MDP Archivo 2007 Marzo 07
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Huyó mi soledad al conocerte
Dios no está lejos de cada uno de nosotros...
¿Salud y dinero? - ¿Aflicciones y sufrimientos?
Serie Biblia XXIX: Oseas
Joven: ¡Elige!
Huyó mi soledad al conocerte
Huyó mi soledad al conocerte, desde ese día jamás estuve solo. Llegaste Tú, Jesús, mi Amigo fuerte, y entrando Tú en mi vida, cambió todo. Gozando de tu dulce compañía, abrí mi boca y te conté frustrado mis luchas, mis dudas, mis pecados, mis tentaciones, mis miedos, mis caídas. Tú, amoroso, me diste bienvenida sentándome a tu lado, perdonado.
Más tarde las tormentas me azotaron, el luto y el dolor en torbellino cayendo sobre mí, me sepultaron. Oíste mi clamor (pues soy tu hijo), pronto tus brazos de amor me rodearon y en tu regazo me quedé dormido. Ya no temo el "valle de sombra y de la muerte" del Salmo 23 (que tanto amo).
Tú prometiste estar conmigo, sostenerme al dejar mi cuerpo en tierra sepultado. Luego entraré en tu gloria para verte. ¡Gracias, mi Salvador, mi Cristo amado!
Lisardo Uría Árribe Palma de Mallorca. Enero 2005
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Dios no está lejos de cada uno de nosotros...
Engañados por lo visible
Muchas veces nuestra debilidad nos hace suponer que el Dios Soberano y Bueno está lejos. Con tal sentimiento el Hombre ha buscado otros "puntos de apoyo", unos que estén a su alcance. Por este motivo ha empezado a atribuir facultades sobrenaturales a elementos que lo rodean: la tierra, las montañas, los árboles, el trueno y la lluvia, el sol, o el cuerpo y espíritu de los difuntos…
Por consecuencia lógica el Hombre quiere ganar el favor de esos "dioses palpables", y para congraciarse con ellos inventa un repertorio de ritos, los que se han multiplicado hasta perder el control. ¿Quién de entre los mortales estaría hoy al tanto de conocer las incumbencias y preferencias de cada uno de esos "dioses"? Existe un caos de creencias.
Pero, suponiendo que esos elementos no tuviesen ningún poder otorgado por el Dios Soberano, ¿qué pasaría con los adeptos? ¿Para qué invocar los vientos si no tienen oído, o pedir favores a la tierra si ella sólo es la criada dependiente de su amo? Aún peor sería el caso si esos elementos son usados por poderes malignos. ¿Cómo sabemos si los amuletos -o el agua bendita- que usamos para protegernos contra espíritus malignos, no son nada más que las vías y puertas de entrada de esos mismos espíritus malos, para dañar al devoto? - ¡Qué pobre juguete es el Hombre cuando sirve a los elementos -a esos vicedioses- e ignora al Dios Soberano!
¡Dejemos ya de andar errando por esa ignorancia!, como dice la Escritura: "Paraos en los caminos, mirad y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino" (Biblia, en Jeremías 6:16). No hay cultura antigua sin huella del Dios Soberano y Bueno, Creador y Mantenedor de la tierra y de los cielos.
Obviamente el Creador es muy superior a lo creado. Por lo tanto, buscar apoyo en lo creado en vez de en el Creador es un retroceso fatal. Es una corrupción espiritual que penetraba mientras más pasaba el tiempo. La Biblia lo llama "pecado" o "idolatría".
El hombre actual -en este tiempo del materialismo- prefiere lo visible y calculable. No tiene en cuenta al Invisible, al Soberano, al que tomará las últimas decisiones.
El Creador nos ama y se manifiesta
Lo creado -todo lo que nos rodea- da testimonio de Él. También nuestra conciencia nos dice que le tendremos que dar cuenta. No hace falta ser cristiano, musulmán o hebreo para saber en lo más íntimo que hay un Dios Bueno, Soberano y Perfecto.
Por la Biblia además sabemos que fue por la deslealtad del Hombre que se rompió la relación con Dios. Mas ahora Dios invita al Hombre a que vuelva. Incluso ofreció -y sacrificó- su único Hijo para superar la separación con el Hombre. ¡Hasta tal punto, el Dios Soberano nos ama!
Lo que el hombre puede percibir con sus sentidos naturales, son muchas consecuencias malas de esa ruptura, como: la soledad, el sentido de impotencia y de culpa, la muerte; y a veces las consecuencias de sus propios pecados.
Mas para percibir y aceptar la oferta de Dios, hace falta la fe, es decir, la confianza incondicional y la obediencia.
Aceptado por el Dios Invisible
El hombre está inclinado a acudir a lo visible. De esto se aprovechan los astutos hacedores de las religiones, introduciendo objetos palpables, santuarios, reliquias, amuletos, etc.
Pero Dios exige la fe. "Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad…" (Juan 4:23).
Espero que mi entendido lector tome esa buena decisión desde hoy en adelante y ya no dé homenaje a lo visible sino al Creador Invisible. Ya no espere ayuda de los astros. Ya no siga a los que murmuran y susurran manejando lo palpable. ¡El verdadero Dios, el que puede salvar, no se puede ni ver ni tocar!
Si le dicen que el Verdadero Dios no es accesible o que no escucha o que no lo ama, sepa que es mentira. El Dios Soberano desea ser también el Dios de usted, el Amigo de usted, el Salvador de usted, incluso Él es el único que perdona todos los pecados de usted. No hace falta reconciliarse por medio de ningún sacrificio con Él o sufriendo martirios; usted ya está reconciliado; Dios ya actúa en su favor.
Acérquese a Él por medio de su oración, ahora mismo: "Oh Dios Soberano, quiero conocerte, quiero acercarme a Ti, te pido que te reveles a mí…" No se olvide que la verdadera relación se establece por medio de la fe -no por los sentidos naturales. Usted tiene que tener fe en Su palabra. Usted debe conocer la Biblia.
¡Descubra a su Dios y acuda a Él!
Juan
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¿Salud y dinero? - ¿Aflicciones y sufrimientos?
En la atmósfera materialista de nuestros días, donde el hombre por medio de la ciencia y la tecnología intenta dar respuesta y solución a todo tipo de problemas e inquietudes, pueden venir también al corazón del creyente pensamientos poco profundos, dubitativos, nacidos de un mal concepto: ¡si soy una nueva criatura, todos mis males, problemas y aflicciones Cristo los tiene que hacer desaparecer "automáticamente", y la vida será de color de rosa, no tendré más enfermedades ni estrechez económica! Gran error. La vida que Cristo nos ofrece no es el camino ancho y asfaltado por donde va todo el mundo; muy por el contrario, es un angosto sendero que en vez de ir en bajada, va en difícil y esforzado ascenso. A un costado tendremos profundos precipicios y grietas, más arriba aparecerán nubarrones, agitados vientos, tempestades de lluvia y nieve, frío, soledad, zozobra, mas siempre tendremos la sólida pared de la roca de Su palabra y Sus promesas.
El no entender claramente de qué y a qué hemos sido convertidos nos inducirá a errores mayores y probablemente mal entenderemos qué es la vida cristiana y cómo solucionar sus complejidades. Podremos repetir frases y textos sin comprenderlos y mucho menos vivirlos. El entender mal estos conceptos básicos ha producido una generación de hermanos(as) "light" que entienden que la vida cristiana es sólo gozar, de avivamiento en avivamiento, seminarios, vigilias y "shows"; pero los sufrimientos, las tribulaciones, conflictos, problemas, pecados, crisis, desilusiones, caídas y descarrilamientos no están contemplados dentro del itinerario del viaje de su fe por la tierra.
El Señor no es sádico con nadie, y menos con nosotros sus hijos. El sufrimiento y las aflicciones Él las permite con propósitos edificantes que en el tiempo comprenderemos.
Un pastor puritano anciano, dijo en una ocasión: "Dios tuvo un Hijo sin pecado, pero nunca ha tenido uno que no haya sufrido". El sufrimiento es parte de la maldición que se originó debido al pecado de Adán. Tenemos que haber sufrido para entender a aquellos que están experimentando aflicción. 2 Corintios 1:3,4 dice: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios".
Por cargar nuestro pecado, Cristo el autor de las bendiciones tuvo que vivir también el trago amargo de los sufrimientos, dolores y padecimientos y hasta la muerte cruenta como máximo sacrificio en pago por nuestras almas. Aunque con un significado distinto también permitió el sufrimiento en Pablo, uno de sus seguidores más destacados: "De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he sido náufrago en alta mar; en caminos, muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez. Y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno? Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es de mi debilidad. El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien es bendito por los siglos, sabe que no miento. En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme; y fui descolgado del muro en un canasto por una ventana, y escapé de sus manos" (2 Co. 11:24-33).
Entonces ¿qué sentido final tiene el sufrimiento para el creyente? Si Cristo para salvarnos nos amó tanto que sufrió hasta la muerte más vergonzosa, entonces los redimidos y comprados por Su sangre preciosa estamos en deuda de amarlo a Él como Salvador, con un amor que demuestre que lo que sentimos y decimos vivir por Él es genuino aun ante la más dura adversidad, prueba, dolor o sacrificio. 1Co 13: 4
El sufrimiento permitirá en el creyente adquirir experiencia, sabiduría, paciencia, humildad y desarrollará en el tiempo un carácter espiritual maduro y equilibrado que buscará y esperará el consejo divino.
¡Que las palabras que el apóstol Pablo escribió a la iglesia en Filipos: "Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él" (Flp 1:29), sean una viva realidad en nuestras vidas de creyentes!
Andrés Carrasco M.
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Serie Biblia XXIX
Oseas
Oseas es uno de los grandes profetas menores. Nacido en el norteño reino de Israel durante el reinado de Jeroboam II, desarrolló su ministerio profético aproximadamente desde el año 750 al 730 a.C. Su labor profética la extendió también al sureño reino de Judá, según se nos relata en el versículo uno del primer capítulo de este libro, cuyo lenguaje directo, drástico, resolutivo y determinante hace de este texto un compendio ardiente e impetuoso donde se entremezclan la rebeldía pecadora de Israel y la inmensa misericordia de Dios.
Impactante desde un principio es la humanamente increíble obediencia a Dios por parte de Oseas, quien sólo por la confianza y la fe ciega que tenía en el Señor, pudo vencer todos los prejuicios que cada ser humano masculino lleva en su alma y aceptar contraer matrimonio y tener descendencia con una prostituta. Es una premonición de la actitud obediente que siglos después José mostraría ante la reprobación social por el embarazo prenupcial de la virgen Maria. Obediencias preliminares de la gran obediencia, la ejemplar y salvadora del género humano, nunca por nadie igualada, la demostrada por Jesucristo al aceptar el mandato de Dios, diciendo: "Padre, si quieres, líbrame de este trago amargo; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya." (Lc 22:42).
Durante los tres primeros capítulos de este libro el Señor se desahoga verbalmente con Oseas y le cuenta paternalmente sus planes con la adúltera Israel, a la cual, a pesar de todo, sigue considerando su amada oveja infiel.
A partir del cuarto capítulo Dios le habla por medio de Oseas al desobediente pueblo israelita y le anuncia crudamente su irremisible castigo. Lleno de amor de Dios clama entonces Oseas al Padre Celestial en favor del pueblo israelita, accediendo el Señor y prometiéndole nueva vida futura a Israel.
Durante todo el texto se muestra a Israel como el pueblo apóstata y pecador repudiado por Dios, personificado en el nombre del tercer hijo de Oseas, a quien se le llama "Lo-ammi", que significa "no es mi pueblo", ya que bajo el nombre de Israel se cobijaban las diez tribus que formaban el reino del norte y que no se identificaban con la familia davídica.
Este libro encierra obediencia ciega al mandato de Dios, justo castigo a Israel e infinito amor del Padre Celestial, quien no habiendo dejado de amar al hijo pecador, lo busca, lo perdona, lo libera y lo recupera como suyo.
El libro puede dividirse en tres partes principales, a saber:
1. Obediencia ciega al mandato de Dios (caps. 1 - 3) 2. El pueblo pecador (caps.4 - l3) 3. Nueva vida a Israel (cap. 14)
Fernando Torres.
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Joven: ¡Elige!
Las muchas decisiones que tenemos que tomar en la vida se podrían agrupar en dos categorías: aceptar las ofertas de Bera o las de Melquisedec. Lea la historia en la Biblia, el capítulo 14 de Génesis.
Abram -que más tarde se llamará Abraham- ha vencido a los cuatro reyes que habían derrotado a cinco reyes de su país, y así se llevó como botín las riquezas de nueve reyes. Jurídicamente, todo había pasado a ser de su propiedad.
Dos ofertas
Inmediatamente después, Bera, rey de Sodoma al que Abram había salvado la vida, le hace una visita. Y de sorpresa en ese mismo momento aparece también el rey de Salem, Melquisedec, que no había sido involucrado en la guerra. Parece que Melquisedec ignora -o desprecia- la presencia de Bera, mas espontáneamente ofrece a Abram pan y vino y lo bendice en el nombre del Dios altísimo. Como señal de aceptación Abram le da la décima parte de todo el botín.
Luego el rey de Sodoma procede a presentar su "oferta": ni le dice gracias a Abram por haberle salvado, mas le pide la restitución de las personas que antes le pertenecían, y en su astucia ofrece a Abram todas las demás cosas del botín. ¿Comprendemos la situación? ¡Un ex-rey, derrotado, ofrece las riquezas que ya no son suyas, y las ofrece precisamente al que ya es el propietario legítimo!
De la misma manera nos sucede en nuestra vida. Los que son convertidos a Jesucristo han vencido este mundo (1Jn 5:4). Pero el príncipe de este mundo, astuto y sinvergüenza, nos ofrece lo que ya está debajo de nuestros pies. Un poco de vanagloria, otro poco más de envidia, una carrera espléndida, pero liada con injusticias, una relación ilícita, etc. Y muchas cosas más a las que ya hemos vencido y renunciado. Pero contemporáneamente está presente también Jesucristo y saca su pan y su vino diciendo: "mira mi costado, mi cuerpo, que rompí por tu salvación; y considera mi sangre, que derramé por tu liberación". Estudiar Juan 6:53-59.
La decisión crucial
Abram no titubea. Acepta la bendición de Melquisedec y rechaza la oferta de Bera. "Llévatelo todo, ¡pero todo!, las personas y todo el botín, ¡no acepto ni una correa de calzado, ni un hilo!"
Hoy, muchos cristianos no comprenden la incompatibilidad de las dos ofertas. Piensan que después de haber creído en Jesucristo es posible comprometerse también con un compañero de vida no creyente, etc. "Como cristianos todo es lícito, ya que todo es nuestro", argumentan; van al cine, a la discoteca, participan en negocios ilícitos… Y no comprenden por qué Abram rechaza incluso lo que ya le pertenecía, según las leyes de la sociedad de su tiempo. ¡Dios tiene otras leyes! - No es por casualidad que como respuesta divina Abram recibe grandes promesas y su fe le es contada por justicia ante Dios (Gn 15).
Pruébese cada uno a sí mismo
Abram no era fanático. Si no, hubiera exigido de sus aliados la misma actitud suya.
Mi amigo, no seas fanático exigiendo de los demás lo que tú mismo haces -o no haces- pero toma por ti mismo la buena decisión. ¡Elige la oferta de Dios!
Juan
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