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MDP Archivo 2007 Junio 07

Mensaje de Paz
Edición de Junio de 2007
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Índice
¿Sentimientos o fe?
Todos somos pecadores
¿Por qué mis oraciones no son contestadas?
Serie Biblia XXXI: Amós
Ellos lo han vencido…
¿Borrar el pasado?
Todavía siento el balanceo


¿Sentimientos o fe?

Estoy pasando por unas pruebas y me doy cuenta que lo más íntimo de mi ser es afectado. Tengo el sueño ligero durante la noche; antes cuando me despertaba me sentía bien, pasaba unos minutos - o una hora - pensando en cosas agradables, y después me dormía otra vez.

Ahora es diferente. Cuando me despierto, me siento mal, con una confusión en la cabeza y sentimientos negativos. Como remedio he empezado - cuando soy capaz de hacerlo - a decir con los pensamientos al Señor Jesucristo:

- Señor Jesucristo, sé que no te enfadas, aunque un medio loco te implore; quiero decirte dos cosas: te reconozco como creador del cielo y de la tierra, y como mi salvador, y tú eres también el señor de mi vida. Te digo esto porque tú eres digno de ser reconocido por lo que eres, independientemente de cómo yo estoy. Este es el primer motivo de mi oración. El segundo es que soy uno de los que tienen necesidad de ti; soy un miserable, mas yo creo que tu riqueza es capaz de suplir más que todo lo que a mí me falta. Y si mi oración es demasiado pobre para ser considerada, para mí siempre es mejor pensar en ti que pensar en otra cosa.

A veces el Señor me responde con una paz profunda. Otras veces dándome el sueño, lo que ya me ha causado otro problema pensando que me falta la reverencia cuando me duermo durante la oración. - Bueno, Dios ha creado la noche para dormir. Y los demás cristianos, los que duermen bien, ni siquiera lo buscan a esta hora…

Juan

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Todos somos pecadores

"¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?" Proverbios 20:9

Este proverbio, al igual que abundantes pasajes de la Escritura, declara una verdad absoluta e irrefutable. En esta vida no hay nadie perfecto, libre de culpa, a excepción de Jesucristo (Juan 8:46; Hebreos 7:26). Toda aquella persona que se cree sin pecado se engaña a sí misma (1Juan 1:8,10). La Biblia señala enfáticamente que todos somos pecadores (Romanos 3:23). No hay distinción ni acepción. Nadie escapa a esta contundente declaración.

Cada ser humano nace con una naturaleza pecaminosa, resultado del pecado de Adán. El pecado no hace distinción de color de piel, clase social, estado de salud, grado de conocimiento, edad, tamaño, sexo, etc. Por naturaleza somos pecadores: "…así como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y la muerte así pasó a todos los hombres, pues que todos pecaron" (Romanos 5:12).

"Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga bien y nunca peque" (Eclesiastés 7:20).

Todos hemos sido concebidos y formados en maldad por el gen pecador, y el resultado ha sido una raza de pecadores: "He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre" (Salmo 51:5) "…por la desobediencia de un hombre (Adán) muchos (ahí estamos nosotros) fueron constituidos pecadores…" (Romanos 5:19)

Algunas situaciones claras revelan nuestra naturaleza pecaminosa: ¿Usted le enseñó a su hijo a que le desobedeciera? ¿Le instruyó para que pelease con niños de su misma edad? ¿Fueron a alguna escuela especial los hombres para que aprendiesen a mentir, robar, maldecir, insultar, chismear, etc.? ¿Jamás ha tenido un mal pensamiento? ¿Ha cumplido fiel su rol como esposo(a)? ¿Nunca le ha fallado a sus hijos? ¿Se ha olvidado de Dios? Lea (Salmo 9:17)

La violencia, el adulterio, el engaño, los asesinatos ¿dónde se originan? Naturalmente en el corazón perverso del ser humano: "Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?" (Jeremías 17:9)

El pecado separa de Dios "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:23). Todos los hombres quedaron separados de la vida, presencia y gloria de Dios, heredando la naturaleza caída de Adán: "Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque á Dios; todos se apartaron, a una fueron hechos inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno" (Romanos 3:10-12).

El hombre por causa del pecado vive en tinieblas espirituales, y no aprecia la maravillosa creación de Dios, menos el gran amor y misericordia que manifiesta a todo pecador. Equivocadamente lo culpa del mal que hoy existe, lo mantiene a distancia y lo niega con sus hechos. En esta condición el hombre se torna esclavo del pecado, sujeto y atado a su yugo. El pecado gobierna y domina al hombre conduciéndole a obrar el mal y así satisfacer a la carne, al mundo y a Satanás. "De cierto, de cierto os digo que todo aquel que hace pecado, es siervo del pecado" (Juan 8:34).

No sólo el hombre es esclavo del pecado sino que está muerto espiritual e individualmente "en sus delitos y pecados" y es culpable ante Dios. Frente a esta situación le espera una horrible condenación en el infierno. El único escape y camino de salvación se encuentra en Jesucristo, quién murió y pagó por tus pecados y los míos.

Ante la pregunta que hiciera el proverbista, "¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?" (Proverbios 20:9) Obviamente hallamos respuesta: ¡Nadie!

Joel Sandoval

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¿Por qué mis oraciones no son contestadas?

"Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites" (Santiago 4:3).

¿Qué quiere Dios y qué quiero yo? Deberíamos hacernos esta pregunta siempre. La lucha que tenemos muchas veces es la siguiente: "Yo voy a orar por algo que no sé si es lo que Dios quiere". Por ejemplo: "Señor, me gusta esa chica y quiero que ella me ame". Esa es una oración que muchos adolescentes hacen, pero ¿estás convencido de que lo que pides es lo que Dios quiere? Tú deseas algo, pero: ¿Dios desea lo mismo que tú? Si crees que lo que estás pidiendo no es el deseo de Dios, es una señal de que tu vida no está sintonizada con Él. Por ejemplo, una buena oración sería: ¡Señor, ayúdame a cambiar mis malas actitudes!, porque sabes que Dios lo quiere así.

Santiago nos dice que pedimos pero pedimos mal, para satisfacernos a nosotros mismos y no porque estemos convencidos de que lo que pedimos esté dentro del plan del Señor. Ahora bien, cuando eso ocurre pasan algunas de las siguientes situaciones:

No me siento bien, ni confiado, ni seguro delante de Dios. Eso no es sano ni bueno. Mi relación con Dios debe ser de completa confianza. No puedo tener áreas escondidas ni secretos. Todo debo exponerlo ante él.

Estaré con dudas. La duda y la fe no pueden convivir juntas. Para la oración necesitas fe, no dudas. Eso es pecado.

Tal vez pido para mi satisfacción personal. Eso es egoísmo. También es pecado.

Esa oración no será contestada (Isaías 59:1-2).

Esas cosas impiden tu buena comunicación con el Creador. Dios no responde cuando el pecado se mete entre tú y Él.

Examina: ¿Cómo estás orando? Lo que vas a pedir, ¿le agrada a Dios? ¿Hay pecado que obstaculice?

No te imaginas cuánto es lo que Dios desea contestarte, hasta mandó su Espíritu para que te ayude a pedir. Pero debes hacerlo bajo las condiciones que Dios te da. Te envío un saludo grande. ¡Estoy orando por ti!

Gustavo Palizza

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Serie Biblia: XXXI

Amós

Amós fue un pastor judío nacido en Tecoa, ciudad del reino de Judá, pero fue llamado a predicar en Israel, el Reino del Norte durante los años 776 al 763 a.C. (1:1, 7:15). Ejerció su ministerio durante el reinado de Jeroboam II, cuando Israel gozaba de notable prosperidad económica, pero cuya sociedad era corrupta, inmoral e injusta, donde el paganismo había socavado las raíces religiosas, y el pueblo trabajador vivía extorsionado por una oligarquía abusadora, sufriendo una extrema pobreza frente al desmesurado lujo de la clase dominante.

Su profecía comienza hostigando a las naciones vecinas, pero se centra rápidamente contra Judá e Israel, que por ser precisamente el pueblo escogido por Dios tienen la mayor responsabilidad de ser fieles a Su palabra. Es por ello que el castigo será más severo (2:6-6:14). Medio siglo después de su profecía Israel, el riquísimo Reino del Norte, fue completamente destruido (3:1-2).

Aunque es considerado el estandarte profético reivindicador de la justicia social, realmente su proclama central es la justicia universal por medio de la palabra de Dios, ya que al denunciar la maldad de la injusticia social, denuncia y condena sin tapujos la falta de sinceridad, la hipocresía y la idolatría de la vida religiosa de la época.

El juicio supremo de Dios se muestra en las visiones con que finaliza el libro, donde se evidencia la enseñanza del Padre Celestial hacia su desobediente hijo Israel por medio del justo castigo, Su misericordia y la promesa de la futura restauración del Pueblo Escogido.

El texto se puede dividir en cinco partes, a saber:

1 Juicios contra las naciones vecinas 1:1-2:3
2 Juicios contra Israel y Judá 2:4-16
3 Juicios contra toda la familia de Jacob 3:1-6:14
4 Visiones de castigo 7:1-9:10
5 Gloria futura del reino davídico 9:11-15

Fernando Torres

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La posición del creyente:

"Ellos lo han vencido…

…por medio de la sangre del Cordero." En el versículo anterior, Satanás es llamado "el acusador de los hermanos" (Ap 12:10). Día y noche inculpa a los creyentes delante de Dios y siembra sospechas contra ellos como lo hizo en otro tiempo con Job. A nosotros los creyentes hace falta que estemos en una posición interior sin culpa delante de Dios, para que el enemigo no tenga razón.

Pero, sobre la base de nuestras acciones no es posible estar sin culpa. No somos "inocentes" o "justificados" por lo que hemos hecho u omitido. Únicamente somos limpios delante de Él por medio del sacrificio de redención cumplido por Jesucristo en la cruz. Este sacrificio tiene valor perpetuo. Fue cumplido por todos los hombres, por tanto, a todos está permitido creer que: "Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados" (2Co 5:19). - Pero queda pendiente la tremenda cuestión de la fe: "¿Quién ha creído a nuestro anuncio y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?" (Is 53:1). ¿Quién ha experimentado de ser salvo por Cristo, ahora y por la eternidad?

Los otros, los que no creen, siguen errando, siendo pecadores hasta terminar en la perdición. (Nótese que la Biblia nunca tilda de "pecador" al creyente.)

Por la sangre de Cristo fuimos librados de nuestra vana manera de vivir y tenemos el perdón de todos los pecados. Por esa misma sangre estamos protegidos del odio y de la astucia satánicos; él ya no tiene ningún derecho en nosotros. "Purificados los corazones de mala conciencia…" (Heb 10:22) tenemos el poder, día tras día, de "lavar y blanquear en la sangre del Cordero nuestra ropa" (Ap 7:14). Aquí "ropa" se refiere a nuestra conducta. Quien permanece en Cristo, también es guardado por Dios y el maligno no puede tocarlo (1Jn 5:18). Esta es la victoria que el Señor concede a los suyos.

Ernst Käser

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¿Borrar el pasado?

En la historia del profeta Jonás los habitantes de la ciudad de Nínive se arrepintieron y Dios los perdonó y les salvó la vida. Ahora nos preguntamos ¿qué es el arrepentimiento? Una breve anécdota lo explica:

Un hombre joven yace en una cama de hospital. El pastor de la iglesia lo visita. Al enterarse de la gravedad y la expresión de desesperación en la cara del joven, el pastor le pregunta: "¿Qué puedo hacer por ti?"

- "¡Hacer… nada!, ¿es usted acaso capaz de deshacer? ¿Puede usted deshacer lo que yo hice? ¿Es posible cambiar el pasado?

En tal caso el profeta Jonás hubiera dicho -antes de ser reprendido por Dios-: "Si tú hiciste lo malo, entonces es justo que ahora tengas remordimiento y que mueras sin paz; ¿o piensas que nosotros los buenos practicamos en vano la justicia?

Pero el pastor que estaba a su lado sabía que Dios es misericordioso y le leyó de la Biblia en el libro de Isaías: "Yo -Dios- deshice como a una nube tus rebeliones y como a una niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí".

(.)

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Todavía siento el balanceo

Hace unos años regresamos con los jóvenes de la iglesia de un campamento muy especial. Habíamos hecho un viaje de cinco días en un barco de vela en el Mar del Norte en los Países Bajos. Un capitán y un marinero dirigían este barco de 23 metros de longitud con dos mástiles y cuatro velas grandes. Nosotros formábamos el resto de la tripulación. Teníamos que ayudar a izar y recoger las velas y hacer todo el trabajo en cubierta.

Al llegar a Alemania y antes de separarnos, nos pusimos de pie en círculo y oramos juntos. Al decir "Amén" el líder del grupo nos preguntó:

- ¿Os habéis dado cuenta? ¡Todavía nos balanceamos!

Era verdad - todos sentíamos todavía la marejada, aunque estuviéramos en tierra firme.

Hay un líquido en la oreja que es parte del sentido de equilibrio. Este líquido después de varios días en el mar necesita cierto tiempo para tranquilizarse nuevamente. Por eso sentíamos el movimiento de las olas, aunque no fuese realidad.

El líder del grupo nos dio una aplicación espiritual:

A veces los cristianos tenemos dudas sobre la calidad de nuestra fe. Pensamos:

- No siento al Señor como quisiera sentirlo en mi corazón.

Y sacamos la conclusión de que nuestro amor hacia Dios no puede ser verdadero. Sin embargo, al esforzarnos en mejorar sólo conseguimos entristecernos más y sentimos peor.

Como hemos visto, nuestros sentimientos no son de fiar. Puede que nos engañen. Por eso la Biblia nos dice:

- Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. (1Pedro 5:8)

Es el diablo quien quiere hacernos creer que la fe sencilla en el perdón del pecado por el sacrificio de Jesucristo en la cruz no es suficiente. Quiere que busquemos la confirmación de nuestra salvación en nosotros mismos y no en la Palabra de Dios. Sigue la Escritura:

- Resistidlo firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. (1Pedro 5:9)

¡Fíjate! No dice "firmes en las emociones". A veces estamos tentados y atormentados por nuestras sensaciones. Es entonces cuando Dios quiere examinar nuestra fe y ver si se apoya en la Palabra de Dios o sólo en nuestras experiencias, emociones o nuestra propia capacidad.

Dijo Jesús a su discípulo Tomás que no quería creer en la resurrección del Señor sin haberle visto:

- Bienaventurados los que no vieron y creyeron. (Juan 20:29)

Podríamos decir también:

- Bienaventurados los que no sintieron y creyeron.

Esto no quiere decir que debemos negar totalmente las emociones, ya que Dios las ha creado. Pero no debemos tomar las sensaciones como base, norma o barómetro de nuestra vida cristiana - ¡eso solo lo debemos hacer con la Palabra de Dios!

Hartmut

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