo compró, pero la lectura le parecía difícil y el contenido no correspondía a lo que había esperado. Dejó entonces la lectura.
Tiempo después ella llegó a conocer personalmente al autor, y quedó impresionada por su persona. Entonces comenzó nuevamente a leer el libro, con renovada motivación. También pudo restablecer el contacto con él y se compenetraron mucho mejor. El libro empezó a ser una joya, ya que le parecía siempre más interesante, hasta enamorarse del autor. De día y de noche ya no quería vivir sin la lectura ni las lindas conversaciones con él.
Como pasa en esos cuentos, no sabemos si se casaron, ni si llegaron a ser felices, únicamente sabemos -si en realidad existieron y no murieron- que todavía viven.
Ironía aparte, algo más sabemos, es decir, que quien lee el Libro de Dios y al mismo tiempo va conociendo personalmente a ese autor extraordinario, no puede menos que enamorarse de Él. Y cuanto más lo ama, tanto más entiende Su Libro; y al entenderlo mejor aún más lo ama a Él.
El inicio puede ser duro, como cuenta un joven de diecisiete años: "Llegué a creer en Jesucristo porque un vendedor de zapatos me había hablado de él. Me dijo también que yo tenía que aprender más de la Biblia. Así, por primera vez, fui con él a la iglesia. Después del canto el pastor dijo: ‘Leamos Segunda Timoteo tres, doce’. Abrí la Biblia que me habían dado en la primera página y di vueltas a las hojas… Génesis, Éxodo… hasta Josué y varios libros más, pero sin encontrar Timoteo. Busqué el índice y encontré: ‘2 Timoteo: página 275’, pero abriendo la Biblia en dicha página encontré el libro de Josué. Volví a consultar el índice y descubrí que en la Biblia había dos secciones, y que Segunda Timoteo se encontraba en la segunda. Cuando al fin encontré el versículo indicado y empecé a prestar atención al mensaje, éste llegaba a su fin. Me sentí bastante frustrado… Pero tal cosa me pasó sólo una vez."- Luego empezó a escudriñar y conocer su Biblia.
Ese joven se llamaba Dwight Lyman Moody (1837-1899), el que años más tarde se convirtió en uno de los más famosos predicadores del Evangelio.
Mi joven amigo, ten ánimo, no desfallezcas en leer tu Biblia. ¿Es verdad que cada día 15 minutos de lectura por la mañana y 15 minutos de estudio por la noche es el alimento diario de tu alma? Si la lectura te resulta difícil, acércate más a Él por medio de la oración, así comprenderás siempre mejor cuanto Él te ama, y apreciarás siempre más Su Palabra.
Y con la salvación que te ofrece, tú vas a ser feliz con Él, hoy y eternamente.
Juan
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