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Mensaje de Paz
Edición de Enero / febrero de 2008
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Índice
Ahora se necesita la paz
¿De dónde vienen las guerras?
La UNESCO y la educación del espíritu

Fuente de paz
Nahúm
Vivir la paz de Dios


Ahora se necesita la paz

Después de hablar trivialidades el visitante preguntó:

- ¿Le gustaría que leyéramos juntos un pasaje de la Biblia?

- No. Gracias - contestó el enfermo - no estoy tan grave como le parece; no necesito ahora los sacramentos.

- Usted se equivoca, la Biblia no es el libro de los moribundos. Ella nos enseña a entrar en comunión con Dios y vivir realmente en la paz con Dios y sin el temor a la muerte.

Hace muchos años el Señor Jesucristo también fue un visitante, y el paciente era la ciudad de Jerusalén. Así leemos en Lucas 19: "Cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró por ella, diciendo: ‘¡Si también tú conocieras, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Pero ahora está encubierto a tus ojos’".

El Señor ansía hacer del corazón de usted - estimado lector - la morada de Su paz. Si usted solamente reconociera que ahora mismo Él está llamando: ¡Entrégame tu vida para que yo te perdone y sea el Buen Pastor de tu alma!

(.)

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¿De dónde vienen las guerras?
La UNESCO y la educación del espíritu

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, humeando aún las ciudades arrasadas por los bombardeos, con el propósito de finalizar de una vez por todas las barbaries humanas, nace la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). El principio que tiene que poner fin a los despropósitos del hombre es la educación: "Las guerras nacen en el espíritu de los hombres, es en el espíritu de los hombres en donde se han de levantar las defensas de la paz".

Ineficaz

El propósito de la UNESCO de trabajar a favor de la paz mundial por medio de la educación es muy noble y merecedor de nuestro encomio. Pero es ineficaz por la sencilla razón de que la educación del intelecto sólo es una capa de barniz que se extiende sobre el corazón humano que es perverso por naturaleza. Con lo terminado de exponer no me estoy refiriendo a que la educación sea del todo inútil. ¡Quiera el Señor que alcance niveles dignos en tantos países en los que la escolarización adquiere cotas prácticamente inexistentes y, en países como el nuestro, que goza de un buen sistema educativo, mejore la calidad de la enseñanza que se imparte en las aulas! Sería de desear que este progreso pusiera fin al ausentismo escolar con todas las consecuencias negativas que acompañan al hecho de que jóvenes y adolescentes deambulen por las calles sin nada que hacer, dejándose llevar por sus instintos primarios.

¿De dónde vienen las guerras?

Regresemos al tema de la guerra que nos preocupa en estos momentos. Para encontrar solución a sus horrores y a los grandes sufrimientos que siempre acompañan a las acciones bélicas, sean cuales sean las extensiones territoriales, hemos de acercarnos a la fuente de donde nacen: el corazón humano. El lector debe entender que al emplear el término "corazón" lo hacemos en un sentido metafórico, refiriéndonos a lo que la UNESCO denomina "espíritu del hombre", es decir, aquella parte íntima del ser humano que no se puede analizar en un laboratorio y que hace que el hombre se distinga de las bestias.

Santiago se plantea la pregunta que nos hacemos todos y a la que no sabemos dar respuesta: "¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?". Haciendo una pregunta a sus lectores nos da la respuesta a nuestra interrogante. "¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?" (Santiago 4:1). El escritor sagrado nos dirige a nuestras pasiones. ¿Dónde se originan estas? Jesús nos da la respuesta: "De dentro, del corazón de los hombres salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen y contaminan al hombre" (Marcos 7:21-23). A pesar de que Jesús no utiliza la palabra "guerra", lo hace de una manera implícita, porque al nombrar esta serie de maldades que salen del corazón humano, pone al descubierto diversos aspectos que siempre van unidos a la incubación y nacimiento de las guerras. Originándose éstas en el corazón del Hombre, tratemos de encontrar la medicina que cure tendencias tan perversas.

Dos maneras de andar

El apóstol Pablo nos habla de dos maneras de andar: según el espíritu y según la carne. Camina en el espíritu aquella persona que habiéndose convertido a Cristo es guiada por el Espíritu Santo. Anda según la carne quien no se ha convertido a Cristo.

Las dos maneras de andar conducen a resultados diferentes. Las obras de quienes andan según la carne son: "enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones […]". El resultado de andar según el Espíritu es: "amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza". El resultado de ambas formas de caminar evidencia que en tanto andemos según nuestra naturaleza carnal no convertida a Cristo, no se podrán evitar las guerras, su multiplicación y la devastación y el horror que siembran a su paso. Es evidente que la conversión a Cristo con las obras que acompañan el ser dirigido por el Espíritu Santo, es imprescindible para eliminar de cuajo las guerras y el dolor que producen.

Octavi Pereña i Cortina, El Heraldo del Pueblo, N° 218

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Fuente de paz

"Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" (Flp 4:7).

Quien a través de todas las cambiantes experiencias de la vida cristiana quiere retener y fortalecer la paz en su corazón, tiene que adentrarse sobre todo en el evangelio de paz. Él es la auténtica fuente de la paz de Dios. La razón, el sentimiento, la conciencia o Satanás nos quieren siempre hundir en muchas tentaciones, penas y preocupaciones. Pero contra todos estos perturbadores de la paz tenemos el evangelio. Las promesas de Dios son firmes: ¡No temas! ¡Estate confiado!

¿Eres pecador? ¡Pues Cristo es justo! Cuenta con eso, que tú ahora te encuentras en su reino, donde el pecado nunca te alcanzará. Tú no estás más en el reino de las obras, sino en el reino de la gracia que sobre las obras domina. ¡Tú estás eternamente reconciliado con Dios! Él juró que eternamente no te guardará rencor. Es la justa trompeta de paz del reino de Dios, que tiene que resonar continuamente en nuestros oídos y en nuestro corazón, si nosotros aquí hemos de tener paz.

Junto a la Palabra necesitamos, sin embargo, también al Señor mismo. Necesitamos pedirle a Él su fuerza en nuestro corazón. A través de la tiranía del diablo, de la maldad del mundo y de otras dificultades quiere la discordia, a menudo, penetrar en el corazón. Por eso tiene una persona cristiana cada mañana y también con frecuencia durante el día suspirar y pedir: la paz de Dios, superior a todo razonamiento, que preserve también hoy a mi pobre corazón, sobre todo, de discordias.

Cuan deseable sería que en todas las personas cristianas la paz de Dios rigiera más en el corazón y en la mente. Ciertamente es la voluntad de Dios misericordioso que nosotros no pasemos nuestros días entre tinieblas y penas, sino que debemos de tener paz en Él, ya que nosotros muy caramente fuimos comprados, y rica y felizmente estamos en Cristo. El apóstol dice categóricamente: "Estad en todo momento alegres; pues esa es la voluntad de Dios en Cristo Jesús hacia vosotros." Y Jesús dice: "Yo vine para que mis ovejas tengan vida y la tengan en abundancia."

¡Presta atención! Esta paz ha sido en verdad el objetivo principal de toda la acción reconciliadora como explícitamente se menciona: "El castigo recayó en Él (Cristo), a fin de que nosotros tengamos paz, y por medio de sus heridas fuimos nosotros sanados." Y: "El fruto de la justicia será la paz, y el beneficio de la justicia serán eterna tranquilidad y seguridad."

Cuanto más alegre y lleno de paz alguien está en Cristo, tanto más resulta así honrado Cristo, que es la razón de esta paz. Además no tiene una persona, con frecuencia, precisamente mucha alegría aquí en la Tierra, por eso es necesario que en este Mundo donde nada más que conflicto y tentación hay, sea provisto su corazón de una imperturbable paz. Jesús ha dicho la noche antes de su muerte: "Tales cosas las hablé con vosotros, a fin de que vosotros tengáis paz en mí. En el Mundo vosotros tenéis miedo; pero manteneos confiados, yo vencí al Mundo."

Ha sido, por consiguiente, la voluntad expresa del Salvador, que nosotros en Él debemos de tener paz, aunque nadie mejor que Él sabía, cuan incapaces e indignos somos. Por eso, si Él, sin embargo, precisamente sufre y muere por nosotros, nos consuela y nos habla amistosamente; entonces verdaderamente nuestro deber es recompensarlo a Él también por ello. Por lo tanto, ¡estemos completamente satisfechos como un niño pequeño en el regazo de su madre! Al fin y al cabo es justamente esta paz la que mantiene nuestro corazón en Cristo y también nos fortalece, como está escrito: "La alegría en el Señor será vuestra fortaleza."

Si yo tengo fe, tengo paz con Dios, entonces puedo yo hacer todo y sufrir todo. Si yo sé a ciencia cierta que tengo la amistad de Dios, entonces puede quien quiera estar enemistado conmigo. Si yo estoy gozoso por el tesoro celestial, entonces puedo yo soportar una pérdida terrenal. Si por el contrario el corazón está vacío de la paz de Dios, entonces yo estoy débil en todos los asuntos y expuesto a toda tentación. Es por eso una verdad que cada persona cristiana ha de reconocer a Cristo en lo profundo de su corazón, que sólo la paz de Dios guarda el corazón, y que la alegría en el Señor es nuestra fuerza.

C.O. Rosenius; adaptado
Traducido por Fernando Torres.

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Serie Biblia XXXV:

Nahúm

Este libro describe objetivamente la ira vengadora de Dios pues en eso consiste la profecía que Nahum, nacido en Elcos (1:1) anunció sobre la ciudad de Nínive, capital del imperio asirio que en el año 9 de Oseas venció al reino de Israel al conquistar Samaria (2R 17:6). Esta acción profética probablemente se realizó entre los años 663 y 612 a.C.

La predicción divina se muestra por medio de una prosa poética beligerante que primeramente exalta el proceder de Dios y su ilimitado poder la bondad, protección y fortaleza para todos los que en Él confían, y la segura aniquilación de Nínive, cabeza orgullosa del cruel imperio asirio cuya derrota definitiva acaeció en el año 612 a.C. cuando caldeos y medos unidos asaltaron y tomaron dicha ciudad.

Esta profecía mantiene en todo momento un tema único que es la destrucción de esa importante capital que era el centro de poder del yugo asirio sobre los pueblos del Medio Oriente en aquella época. Gran regocijo y Satisfacción sintieron todos esos pueblos al verse libres del brutal opresor, y muy específicamente Judá que pudo comprobar como Jehová, el Dios celoso y vengador (1:2) cumplió su promesa.

El estilo poético de la narración épica es excelente, vibrante e impactante, y la utilización de palabras concisas y enérgicas que en la lengua original hebrea imitan el estrépito de los carros de guerra, el rápido trote de los caballos y el fragor de la batalla nos hacen sentir la manifestación vencedora de la voluntad de Dios.

Este libro puede dividirse en tres partes, a saber:

1. La ira vengadora de Dios (1:1-14)
2. Anuncio de la caída de Nínive (1:15-2:12)
3. Destrucción total de Nínive (2:13-3.19)

Fernando Torres

Juventud:

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Vivir la paz de Dios

¿Ya te has preguntado por qué a veces te comportas de una manera rara? Me refiero a los momentos cuando haces o dices cosas que tú mismo no apruebas y que después te dan vergüenza. A veces te preguntarás: ¿Por qué he sido tan débil en mi fe o tan flojo en dar testimonio de mi relación con Jesucristo?

En la mayoría de los casos eso se debe a la falta de paz auténtica que controle tu corazón. Este texto tiene la finalidad de conducir a cada lector hacia la verdadera paz. No se trata de una paz humana, sino de la paz que viene de Dios.

Sin Jesucristo no hay paz

Jesucristo, el Hijo de Dios, vino al mundo para ser el "cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Jn 1:29). ¿Ya te has entregado a él? Él perdona todos tus pecados y da la verdadera paz a tu corazón.

La paz del mundo

La paz del mundo es cuando se mantiene a cierta distancia al adversario. Por ejemplo: no hay paz cuando el ejército enemigo está en las fronteras - o delante de las puertas, pero cuando se aleja se reestablece la paz. No hay paz cuando aprietan la pobreza o alguna enfermedad, pero cuando se alejan, hay paz. Cuando otros hablan mal de ti, no tienes paz, y al contrario, cuando hablan bien, sí. - Esto es la característica de la paz de este mundo.

La paz que Dios da

La paz de Dios es diferente: aunque las adversidades exteriores persistan, tú tienes la paz en el corazón, y esto, ya solamente por el hecho de que Dios es tu amigo.

Con razón la Escritura dice "la paz de Dios…" (Col 1:2). Lo que afirma el apóstol no es sólo que la paz viene de Dios, sino que la paz es parte de Dios. Y también parte de la amistad con él y de su poder. Fíjate bien que no está escrito "la paz del mundo", porque "en el mundo tendréis aflicción" (Jn 16:33). "El mundo os odia" (1Jn 3:13). La Escritura tampoco habla de una paz que viene de la carne, porque la carne y el Espíritu se oponen entre sí (Gl 5:17).

Oye, que tampoco dice: tendrás paz por medio de circunstancias agradables, paz por las buenas amistades, paz gracias a tus buenos exámenes o perfecta salud, etcétera. Todo esto daría una paz frágil. Nótese bien que la Escritura dice: "Paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo". Esto significa que nos ofrece, ahora, una paz divina y celestial. "La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da" (Jn 14:27).

¿Aumentar o disminuir la paz?

Nuestra paz depende de la presencia de la gracia de Dios en nuestro corazón. Ella define nuestro comportamiento como cristianos. Por eso, la realidad de la paz en nuestro corazón no sólo es un lindo deseo o un ideal teórico, sino una necesidad imprescindible. ¡Es sumamente importante cultivar esa paz en nuestro corazón!

¿Y cómo se cultiva? El único medio que puede aumentar la gracia y la paz es "que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo…" (Jn 17:3). Cuanto más conozcamos a Dios y a nuestro Señor Jesucristo, tanto más se multiplicará la conciencia de la gracia y la paz en nuestro corazón.

Mi amigo, mi amiga, si quieres "conocer" no es suficiente "cumplir" cada mañana con leer mecánicamente un capítulo de la Biblia, sino que leas con el propósito de aprender y con el deseo de comprender. No basta el conocimiento mental; hace falta nuestra disposición a someternos, como dice Él mismo: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí…" (Mt 11:28-30). Así tu alma descansa y tu corazón recobra la paz.

Juan

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