MDP Archivo 2007 Agosto 07
Índice
¿Casarse?
Claves de la felicidad para el Esposo
Claves de la felicidad para la Esposa
Pautas para los Sres. suegros
Fracaso en el matrimonio y divorcio
Cuestionario
¿Con quién me casaré?
¿Casarse?
La plenitud de la vida no consiste en tener pareja, ni tampoco en vivir solo. La plenitud está en realizar el plan que Dios tiene en general y en particular (Miqueas 6:8).
El plan general
Dios prevé dos condiciones para el hombre y la mujer (1Corintios, capítulo7):
Los solteros, que vivan sin relaciones sexuales. Según el orden de la creación es natural que el hombre y la mujer tengan el deseo de casarse. El celibato, si es por propia voluntad, también puede ser ventajoso: da flexibilidad como en otro tiempo la tuvo el apóstol Pablo, que pudo viajar y servir a las Iglesias sin otro compromiso. El celibato forzado -cuando es obligatorio para ciertas funciones o castas- no corresponde al orden de la creación de Dios. Las viudas y los viudos están libres para quedarse solos o casarse otra vez. Pero cuidado: la experiencia de la vida no hace infalible. En cuanto a los divorciados, el Señor prohíbe casarse otra vez al adúltero e infiel.
Los casados viven en la relación matrimonial de un hombre y una mujer, unión legalizada y publicada ante la sociedad. Esta unión debe armonizar y completarse en los tres niveles: la voluntad, los sentimientos y el cuerpo. El marido y la mujer cumplen con sus deberes conyugales con amor y sumisión. El matrimonio es instituido y santificado por Dios, es decir, considerado sagrado y dura "hasta que la muerte los separe" (Ro 7:2).
La infidelidad matrimonial es definida como el pecado de "adulterio", y las prácticas sexuales fuera del matrimonio como "fornicación". Las "parejas de hecho" también caen bajo esta categoría. Estos pecados, como todos los demás, son castigados por Dios, temporal y eternamente (Hb 13:4).
Pero la finalidad de la Ley de Dios no es castigar al pecador, sino conducirlo al arrepentimiento y a una nueva vida. Hay perdón para quien busca al Señor Jesucristo y adapta sus actos a Su voluntad.
El plan particular
¿Cuál es la voluntad de Dios para mí personalmente? Seguramente que yo acepte el estado actual como de la mano de Dios, sin envidiar a otros o tener conmiseración conmigo mismo. Para los matrimonios entre creyente y no creyente la Biblia da instrucciones en los versículos 12-16 (de 1Co 7). Además, antes de tratar de cambiar mi estado, tengo que estar seguro de que tal proyecto es sabio y cumple la voluntad de Dios. - Léase al respecto el artículo en la última página de esta edición.
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Claves de la felicidad para el Esposo
Señor Esposo, suponemos que usted sea ejemplar y no califique a su esposa como de segunda categoría. ¿O es usted uno de esos que la consideran "sin alma", y por ello pueden venderla, cambiarla y maltratarla? Recuerde que la Escritura dice: "Dios hizo al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza" (Génesis 1:27). En todo caso -esposo tirano o comprensivo- los puntos siguientes le podrán ser de mucha ayuda y mejoría:
1. No sea sistemáticamente autoritario; vaya suprimiendo su varonil orgullo y crea con sinceridad en la igualdad de sexos. Sepa ceder, incluso cuando crea tener razón.
2. Aprecie y respete a su esposa, sus ideas y necesidades y no la considere como fascinadora muñeca o una flor que pasa. Jamás la maltrate.
3. Sea escrupulosamente fiel a su mujer, pues tiene los mismos derechos que usted, y Dios le pedirá a usted cuenta de ello (Heb 13:4).
4. Esfuércese honestamente para comprender y entender los sentimientos de su esposa. ¡La comprensión nunca rebate! Jamás critique la apariencia o los actos de su esposa, sino ámela como Cristo ama a la Iglesia, es decir, ofreciéndose para neutralizar los fallos de ella (Ef 5:25-32).
5. No deje sola a su esposa en la tarea de la educación de los hijos. Los niños tienen que comprender que los padres están de acuerdo también en las intenciones para ellos (Dt 6:20 y siguientes).
6. Cuando tenga que faltar de casa, que sea por motivos nobles y de acuerdo con la verdad. Nunca vaya a un sitio donde su mujer no pueda ir y no conceda demasiado tiempo a sus amigos, a los juegos, al periódico o a Internet, en detrimento de su familia. - Reconozca que el matrimonio y la familia requieren mucho cuidado, tiempo y disponibilidad (Dt 24:5).
7. Sea afectuoso y cordial con su esposa. Dígale cada día lo que aprecia en ella y que la ama. Aprenda a hacerle regalos.
8. En sus actitudes o en el hablar no sea grosero o superficial. Todo lo contrario: tome usted la iniciativa en mantener la costumbre de leer la Biblia y orar juntos cada día.
9. Sea lo más perfecto y cordial con los suegros. (1Ti 3: 4-5, 12)
10. Sea paciente con su esposa en tiempos de prueba o enfermedad. La mujer es más delicada y sensible; es la "ayuda idónea", pero no es una "esclava" (1P 3:7).
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Claves de la felicidad para la Esposa
Señora Esposa: pensamos que usted ama a su esposo, y por tanto, usted aprecia su manera de ser y hacer (Col 3:18). ¿O siempre lo critica, lo acusa y se queja de él? No se olvide que el castigo de muchas mujeres es cuando el esposo se vuelve tal como ellas lo forman - áspero, descontento, negligente - y los hijos en gran manera serán tal como la madre. Seguramente incluso la esposa más perfecta podrá mejorar en algo, practicando los siguientes puntos:
1. Dé usted pruebas en cada momento de su amor hacia su familia. No espere la felicidad en el futuro, sino ofrezca y disfrute el bien en el día de hoy (Pr 31:10-31).
2. No olvide que su marido está confiado en cederle las riendas del gobierno familiar, por tanto, sométase a él, como manda el Señor y dice también el refrán: "el marido reina, pero no gobierna".
3. No piense que su marido pueda adivinar lo que usted desea, o que él no quiera conocer sus necesidades, por lo tanto, explíqueselas abiertamente, con amor.
4. Sea usted una buena amiga de su marido, sincera en las conversaciones, participando de sus alegrías y penas.
5. Tenga presente que el matrimonio es una conquista perpetua; preséntese bien arreglada y graciosa, con una sencillez natural.
6. Ofrezca a su marido un "nido" -un hogar- limpio y agradable, y no se olvide que "su estómago está muy cerca de su corazón".
7. No moleste excesivamente insistiendo con minucias o tratando de corregir sus defectos. Dígaselo con gracia y discreción en el momento oportuno. Tenga presente que los hombres procesan de otra manera "los puntos críticos".
8. No desprecie los consejos y las intervenciones de su marido en la educación de los hijos. Nunca lo critique o tome partido contra él ante ellos.
9. Sea usted consciente de que usted es el "ángel del hogar". Cuestiónese "¿cómo haría esto el Señor Jesús?" Por la confianza en Él, usted podrá llenar el hogar de dulzura, esperanza y optimismo.
10. Descubra el misterio de la comunión con el Señor e incluya en la intercesión también a su esposo y los hijos (1P 3:1-6).
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Pautas para los Sres. suegros
1. Vivan separados de los jóvenes en cuanto sea posible.
2. No intervengan nunca en sus discusiones.
3. No intenten nunca imponer el punto de vista de ustedes.
4. No invoquen como sistema su infalible experiencia.
5. Tengan la suficiente modestia para recordar sus errores.
6. Den prueba de gran confianza en su yerno o nuera.
7. Quiéranlos como si fueran sus propios hijos.
8. Den, sin esperar nunca recompensa.
9. No intervengan nunca en la educación de los nietos, sin que se lo pidan.
10. ¿Por qué olvidarlo? ¿Qué hubieran querido ver en sus propios suegros y qué criticaron ustedes en ellos?
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Aconsejamos para divulgar masivamente el librito "el matrimonio" de B.L. Alonso Díez (32 páginas). Pedidos: folletos@mensajedepaz.org.
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Fracaso en el matrimonio y divorcio
¿Qué puede hacer una persona que ha fracasado en su matrimonio para rehacer su vida? ¿Puede divorciarse?
Recuerde que los fracasos a los ojos de los hombres, son solamente oportunidades a los ojos de Dios. Donde terminan las posibilidades del hombre, allí comienzan las posibilidades de Dios. Digo esto para que nadie piense que ya no hay solución a su problema matrimonial.
No se debe perder la esperanza. Ese aparente fracaso en el matrimonio puede llegar a ser el punto de partida para que, cual ave fénix, el matrimonio se levante de las cenizas. Es necesario dejar entrar a Dios en la solución del problema. Cuando Dios interviene en un matrimonio y ambas partes deciden someterse a lo que Dios dice, el matrimonio se puede levantar y la relación entre los dos puede llegar a ser hermosa. Esta es la voluntad de Dios para los matrimonios.
La Biblia jamás aconseja a las parejas con problemas matrimoniales que se divorcien. La Biblia enseña la permanencia del matrimonio. Aun cuando uno o los dos cónyuges han caído en adulterio, es posible una restauración cuando las dos partes están de acuerdo en propiciar esa restauración. Dios tiene todo el poder para curar las heridas que deja la infidelidad en el matrimonio y de esa manera evitar que el matrimonio se destruya.
Pero para que esto funcione en la práctica se debe partir de un deseo voluntario en los dos cónyuges de no permitir que el matrimonio se destruya. Si esto no existe, no se pueden dar pasos hacia la restauración del matrimonio. De modo que esto de que una persona ha fracasado en su matrimonio, es muy relativo, porque a partir de ese fracaso puede surgir el impulso para arreglar ese matrimonio.
Sólo hay que dar a Dios una oportunidad. Dios no va a hacer su obra de preservar un matrimonio en contra de la voluntad de alguien. Todo esto para ayudar a reflexionar a las parejas en conflicto, en cuanto a que la felicidad de cada uno no está en divorciarse y volverse a casar con otra persona. El problema está en la persona, si la persona se divorcia y se vuelve a casar, el problema persistirá. La única diferencia será que el conflicto será entonces con una persona diferente.
El divorcio jamás ha sido una solución a los problemas conyugales en la pareja. El divorcio mata algo que Dios ha creado. Cuando dos personas se unen en matrimonio, Dios hace de los dos una sola carne. El divorcio mata lo que Dios ha creado. El divorcio se parece mucho al aborto, en el sentido que ambas acciones matan la obra creativa de Dios. En la concepción, Dios hace de dos, uno; el aborto mata esa obra que Dios ha hecho. En el matrimonio, Dios hace uno de dos; el divorcio mata esa obra que Dios ha hecho. Las parejas que se divorcian y las parejas que practican un aborto cometen el mismo crimen contra algo que ha sido el resultado de la obra de Dios.
Todo esto para que Ud. tome conciencia en cuanto a que el divorcio no es la voluntad de Dios. Pero a pesar de lo dicho, es triste reconocer que existe el divorcio. No se puede cerrar los ojos a esta lacerante realidad. El divorcio es como el pecado. Aún cuando no es la voluntad de Dios, existe en el mundo. La Biblia dice que es por la dureza del corazón del hombre. A pesar de que el hombre sabe que el divorcio es contrario a la voluntad de Dios, lo realiza, y en eso manifiesta la dureza de su corazón.
En la época que Cristo estuvo en este mundo en la persona de Jesús, el divorcio era la práctica común de las parejas. Jesús afrontó fuertemente esta práctica y advirtió que el divorcio por cualquier motivo estaba dando lugar a una avalancha incontenible de adulterio. Lo mismo pasa con el divorcio en la actualidad. Sin embargo, cuando ha habido fornicación de por medio y una total negativa a reconocer y apartarse de este pecado en uno de los cónyuges, es decir, cuando habiendo fornicación se han agotado todas las posibilidades de restauración, entonces el divorcio, no es que es aconsejado u ordenado por la Biblia, sino que simplemente es permitido con todo el dolor y la angustia que esto conlleva porque se estará haciendo algo que no es el ideal de Dios.
Los conflictos de pareja no se arreglan con divorcio. Se arreglan con sumisión a los principios bíblicos para el matrimonio.
© 2004 La Biblia Dice... www.labibliadice.org
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Cuestionario
Juntando las letras de cada respuesta acertada (una por pregunta) se compone la palabra que da la solución.
1. El verdadero sentido de la vida se realiza:
A) Cuando se vive una relación de pareja muy gratificante
F) Cuando se practica la voluntad de Dios, sea de soltero o casado
P) Cuando se puede vivir sin compromiso de pareja
2. Un motivo sólido para querer casarse es:…
E) Porque Dios creó el matrimonio
B) Porque se tiene dificultad en dominar los impulsos sexuales
R) Porque un hijo está de por medio
3. Practicar la sexualidad sin estar casado significa:
U) Que hay que proceder con cuidado para no decepcionar a nadie
L) El pecado de fornicación
I) Un comportamiento normal, ya que muchos lo hacen
4. Practicar la sexualidad en el matrimonio es considerado por Dios (la Biblia):
O) Como algo impuro, carnal y pecaminoso
S) Lícito sólo con la finalidad inmediata de engendrar hijos
I) Con plena aprobación si los esposos conviven con consideración y amor recíprocos
5. Cuando aparecen problemas en el matrimonio, la Biblia aconseja:
Z) La permanencia del matrimonio y su restauración
R) El divorcio
O) Según el caso, la separación o el divorcio
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¿Con quién me casaré?
"Hay dos decisiones trascendentales en la vida: recibir a Jesucristo como Salvador, y decidir con quién vamos a casarnos.
"Recibir a Cristo es el paso más importante de la vida. Si una persona no tiene a Cristo en el corazón, no está reconciliada con Dios. Si no está reconciliada con Dios, vive en un vacío espiritual, vive en pecado. Viviendo en pecado, vive perdida, lejos de Dios. Para tal persona, entonces, los consejos que le puedo dar en cuanto al matrimonio sólo serán de valor relativo." (Luís Palau, ¿Con quién me casaré? 122 páginas, Editorial UNILIT)
Nadie piensa: Voy a casarme con la joven o el joven que haga de mí la persona más infeliz del mundo. Por supuesto que no. Pero muchos han llegado a serlo porque han tomado las decisiones erróneas.
Como ayuda para que tú puedas tomar buenas decisiones hemos formulado un breve examen:
Mi posición personal frente al matrimonio
• ¿Soy yo creyente en el sentido del Evangelio? Si no, debo antes entregar a Cristo mi vida y someterme a Él, porque el matrimonio fue creado por Dios para practicar en él Su voluntad. (Ef 5: 21-26)
• ¿Pienso yo en casarme y vivir unido al cónyuge en amor, paciencia y perdón constantes -según el designio de Dios- hasta que la muerte nos separe?
• ¿Estoy dispuesto a vivir un noviazgo puro? Esto significa renunciar a la convivencia y toda práctica sexual antes del matrimonio, lo que incluye también la ayuda mutua para evitar todo comportamiento que llevaría a la tentación.
• ¿Quiero de veras que mi novio o novia sea la persona que Dios ha elegido para mí? ¿Estoy pidiendo a Dios Su dirección y sabiduría?
• ¿Estoy consciente de que cuando me case, ya no seré independiente como antes? El cultivo del amor y de la unión matrimonial requiere tiempo, flexibilidad y a veces la renuncia a programas e ideas propios.
• Pensando en la vida matrimonial, ¿estoy consciente de que mi rol no es "buscar mi satisfacción", sino emplearme en la satisfacción de la otra persona? (1Co 7:4)
Preguntas que hay que hacerse ante la posibilidad concreta
• ¿La persona que creo amar o que me revela su amor es creyente en el sentido integral? ¿Su vida cristiana es auténtica? En ningún caso es la voluntad de Dios que un creyente se case con una persona que no lo es (2Co 6: 14-16).
• ¿Es una persona a la cual yo puedo dar algo?
• ¿Nuestros niveles -personal, cultural y social- son compatibles? ¿Qué es lo que yo percibiría y lo que sentiría dicha persona al presentar nuestra relación a los amigos y parientes: orgullo o vergüenza? ¿Habrá peligro de rivalidad o menosprecio dentro de la pareja?
• ¿Podremos servir juntos al Señor? ¿Tenemos las mismas metas, y nuestras ambiciones son compatibles?
• ¿Tiene un carácter bueno y comprensivo? Observa cómo se comporta con sus padres, sus hermanos, los superiores, los dependientes y cómo atiende a los ancianos. ¿Quisiera yo ser tratado o tratada así?
• ¿Podría yo confiar plenamente en esta persona, sin reparos ni celos?
• ¿Me tranquiliza el pensamiento de que dicha persona sea la madre o el padre de mis hijos?
• ¿Lo que yo siento -o lo que en mí se desarrolla- es verdadero amor o es sólo una atracción pasajera o el impulso sexual? El verdadero amor no se caracteriza por su pasión, sino por su duración. Imagínate que dicha persona tuviera una enfermedad física o psíquica, si estuviese en una silla de ruedas o sufriese alguna alteración del sistema nervoso, ¿quisiera yo ser su cónyuge paciente y amable?
• ¿Existen también las bases económicas para formar un matrimonio y una familia sin ayuda del exterior?
Mi amigo, amiga: medita estos puntos ante el Señor. Si te aparecen respuestas negativas o serias dudas, no escuches tus eventuales sentimientos, sino toma una decisión clara y sabia. Mejor es sufrir el martirio momentáneo de un "¡no!" decidido que un calvario que no tendrá fin.
Si meditando estos puntos ves tu camino abierto y además llegas al convencimiento de que el matrimonio es el don precioso que Dios guarda para ti, entonces adelanta en el camino con las bendiciones del Señor. No te olvides de ser sincero y claro también con los padres de ambos. Pero no actúes como aquel joven que sorprendió a su chica de ensueño diciéndole: "¡Yo sé que es la voluntad de Dios que tú te cases conmigo, aunque no quieras!" Aprende, desde el principio, a respetar y entender a la persona que tanto amas o que tanto te ama.
Juan
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