Portada
Actualidad
Niños
Archivo
2003
2004
2005
2006
2007
Ener/febr 07
Marzo 07
Abril 07
Mayo 07
Junio 07
Julio 07
Agosto 07
Sept 07
Octubre 07
Noviembre 07
Diciembre 07
2008
Quiénes somos
Contacto
Divulgación
Ofrendas
Pasatiempos
Enlaces
MDP Archivo 2007 Octubre 07

Mensaje de Paz
Edición de Octubre de 2007
Descargar la versión gráfica PDF
Ir a la sopa de letras "firmeza"

Índice
¡Adelante, con perseverancia!
La mujer y el manto de Jesús
Los creyentes que pagan por su salvación
Llamados a perseverar
¿Dónde estás construyendo?


¡Adelante, con perseverancia!

Alguna vez usted habrá observado una hormiga recolectora, con cuánta tenacidad trabaja hasta alcanzar su meta.

¿Por qué desistimos nosotros tan fácilmente cuando se trata de salvar nuestra alma? Siga usted el ejemplo de la mujer que no se dejó impedir por el gentío, sino que se acercó por detrás y tocó el manto de Jesús… Sólo Él pudo salvarla.

Otros excavan pozos donde no hay agua. De esos habló el profeta cuando dijo: "¿Por qué gastáis trabajo en lo que no sacia?" (Is 55:2). Son los que siguen su religión y practican ritos, pero sin hallar verdaderamente la paz con Dios. Hugo Alberto Díaz escribe sobre este asunto en la página dos.

En el camino de la fe no cuentan los años, sino la perseverancia: página tres.

Por último encontramos en la cuarta página el artículo que deberíamos leer primero. En la juventud echamos los cimientos de la vida. ¿Edificamos sobre "la sabiduría humana" que cambia según la moda, o sobre "la ciencia" duradera?

Que los mensajes de esta edición inciten a nuestros lectores a ser constantes y no desmayar en lo que llevará a buen fruto.

(.)

Al Índice

¿Ya has tocado al Señor Jesús?

La mujer y el manto de Jesús

Jesús acababa de liberar al endemoniado de Gadara, y vuelto a la otra orilla caminaba junto a la gente que lo acompañaba apretujándose a su derredor. En esos momentos se le acerca un hombre, uno de los principales de la sinagoga llamado Jairo, y le pide al Maestro que vaya a su casa, a ver a su hija que estaba muy enferma, muriendo, a lo cual Jesús accedió.

Estando de camino a la casa de Jairo, y ya en medio de la apretada multitud que lo acompañaba, una mujer, que padecía desde hacía doce años una grave enfermedad, se esforzó por alcanzarlo, pues estaba convencida de que con sólo tocar Su manto, sería salva de su sufrimiento. Esta fe, esta profunda fe, la llevó a batallar entre la muchedumbre por lograr su propósito. Una vez logrado, al instante sintió una completa curación. En ese preciso momento Jesús se detuvo, y dándose vuelta preguntó: "¿Quién me ha tocado?". Sus discípulos lo rodeaban, y con innegable tono de sorpresa a causa del tumulto, le responden preguntándole a Jesús "más bien quién NO le había tocado", ya que la gente era tanta que lo apretaban, tornando dificultoso hasta el mismo desplazamiento. Sin embargo Jesús hace una implícita y evidente diferencia entre las muchas veces que la gente lo había simplemente "tocado" por el escaso espacio a causa de la muchedumbre, con el específico toque de la mujer enferma... "De mi ha salido poder…" -declara Jesús- un poder divino que no había salido hacia ninguna de las otras tantas personas que anteriormente lo habían tocado-empujado-apretado. ¿Qué hizo la diferencia para que un simple toque recibiera el poder del Señor? ¿Qué hizo la diferencia para que esa mujer fuera especial entre todos los demás que seguían a Jesús? La respuesta es: una Fe genuina en la autoridad y el poder del Hijo de Dios, impulsada por un corazón dispuesto y sediento de Él.

Este relato, registrado en la Escritura en Marcos 5:21-34, nos invita a reflexionar acerca de nuestra propia y personal relación con Jesús, de nuestro propio caminar en la fe… Resulta tristemente frecuente comprobar que muchos creen que son "cristianos" simplemente por el hecho de hacer (obrar) determinada cosa. Tal vez incluso supongan serlo por el hecho de asistir a una iglesia. Esto, sin duda, es un error. El lugar en donde nos reunimos no nos hace cristianos, como tampoco podemos considerarnos sabios o eruditos por el mero hecho de concurrir a una universidad, o enfermos por visitar a un hospital.

Muchas de las personas de la multitud que seguían a Jesús lo hacían seguramente por simple curiosidad. Otros lo seguían por moda o costumbre. Sin embargo, una mujer de entre esa misma multitud marcó la diferencia, la cual el Espíritu de Dios con toda sabiduría dejó registrada en la Escritura para nuestra edificación espiritual. Esa mujer fue movida por su fe en el Hijo de Dios, fe sin la cual es imposible agradar a Dios. Esto hizo la diferencia.

Mira y reflexiona acerca de tu caminar dentro de la multitud "cristiana". ¿Sigues a Jesús meramente por curiosidad, o por costumbre, o por tradición, o por dogma, o por religión? Entonces no esperes más que pisotones. No esperes nada del Padre Celestial si tu temor de Dios es sólo un mandamiento de hombres que te ha sido impuesto (Isaías 29:13). ¿Estás basado y firme en Jesucristo, la esperanza de gloria (Colosenses 1:21-27)? ¿O sólo formas parte de un movimiento religioso que convoca a "estar cerca" del Cristo, de una multitud que religiosamente se agolpa en derredor de Su nombre, pero que, a pesar de esa aparente cercanía, no recibe nada de Su poder vivificante?

Tal como imagino que anheló la mujer que tocó Su manto, lo importante no es estar CON Cristo. Lo verdaderamente importante es estar EN Cristo. Esta circunstancia, y no otra, es la que hace la diferencia. Escrito está:

"Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí" (Gálatas 2:20). "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es" (2Corintios 5:17). "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13). "Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús" (Romanos 8:1). "Paz sea con todos vosotros los que estáis en Jesucristo. Amén" (1 Pedro 5:14).

¿Buscas a Jesús para abrazarle y ser uno con Él, con un corazón agradecido y dispuesto a reconocer tus pecad

os, reconociendo Su sacrificio redentor, Su autoridad y Su completa autoridad sobre tu vida? Entonces hay poder de Dios para ti.

Bendiciones en Cristo,

Daniel Sapia, En La Calle Recta

Al Índice

Los creyentes que pagan por su salvación

Hay creyentes en la Iglesia que si bien no pagan con dinero por la salvación de su alma, lo hacen con "especias" como en la antigüedad. Pero estas especias son muy originales: adoración exagerada, orientada al público y no a Dios. Servicio excesivo en la Iglesia, descuidando a sus familias y trabajos. Haciendo esfuerzos por hacer obras que destaquen su fe y tantos etcéteras más…

En el libro de Lucas 10:38-42 se cuenta la experiencia de dos hermanas que vivían en la aldea de Betania en los suburbios de Jerusalén. Un día fue a visitarlas Jesús, y Marta, la dueña de casa, se puso a preparar todo en la casa para recibir a semejante huésped, mientras Maria se sentó a los pies de Jesús a oír su Palabra. Marta se quejó ante Jesús por la actitud de su hermana y El le contestó: "Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y Maria ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada".

Muchas veces se ha usado este versículo para mostrar una contraposición entre el creyente práctico y el espiritual. Sin embargo, hay que saber balancear las cosas. Es bueno hacer cosas para el Señor, pero siempre debemos tener en cuenta cual es la mejor parte en esto de ser creyente. Y la mejor parte es sentarse a los pies de Jesús a oírlo.

Mire esta imagen, Marta está parada, iba y venía agitada por el Señor Jesús que estaba en su casa, pero Maria, en señal de sumisión y entrega estaba "a sus pies".

La mejor parte es a los pies de Jesús. No hace falta "pagar" la llegada de Jesús a nuestra vida, no si se hace para ganarse la salvación del alma. Estemos a los pies de Jesús y hagamos lo que el nos diga.

Seguramente después de estar a sus pies María también ayudó a hacer las cosas del hogar, llena del amor de Jesús.

Amigo creyente, la salvación te la da Jesús. Deja de estar atareado como Marta y elige primero estar en el mejor lugar, a los pies de Nuestro Señor Jesucristo, el dador de la vida.

¡Dios te bendiga!

Hugo Alberto Díaz

Al Índice

Llamados a perseverar

A lo largo de su ministerio, el Señor Jesucristo vio como multitudes le seguían. Pero también observó como „muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él" (Jn 6:66).

La experiencia ha mostrado que una de las virtudes más difíciles de mantener es la perseverancia, especialmente en el discipulado cristiano. Muchos creyentes son capaces de auténticas proezas en un momento dado; pero carecen de la energía suficiente para perseverar.

En el campo de la experiencia cristiana se destacan cuatro áreas en las que debe ejercitarse la perseverancia: el credo, la oración, la comunión eclesial y el servicio.

En la fe

Los tiempos actuales no son muy propicios a la fe. El creyente ha de hacer frente a corrientes de pensamiento profundamente antagónicas al credo cristiano. Desde los días del Renacimiento hasta hoy han ido ganando terreno el humanismo y el racionalismo.

Si a esto se añaden las dudas que, independientemente del entorno, suelen asaltar al creyente, o las inconsistencias que éste descubre en su propia vida y en la de otros cristianos, se comprenderá que necesita una elevada dosis de conocimiento y poder espiritual para perseverar en la fe.

También el problema de la injusticia y el sufrimiento le turba con frecuencia. Su teología no cuadra con la experiencia humana, y entonces piensa que en la providencia de Dios algo no funciona. Éste fue el problema de Juan el Bautista. No podía entender que, si Jesús era el Mesías prometido, instaurador del reino de Dios, permitiera injusticias como la de su encarcelamiento. Hasta tal punto la oscuridad en este punto turbaba su fe que envió a dos de sus discípulos con un mensaje angustioso, una pregunta que le corroía el alma: „¿Eres tú el que había de venir o esperaremos a otro?" (Mt 11:3). La respuesta del Señor fue una referencia a las maravillas de su obra, que nadie podía negar. La grandeza del Cristo de los evangelios es tal que las dudas quedan acalladas. Y lo sublime de sus enseñanzas robustece la fe. Así lo experimentaron los discípulos que permanecieron junto a él cuando muchos otros le abandonaron. A la pregunta de Jesús, „¿Queréis iros vosotros también?" dan los discípulos una respuesta conmovedora: „Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna" (Jn 6:67-68).

En la oración

Mientras el creyente se mantiene en comunión con Dios mediante el oír de su Palabra y la oración, está en condiciones de resistir los embates del adversario contra su fe. Por algo resaltó el Señor Jesucristo „la necesidad de orar siempre y no desmayar" (Lc 18:1).

El cristiano normalmente reconoce el valor de la plegaria, pero no pocas veces tropieza con dificultades para dedicarse a ella más asiduamente, con más fervor y confiando en su efectividad. Sucede esto especialmente en tiempos de sequía espiritual, cuando se ora fríamente, sin convicción, con la sensación de que la oración no va más allá del techo. Aun en esta situación, conviene no renunciar a medio tan importante para la comunicación con el Padre celestial. Si se mantiene la perseverancia en este terreno, la experiencia sombría de un orar sin confianza en un estado de debilidad espiritual cesará para dar lugar a otro de fervor renovado en que el „estar siempre gozosos" va emparejado con el „orar sin cesar" (1Ts 5:16-17).

En la comunión eclesial

En la primitiva iglesia de Jerusalén, sus primeros miembros se sentían fuertemente unidos por una misma fe, una común esperanza y un amor antes desconocido (Hch 2:42,46). Se sentían como una gran familia y anhelaban vivamente estar juntos, en el templo o por las casas. Y juntos eran instruidos en la enseñanza de los apóstoles; mantenían una comunión de sentimientos. Todos y cada uno se interesaban por el resto de sus hermanos y así, en la medida de lo posible, eran suplidas todas las necesidades (espirituales, emocionales y físicas) de la comunidad. En aquella comunión cristiana ocupaba un lugar muy especial la participación en el culto (partimiento del pan, oraciones y, muy probablemente, el cántico de salmos e himnos).

Millares de cristianos hoy podrían referir experiencias de bendición vividas en la comunión de los fieles y en el culto, todo ello fuente de gozo. A semejanza de los antiguos israelitas piadosos, se alegran con quienes les dicen: „A la casa del Señor iremos" (Sal 122:1).

Deplorablemente ese „ardiente suspirar por los atrios del Señor" (Sal 84:2) demasiadas veces se ha convertido en desinterés y frialdad. Tal vez porque han tenido problemas en la iglesia. Todo da la impresión de que han perdido „su primer amor". ¡Situación grave! (Ap 2:4-5).

Hoy, como en el primer siglo del cristianismo, es urgente atender a la admonición hecha por el autor de la carta a los Hebreos: „No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos, y tanto más cuanto que veis que aquel día (el día de la segunda venida de Cristo) se acerca" (He 10:25).

En el servicio

„Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano" (1Co 15:58). Estas palabras del apóstol Pablo son otro llamamiento a la perseverancia, esta vez referida al servicio cristiano.

La obra de Cristo en el mundo ha tenido continuidad mediante sus discípulos. Ellos son los instrumentos para la extensión del Evangelio, la edificación de la Iglesia y el avance de su Reino. Esta misión implica a todos los cristianos, como se desprende de la parábola mencionada (Mt 20:1-16).

Tenga la palabra final Cristo mismo: „Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida." (Ap 2:10).

José M. Martínez www.pensamientocristiano.com (abreviado)

Al Índice

Entre jóvenes:

¿Dónde estás construyendo?

¿Cómo estás edificando tu vida? ¿Cuál es la forma en la que debes construir para tener una vida íntegramente saludable? ¿Cómo afectan las pruebas a esta construcción y cómo lograr salir victoriosos? Éstas y otras preguntas más son las que como jóvenes debemos contestarnos para evaluar cómo estamos caminados en esta vida cristiana.

„Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente, que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre la roca. Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron sobre aquella casa, y ésta se derrumbó y grande fue su ruina" (Mateo 7:24-27)

En esta porción bíblica Jesús hace un parangón. Compara la vida, el diario vivir, con una construcción, y por consiguiente, los que vivimos, las personas, somos constructores. No todos los que construyen son iguales, no tienen las mismas formas de trabajo, ni usan los mismos métodos, entonces Jesús, que no perdía oportunidad para enseñar, aprovechó este espacio para mostrarle a la multitud la diferencia entre dos tipos de constructores: el Prudente y el Insensato.

Veamos la diferencia

La diferencia radica en la forma en que cada uno de estos trabajadores construyó su casa y cuál fue el resultado de cada obra después de enfrentar las pruebas.

Un hombre prudente

El hombre prudente es un hombre que ve más allá, un hombre que sabe que la firmeza de una casa se basa en un buen cimiento. Por eso toma precauciones y cava a través de la tierra suelta. Pone su mayor esfuerzo en esta acción, porque es consciente de que la fuerza de contracción se concentrará si empieza a construir desde tierra firme, la roca. Y de esta forma, todo aquello que trate de probar la resistencia de esta casa, fracasará.

Un hombre insensato

El hombre insensato es un hombre que es guiado por su propia opinión, no piensa ni toma precauciones. Construye su obra en lugares inseguros. Este hombre no busca la tierra firme (la roca), sino comienza a edificar sobre la superficie sin preocuparse por las pruebas que pueden llegar para examinar la calidad del trabajo.

Tenemos que darnos cuentas que las palabras de Jesús son los mejores materiales para nuestra construcción, y que Cristo es nuestra tierra firme, nuestra Roca. „Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato"

¿Cuál es la forma en la que debemos construir, para tener una vida íntegramente saludable? „Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente, que construyó su casa sobre la roca." El que escucha las palabras del Señor y no es perezoso para ponerlas por obra, es un hombre prudente que edifica sobre La Roca que es Cristo.

Las obras de estos dos constructores serán examinadas por las pruebas de la vida. Sin ninguna duda la enseñanza de Jesús nos deja claro que el trabajo del hombre imprudente caerá y será destruido por los vientos más suaves, pero todo lo construido por el hombre prudente permanecerá, aunque lo aneguen ríos, tempestades oscuras y golpeen contra ellos los vientos más furiosos. Nunca caerá, porque estará sobre la Roca que es Cristo.

Joven Cristiano, ¿con cuál de estos dos constructores te identificas? Si te ves reflejado con el hombre prudente, pues mantente firme. Y si tu caso es similar al siguiente edificador, es tiempo que decidas empezar a remover toda la tierra suelta que hay en tu vida, descubrir la roca y empezar a construir sobre ella para mantenerte firme durante el resto de tu vida.

Conrrado Rivero

Al Índice

Top